No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Lucio & Noemí

Lucio, leí tu carta una y otra vez como en cacería de algún código, una búsqueda del tesoro que delatara que todo lo allí escrito era parte de una broma encriptada en el todo mismo. No lo encontré así que doy por descontado que la intención es la explícita (aunque raramente lo es).

En primer lugar, aun si hubiera impostado los cumplidos, la pompa adjetival, la silueta de lo que sos para mí como escritor (y, con el poco criterio con el que puedo decirlo, como persona), tu derecho a decirme todas esas barbaridades después de aclarar el malentendido es por debajo de nulo, es rojo, es desubicado. Intentar llamar la atención desde lo negativo es un virus al que pensé que eras inmune. Te he leído. Vamos, Lucio. Si pensaste que mi voluntad era otra y te diste cuenta de que no, no era esta la forma de hacérmelo saber. Viviste 49 años sin el interés ulterior de una recién llegada, cómo no vas a poder levantarte del tropezón sin mandarme a la mierda.

Fuiste irrespetuoso y catártico, un dúo que hoy, por algún motivo posmoderno que no termino de entender, se venera. Pero principalmente fuiste absurdo. Este es un mero intercambio de organización de proyecto. Esa es su raíz. Las hojas o flores que crecieran después serían, por caso y justamente, abordadas después. Pero te escribí porque te admiro, como te dije, y porque sería para mí un orgullo inmenso trabajar con vos, como te dije. Porque sos un hombre entendido y entendible, como te dije.

Esta destructoterapia redactada que emprendiste es tu peor faceta. Te leía y tenía que hacer fuerza para recordar que no, que no tenía en frente una desgrabación del confesionario de alguno de los deforestados mentales de Gran Hermano. Me hablaste de ‘sacarme la careta’ como si fuéramos a sentarnos en un programa de la tarde a discutir qué de lo que dije te resulta cierto y qué no. Porque las certezas son, como todo, subjetivas. Porque no podemos afirmar nada más que la propia existencia. Y hasta ahí, raspando.

Quiero dejar esto en claro: no pretendo más que acercarnos en un plano profesional. Te admiro como a pocos. El día que muera mi abuela, ese adverbio indefinido, adjetivo indefinido, pronombre indefinido se reemplazará por ‘nadie’, comprendiendo que primero celebramos la capacidad y difícil tarea de sobrevivir de lo vivo, y después todo lo demás.

Que no estés acostumbrado a recibir cumplidos me parece hasta tierno. Fue una reacción primitiva, un disgusto de primera etapa, pulsional. Todas cualidades que tiene esto que se está gestando.

Espero no sólo sea inmemorable sino también anecdótico.
Supongo que la carta a la que esta carta responde tomará ese curso.

Quiero trabajar con vos. Quiero aprender, crecer, desdoblarme en otras, sacarme la careta, volvérmela a poner. Todo escribiendo, y solamente escribiendo y creando, a la par.

Espero no haberte ofendido.
De mi parte está todo bien.

Noemí

*****

Un rapto de verborragia no es mucho más que eso, inofensivo de alba a alba, mas ninguna mosquita muerta ha dejado su aguijón en reposo cuando la piel estaba tibia y con ganas obvias; y yo, un conscripto de mis deseos, de alboroto fácil y pulgas pocas, caí en las mismas que los tangos.

Le pido disculpas si la ofendí. O no.

La intención es explicita, las certezas son subjetivas y esos dos pechos manzanescos que a duras penas logra retener en un sujetador estratégicamente chico debajo de una camisa siempre blanca son manjares que me ofreció su actitud. No es mi estilo repetirme, me repugna lo banal; y sin embargo: qué calientapijas se perdió el frío de mis noches.

