No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Zoé & Celeste

¡Hola, Zoé! ¿Cómo estás? ¿Cómo van los preparativos para Barilo`2016? Mi hermana está INSOPORTABLE, decí que es la menor y le tenemos una paciencia especial. Me encanta la bandera que hicieron, no sabía que dibujabas, les quedó preciosa.

Te llamará la atención que te escriba y no pretendo hacerlo desde un lugar de superioridad moral, solo que sé lo que pasa. Sé exactamente lo que te está sucediendo. Lo sé porque lo viví y lo veo reflejado. Que la casa de mis viejos se haya convertido en el búnker del curso me permitió pasar muchas horas con vos y darme cuenta de todo. No me voy a desentender del tema, pero como no tenemos confianza, no te voy a hacer ninguna pregunta. No me digas nada. Dejame escribir a mí, te voy a contar MI historia. Después, si querés, me contás la tuya.

Mis problemas empezaron cuando tenía catorce años. La instancia contextual no tuvo relevancia en mi adolescencia, nunca nadie me martirizó por mi peso, jamás sufrí presiones para adelgazar, de hecho era flaca y tetona. Pero mi comprensión de la belleza era inequívoca: la gordura me molestaba, los gordos me parecían feos. Y en esta persecución de un ideal fue que los trastornos me demolieron la vida.

Yo quería ser bella y desarrollé cientos de estrategias: la primera y más obvia era cortar comida en pedacitos chiquitos, eso hacía que baje el volumen del plato. Decía que estaba llena pero en realidad había desparramado el alimento sin consumirlo. Después iba y, lo poco que tenía, lo vomitaba. Lo hacía cuando había mucha gente (así nadie lo notaba) o antes de bañarme.
También me iba a ver la tele con el plato a la pieza y cuando se dormían tiraba la comida por el inodoro.
En las comilonas me encantaba charlar, contar anécdotas, distraer la atención por ese lado para que nadie se diera cuenta de que yo no estaba comiendo. Otra forma de distraer la atención era ser anfitriona: cocinaba, hacía los postres, pedía helado. Nadie le prestaba atención a mi alimentación y tampoco tenían por qué sospechar.
Tomaba litros de mate, me emborrachaba muchísimo (para vomitar más fácilmente), compraba sales, consumía productos para las dietas de limpieza de colon.

Vivía con dolores de estómago terribles pero siempre le echaba la culpa al exceso de actividades, a los nervios, a que dormía poco. Trabajé desde muy chica, pasaba muchas horas fuera de mi casa y eso me permitía ocultar mi situación y distraerme de la necesitad de comer.

Tuve la enorme suerte de que me salvaran la vida mis amigos. Se dieron cuenta de lo que sucedía y me ayudaron a iniciar el proceso de erradicación de estos hábitos terribles.

Mi mamá se sintió mal, dolida y culpable al enterarse. Y yo también. Cuando nací éramos muy pobres, en varias oportunidades no cenó para que pudiéramos hacerlo nosotros. Y ahora yo decidía no comer por un capricho estético. Ella no comprendía por qué alguien sería anoréxico y esto la entristeció mucho.

Una anécdota “graciosa” es que a los 19 años, ya casi recuperada, fumé porro y comenzaron esos dolores estomacales frecuentes y terribles que te mencioné. Un amigo me dijo: “¿no será que tenés hambre?” y me preparó un tomate con aceite y orégano. Así fue como descubrí que esa languidez horrenda que yo leí como problemas estomacales durante años, no era otra cosa que tener hambre.

Hoy en día estoy bien, ya no tengo estos trastornos, pero mi relación con la comida sigue siendo en pugna. No me gusta comer y trato de no ingerir grandes cantidades.
Tengo los dedos deformados en las puntas de tanto vomitar. El ácido estomacal me quemó la traquea, me comió el esmalte de los dientes y perdí las dos paletas por descalcificación. Lo realmente grave son problemas metabólicos: mi cuerpo se adaptó a mi desorden alimenticio, a no comer por mucho tiempo y funciona como el de un camello. Como no ingería lo suficiente, empezó a retener toda la grasa que podía. Ahora no sintetiza el alimento, no hace el proceso de separar los nutrientes y desechar lo que no sirve. Esto me trae un estreñimiento insoportable y me enloqueció la tiroides. Tengo incontables problemas de salud por un ideal de belleza absurdo que ubiqué en la delgadez.

Mi hermana sabe de esto pero superficialmente, por lo que te pido discreción. Ahora sí, Zoé. Te leo.
Besos,
Celeste.


Celeste, recién vuelta de Bariloche me siento a escribirte. Yo creo que todo el mundo que tiene este problema debe decir lo mismo pero: entiendo que tengo un problema, también que es preocupante, no sé si tan, tan grave.