Su sonrisa constante y la forma en la que la tanga se le clava entre los glúteos entendieron mejor que usted de qué se trata todo esto. Nada es gratis en la vida, amor del amor. Un tropezón por un zapato flojo es mera consecuencia. Un escritor de mi talla no se agacha a atarse los cordones de los zapatos en textos olvidables de una nueva más de lo mismo.

Se trabaja con hombres y las mujeres que caminen por los pasillos con su taquitos ruidosos creyendo que su utilidad represente algo más que recreación visual, tiqui tiqui, tiqui tiqui. Las veo acuñar un talento que se les va a explorar en las manos, letra por letra. Somos mayoría. Vale más lo que pueden meter adentro de una pollerita que de un libro.

Ahora, yo podría darte un nombre, convirtiéndome en el progenitor de tu carrera. Me tomo la atribución de tutearte, que no es tocarte. Pero, en el arte, y en todo, casi siempre, excepto en la montaña, se escala usando la boca. Tiqui tiqui, tiqui tiqui.

Debajo de mi ala hay lugar para tu avidez, la mía es circunstancial a la coyuntura. Del amor se escribe pero se duerme con comodidad, y las de bombacha floja son las que menos patean.

Está en vos el curso de tu carrera, la mía ya está hecha. Oferta y demanda. Hacer las correcciones de estilo que solicitás y escribir el prólogo me toma un mes, a usted, abrir las piernas, mucho menos. No se altere, el libro que quiere publicar es bueno. En un futuro, será un hermoso posavasos en la mesita ratona de mi living. Vuelvo a tratarla con respeto, por si no lo había notado.

La famosa escritora Aimé Loana Ríos se llama Johana García y llegó hace diez años a mi oficina con una calza blanca con olor a pis. Cuando le pregunté quién era su escritora favorita, respondió: Frida Kahlo. Pobrecita. Hoy es rica y vive en Madrid.

Bueno, ya escribí bastante, y a mí me pagan para hacer esto. Sos una afortunada.
Lucio

*****

Lucio, voy a responder con altura porque fuera de mis cabales raramente me ha ido bien.

Vos sabés que adoro escribir y quiero que sea mi actividad prima y primera. Pero también sabés que los escritores no somos codiciosos ni vislumbramos un futuro con las calles llenas de nuestra cara, una tapa horrible emulando tres dimensiones que no puede tener y una pregunta sobre qué está dispuesto a hacer quien vaya a interesarse. La industria publicitaria argentina no parece encontrar otra alternativa para promocionar productos de consumo cultural que no sea a raíz de una pregunta. Siempre es qué harías si, te imaginás una vida en que, hasta dónde llegarías con. Bueno, yo llego hasta acá y de acá no pienso pasarme.

Si quisiera fortuna habría sido ingeniera en petróleo o neurocirujana. Si quisiera fama, tocaría las puertas de la televisión. Lo hermoso de escribir, los frutos de escribir son casi siempre eso mismo: haber escrito. Y no lo digo con la poética que a veces se le encuentra a no tener un peso pero hacer lo que se ama, no te confundas; para mí la plata va y viene pero mejor si viene.

Quiero decir que no tenemos esa fibra los escritores. Sí, me atrevo a meterme en esa bolsa. No nos interesa que la gente sepa de nosotros sino a través de las palabras. La palabra es lo único que tengo y con una mochila llena de palabras me voy a cualquier guerra. Y si no puedo hablar por todos los escritores, porque nadie debería hablar por otros y mucho menos si esos otros pueden desandar universos de esa forma tan especial que tienen, por lo menos los que yo admiro, y entre los que te cuento, si no puedo hablar por todos entonces hablo por mí:
No me interesa nada más que escribir.

Uso la ropa interior que quiero del talle que quiero. Entiendo que en la soledad que narrás eso pueda verse como subversivo o provocador. La buena noticia es que no pienso cambiar. La mala es que nada implica nada. No pienso usar mi boca para escalar hacia ninguna cima. Pienso usar el lápiz, primario pero punzante.

Si no te interesa el proyecto, retiramos las fichas del tablero, lo cerramos y lo guardamos en la biblioteca. Borges dijo que no hay que terminar los libros que no nos gustan y tuvo la precaución de morir antes de leernos así, acá.

Supo ser un gusto.
Te deseo lo mejor, que en este preciso momento no es honesto pero que lo será cuando envíe el correo y dé por finalizado el juego.

Noemí

*****

Tiqui tiqui, tiqui tiqui. ¿Los escritores no somos codiciosos? Permitime: jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja.

Tuve un espasmo en el diafragma de la risa.

Está muy bien que te obligues a entrar en la bolsa de escritores porque sos la única que te metería ahí. No, esperá. Tu blog es muy importante. ¿Cuántos likes tienen tus publicaciones? ¿Cuántas tías tenés? Tanta matemática que mis títulos artísticos se están derritiendo en la pared. Títulos artísticos. Ja. Tiqui tiqui.

Citar a Borges es un lugar tan seguro, obvio y redundante que ya estás lista para hacer cartelitos en las instalaciones del Gobierno de la Ciudad. Cuando te la creas, vas a citar dramaturgos europeos. Cuando quieras ser impunemente soberbia, vas a citar frases en latín. Cuando entiendas, vas a citar a tu madre.

Sos tan ingenua, tan frágil, tan ilusa. Tus veinticinco años te habilitan a cualquier tipo de bobera, y es válido, revolvé la olla de esperanza y brotará un arcoíris de colores. Te estoy tuteando, no tocando.

Te vas a enamorar. El amor, ya ves, es pasión, pero también es tiempo. Demasiado tarde te vas a dar cuenta de que preferiste mirar una serie dentro del calor de un abrazo a llenar una hoja bajo el frío de un monitor. Y así, con una escritura inconstante no remunerada como único bastión, un Santiago o una Sofía van a completar el panorama. No se puede tipear cuando se da de mamar. No se puede redactar cuando el nene tiene hambre, la nena tiene patín o el marido quiere cenar ravioles caseros.

Todo tu despliegue argumental deja entrever aspiraciones de pobre. Tu léxico impoluto solo te va a permitir detectar los errores ortográficos en las revistas de venta por catálogo que vas a compartir con tus vecinas por la tarde, mate y chismes de por medio.

Escribime en veinticinco años, manzanita. Por favor, escribime, contame cómo te fue. Qué lograste gracias a la voluntad, hasta dónde llegaste creyendo en tu talento. No te olvides. Estaré esperando.

Siempre tuyo.
Lucio

*****

No soy sino un cúmulo de lugares comunes. Más que nada porque no hay otros. O sí, pero dan pánico. O no, pero hay que creer en ellos, y no somos personas de fe (lamentablemente).

No pasaron 25 años. Ay, qué tirano el tiempo, aunque con su significado patas para arriba, porque no pasaron ni 3. Publiqué un libro. Se presenta en dos semanas. Te cito, no porque seas ese lugar común, seguro y redundante (que lo sos), sino porque siempre fui sirena de agua dulce y no hubo ni habrá chicaneada que puedas decirme que me vaya a hacer odiarte. Terrible, lo sé. Así que voy a mover mi cola cuando, donde y frente a quien quiera. La mayor diferencia entre Borges y vos es que él no tenía que esforzarse para estar ciego.

Te admiro. Cuánta grandilocuencia usabas cuando nos escribíamos estos mails. Vaya uno a saber para compensar qué pequeñez. Te admiro mucho.

En fin, si te interesa, en el panorama actual no hay ravioles caseros ni ningún otro estereotipo en el que me hayas encajado a la fuerza para poder lidiar mejor con tus micropesadillas.

Podés venir a la presentación y nos tomamos un café o podés seguir siendo un boludo con escoliosis por mirar todo tan desde arriba.

Noemí
(Me iban a presentar como escritora, pedí que lo cambiaran por efeméride).