A diferencia de vos cuando tenías masomenos mi edad, yo sí soy gordita. Sí tengo rollos, sí se me juntan las tetas con la panza, sí me raspa la entrepierna cuando camino. Me pongo desodorante roll on para no pasparme. Los pantalones se me rompen justo ahí. Las camisas de mujer me forman un rombito de tela estirada entre cada uno de los botones. En lo que coincidimos es que a mí tampoco me gustan los gordos.

Quizás son todas cosas que ya notaste y por eso decidiste mandarme tu historia. No creo mucho en que generemos una confianza de mejores amigas sólo porque las dos pasamos por no cumplir con lo que, según absolutamente todos y todo lo que nos rodea, debemos ser. Yo tengo muy en claro que esto me hace mal. Nunca pasé tiempo sin comer, como el doble o el triple que el resto y lo vomito a los 15, 20 minutos. Cuando alguien me pregunta por los atracones, se lo atribuyo a un problema de balance hormonal que estoy teniendo y mi metabolismo elimina más rápido, con lo cual tengo más hambre que lo normal.

Sin ofender, ¿vos la viste a tu hermana? Yo la amo con toda mi alma, pero no tiene medio gramo de grasa. Su cuello es largo y hasta se pone gargantillas que no le hacen la cara más gorda. Tuvo su primer novio a los 15 y ahora ya va por el segundo. Y con el primero cortó y volvió. Y es un chico más grande. Quizás para vos que ya creciste son todas estupideces, pero la secundaria es el caldo de cultivo ideal para cualquier asomo de trauma; y yo me contagié.

No te preocupes por mí, voy a la psicóloga y ella sabe y me prometió que no lo va a hablar con mis papás en tanto yo sea 100 por ciento honesta con lo que hice en esos días entre sesión y sesión. Y lo soy. Con ella puedo y quiero serlo, pero con vos, si bien pasaste por lo mismo, no. Ya no sos adolescente, Celeste, ya pasaste toda la etapa de que el chico que te gusta haga juegos de palabras con tu apellido para llamarte gorda sin llamarte gorda llamándote gorda.
Realmente no creo que haya sido igual. Yo jamás podría dejar de comer, por ejemplo. He ahí el problema.

La semana pasada fui a la ginecóloga por primera vez. Tengo “óvulos deficientes”. Es reversible, igual. Mi mamá está alterada con ese tema. Dice que es por mi sobrepeso. En fin.

Ojalá con tiempo tu cuerpo pueda amigarse con tu sanidad. Creo que, como con y para todo, es cuestión de eso, de tiempo. Y lo de las paletas ni se te nota, lo solucionaste perfecto.

Te agradezco la preocupación, pero te siento afuera ya.
Confío en que no lo vas a hablar con Mía.

Zoe.


Ufff… los psicólogos. Fui dos veces a una psicóloga que me caía pésimo. La pregunta era: “¿Por qué no comés?” y yo comprendía que eso estaba mal, pero quería ser más flaca y la ausencia de alimento iba a lograr que adelgace. Tenía absoluta conciencia de la situación, no necesitaba analizarla: me parecía bella la delgadez y era lo que elegía. Me diagnosticó un trastorno dismórfico corporal, que es tener una imagen distorsionada del propio cuerpo, pensamientos obsesivos que deforman y amplían cualquier pequeña imperfección. Estaba equivocada. Yo sabía exactamente cómo me veía y la imagen que mi cuerpo proyectaba, solo que no me gustaba. Abandoné apenas empecé.

Odiaba la gordura y ahora tampoco quiero hacerme la desentendida, lucho a diario para modificar estos pensamientos tan a mano a la hora de juzgar y juzgarme. Todavía me siguen molestando los gordos. Me molesta que la gordura no esté inscripta poéticamente en los hechos artísticos. En una serie de televisión espero que a la gorda le digan “la gorda” y su conflicto personal pase por su sobrepeso. No tolero que se omita su condición, que sea solo un personaje cuando todos notamos que pesa dos veces más que la protagonista. Me parecen absurdas las modelos “rellenitas”, si no te da el cuerpo no te muestres en ropa interior, nos incomodás a todos con tu actitud.

Pero también pienso en por qué pienso así, aunque suene a trabalenguas. Porque, digo, yo no nací con todo esto en la cabeza. En algún momento entendí que la gordura no era estética y bajo esa premisa me formé. Alguien me enseñó este discurso que con entusiasmo mortal hice propio, sin siquiera cuestionarlo.
Es imposible no pensar en el consumo masivo de información, los medios de comunicación son grandes propagadores de la basura intelectual que asocia a la flacura con el éxito o la belleza. ¿Y cómo hacés para oponerte? Porque entiendo que está mal, lo sé, pero después veo a Pampita en malla y me odio por no haberme abstenido de comer incluso cuando era más chica.

Vamos a cargar con esto toda la vida, Zoé. Aprendimos las rutas mentales más destructivas y no vivimos en un contexto que nos facilite la tarea de aceptarnos por lo que somos.