*****

Una tarde de invierno llegaste a mi oficina con los labios como si hubieras comido un balde de ciruelas. Nunca olvidaré tus primeras palabras: “Te admiro”, seguidas por un odioso y olvidable: “te necesito para trabajar en mi libro.”

Prefiero ayudar a alguien que me usa para sacar un rédito económico que darle una mano a alguien que cree que soy imprescindible.

No digo que mis métodos sean pedagógicos, pero, en definitiva, nadie le pediría explicaciones a una pera que nació en un olmo. Se valora lo que se consigue y si en el camino hubo irregularidades, no me acuerdo. Un lema más berreta que mis zapatos de goma, sí, pero nunca se cuestiona lo que funciona.

No podía, Noemí, de verdad, no podía ayudarte de la forma en la que esperabas. Tenía que enseñarte lecciones más importantes para tu carrera por fuera de lo meramente narrativo. Tu escritura ya es impecable de punta a punta: el manejo del misterio, las particularidades de los personajes, la elección rítmica de las palabras, las frases inconclusas, la puntuación estratégica. Cada párrafo es un manjar digno de ser devorado. Quedé maravillado con tus borradores, al punto de proyectarte como la próxima perla de la literatura argentina.

Verás, una mesa tiene cuatro patas y una carrera todavía más. El talento es solo una. El mundo está listo para aplastar cualquier temperamento lábil. Nadie se atrevería a robarle su cría a una leona. Y yo te quiero leona. Solo así vas a llegar a ocupar un lugar de privilegio en esta profesión alienante.

Te bauticé con mierda, lo sé, pero te vas a acordar de mí cada vez que un imbécil te pida que te acuestes con él para publicar tu libro, o que algún jefe ventajero edite tus textos bajo su nombre. Nunca bajes esa guardia maravillosa que abriste como si fueras un pavo real.

¿Necesitarme a mí? ¡Jamás me necesitaste a mí para nada! No sé ni para qué viniste a pedirme ayuda.

No se endiosa a nadie. No se mendiga autoestima. No se idealizan circunstancias. No se venera a idiotas. Tenés todo lo que necesitás: a vos.

Te felicito por tu libro.
No me gusta ir a tomar cafés porque la gente espera que diga cosas interesantes, y yo no soy interesante. Mis libros, en cambio, sí. Pero eso es otra cosa. Ya te va a pasar.

En fin, nos vemos en tu presentación.

Ah, me olvidaba: tengo un pene bastante grande y soy muy torpe para usarlo.

Sos escritora, que te presenten como lo que sos. No le estás robando a nadie. Yo, por mi parte, ahí estaré.

Abrazo.
Lucio

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8 Comentarios

  1. Belen

    En sólo un par de líneas me hicieron pasar por mil emociones distintas. Sigan asi. Son maravillosas ! Espero con ansias el libro ! ♥

  2. Muy bien se plantó Noemí a quien la subestimó y pretendió tener algo con ella, con esos argumentos. No se puede decir que intentó conquistarla, con tan mal método.
    Y hasta tuvo que reconocer su talento.
    Bien planeado.

  3. Me parecieron los dos muy pedantes y ególatras (no sé si esa era la idea)

  4. Agustina

    Increíble como siempre, son lo más lindo de mis martes. Las quiero 💜
    ‘La palabra es lo único que tengo y con una mochila llena de palabras me voy a cualquier guerra.’

  5. Marcela (@marcexcba)

    Maravilloso! Me encantó la mezcla de estilos en un mismo párrafo, que genial! Aplausos para ustedes!
    Sólo me hizo ruido el “Vamos, Ariel.” de la primera carta. Es una metáfora que no entiendo, o se confundieron de nombre?

  6. Gra

    Maravilloso. Maravillosas! Gracias! 👏👏👏

  7. Luz

    Me aburrió un poco este.

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