Ojalá con tiempo tu cuerpo pueda amigarse con tu sanidad, como me dijiste vos. Mi sueño es despertarme y que mi cabeza entienda la vida de otra manera. Sé que el cambio está en mí, solo que todavía no terminé de encontrar dónde.

¿Alguna vez te pusiste a pensar en que, quizás, al chico que te gusta pueden gustarle las gorditas? ¿O puede no importarle este punto que a vos te desvela? No digo que seas así, solo digo: ¿alguna vez siquiera lo pensaste?


Celeste, quiero dejar una cosa en claro: yo nunca acudí a vos en busca de protección. Te agradezco la preocupación pero creo que es un tema que no te corresponde, que no te pertenece. No quiero que seamos un grupo -un dúo- de autoayuda vía mail. Hay mil foros, si quisiera consejos sobre y de gente que pasa por lo mismo, con la que no tengo suficiente confianza, que ni siquiera me conoce ni sabe cómo vivo ni va conmigo al colegio; buscaría por ahí.

Vos ya sos grande y tenés un fantasma que no lográs esfumar. Y lo lamento. Lo leo y me duele que lleves con vos ese peso ya-no-literal a todos lados. Pero no me lo traslades, ya bastante con el mío. No me muestres el futuro negro que me espera si no dejo de meterme los dedos para vomitar. No es la forma. Además, está a la vista, somos dos cuerpos distintos. Vos pudiste resignar una necesidad básica para lograr tu objetivo, yo no pude; en cambio me ensanché tanto la garganta que las pastillas de ibuprofeno 600 me pasan sin agua.

No voy a tener este problema toda la vida, pero necesito terminar el secundario un poco menos gorda.
Y sí, me lo pregunté. Mateo me postuló para el concurso del boliche, el de la chica más linda, me dijo “olvidate, las vas a aplastar a todas”.
Estoy cansada de esta gente. Vos te pensás que soy yo la que me lastimo, pero no es así.
Yo no te voy a cuidar de vos y vos no me cuides de mí. No necesito que me cuiden de mí, necesito que me cuiden del mundo.

Por favor, no me escribas más.
Espero crecer y enfrentar todo con tu madurez y tu centro. Hoy no puedo. Hoy estoy ocupada esquivando balas al autoestima.

Beso.


En mi peor momento, una de mis mejores amigas me encerró con su discurso y me obligó a asumir que tenía un problema. Le respondí que estaba perfecta, que el problema lo tenía ella porque era una gorda resentida que me envidiaba y me comí un alfajor triple para demostrar mi superioridad. Como no pude vomitalo en ese momento, opté por no comer ningún sólido los tres días posteriores. Al cuarto me desmayé en un colectivo. Al quinto pedí ayuda.

No, Zoé. No te voy a cuidar, el tema no me pertenece. Pero tampoco me voy a desentender como si nunca hubiera leído tu dolor. Ahora estoy involucrada, mal que te pese. Te voy a seguir escribiendo pero porque tengo una propuesta:

Vi en Facebook tus dibujos, tengo un amigo que tiene un bar en donde hacen exposiciones mensuales de artistas independientes. ¿Te interesa? No sé cómo es la logística pero puedo hablar con él y ponerte en contacto, tu material le va a fascinar.

Vos decime que sí y yo te prometo que no volvemos a hablar de otra cosa que no sea eso. ¿Sí?


Aceptarte la propuesta me da vergüenza porque conocés un lado mío que casi nadie, pero la verdad es que tengo ganas de probar.

Por un lado me da miedo que no te gusten mis dibujos y sólo quieras prestarme atención a ver cómo sigo, por el otro, nadie nunca ve esos dibujos y vos sí.

Sólo te pido que no seas mi cómplice en esto ni mi tutora, que no me mires como si supieras, que no vigiles si y cuándo voy al baño.

Separemos lo que venimos hablando de lo que empezamos a hablar.

Ahí le pido a Mía tu celular.
Muchas gracias.

Perdón por dejarte afuera tan determinantemente pero es todo mucho.

Zoe.

 

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6 Comentarios

  1. Es difícil elegir un texto favorito pero creo que es este. Me tocó porque hace unos años lo estoy viviendo. Lo supieron escribir muy bien. Las leo siempre, son increíble chicas❤

  2. La ayuda no solicitada puede ser violencia, la mirada que se desentiende de algo que esta viendo claramente, también lo puede ser.
    Este texto es un cable colgando en tension sobre esas dos verdades opuestas y les quedo muy muy bien con algunas frases e imágenes de colección.
    Un poco me tarde de lo habitual por el feriado agradezco aliento como siempre a que esto siga, no se corte (como a la vuelta de Bariloche.
    MartinS (ahora tengo otra firma)

  3. Denn

    Me parece algo increible este blog. Las leo desde que empezaron con él y sinceramente, el formato epistolar, la manera de expresarse que hace que uno se pueda sentir facilmente identificado con los personajes, todo me parece brillante. Todos los martes espero a que se haga el medio dia para leer el nuevo intercambio de la semana. Me encanta.

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