No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Berenice & TeDigoLaVerdad

Berenice,

Abrí esta casilla (tedigolaverdad@) solo para mandarte este mail. Podría interpretarse como una actitud cobarde pero tengo mis motivos para usar el comodín de la virtualidad, los cuales prefiero preservar.

Tu novio te está cagando. Hace más de tres meses que se está viendo a escondidas con Ornella, una rubia que fue ayudante de cátedra cuando cursó Derecho Notarial. Lo sé, me consta, no me baso en suposiciones, se encuentran como mínimo una vez por semana.

Cuando se recibió estaban los tres en un mismo salón, fue una imagen triste, me dio pena por vos.

Podría darte más información pero creo que por el momento alcanza.

Cuidate y suerte.


 

Mirá, en primer lugar, me parece que si me vas a decir algo así y poner en juego mi relación, como mínimo espero me expliques quién sos o cómo tenés esta información. No te voy a mandar a la mierda ni mucho menos, no me interesa, pero sabrás entender que me cuesta muchísimo confiar en alguien que no sé quién es ni cómo me conoce, ni cómo conoce a mi novio. Digo, ¿por qué le creería más a un mail anónimo que a Javier, con quien me levanto hace 4 años todas las mañanas?

No sé hace cuánto sabés esto que decís o por qué te preocupa mi bienestar, que yo lo sepa. Eso me intriga, por qué te interesa que yo lo sepa.

Si es así, espero novedades más concretas tuyas.

No pretendo ser agresiva pero no te conozco y me decís que mi novio me caga, tampoco quiero invitarte unos mates, viste.


 

Si quisiera decirte quién soy o cómo tengo esta información lo hubiera hecho en persona, lo único que tenés que saber sobre mí es que soy un canal de información, es anecdótica mi identidad.

No pretendo que confíes en mí, pretendo que no confíes en Javier. ¿Por qué me creerías? Porque lo conozco:

Se llama Javier Ramos, tiene 27 años y juega al fútbol los martes a la noche en una canchita por Constitución. Su remera favorita dice Harley-Davidson y tiene la estampa de una moto toda descascarada. Le gusta el mate sin azúcar y los bizcochos dulces Don Satur.

También te conozco a vos, Berenice. Sos hermosa, el amor de la vida o la envidia de cualquiera. Trabajas haciendo promociones y te encanta pintar. Naciste en Corrientes y viniste para acá cuando eras chica. Te encanta andar en bicicleta.

Los conozco: les gusta ir al cine y suelen ir a pasear por Plaza Francia. En su departamento tienen colgado un cuadro de tu abuelo.

No me preocupa tu bienestar, simplemente quiero que sepas la verdad. A la verdad positiva se la conoce como “buenas noticias”, yo no te traigo buenas noticias, yo vengo a decirte la verdad. ¿Por qué quiero que la sepas? La casa se reserva el derecho de ser discreta. Soy mujer, sí, por si andabas asociándole una identidad de género al adjetivo calificativo.

Ornella y Javier se van a ver mañana martes a la noche. Te va a decir que va a jugar al fútbol, pero va a estar hasta tarde en el departamento de ella. Ya ha usado esta excusa en algún momento. Ella vive en Perú 651, 2°A.

No le digas nada y andá, mandate, vas a ver que va a estar ahí. Y después contame quién tenía razón.

Te estoy abriendo los ojos, como mínimo me debés una cerveza.

Cuidate y suerte.


 

Hijo de un vagón de putas. Te vi, te vi y estoy segura de que este sos vos. Nadie sabe tanto de nosotros. Te ocultás detrás de un mail anónimo, te juro que me cuesta creer que alguien puede tener los huevos tan mal puestos. TAN.

Después de todo lo que pasamos, Javier. No podés ser tan cagón. Asco me das, y lo peor es que no puedo tenerte bronca, no puedo odiarte porque te siento una extensión de mí después de tanto tiempo. Sólo puedo estar triste. Llorarte y mirarte y rogar que te vuelvas a enamorar. Te escribo esto un sábado, tras cuatro días de pudrirme por dentro, de levantarme al lado tuyo y sentir que me tocás con manos sucias, que con mi piel no te pasa nada. Ni sabés cómo es mi piel. Yo en cambio podría acertar exactamente con qué temperatura corporal te despertás, cuánto marcaría el termómetro a las 3 de la mañana o qué factores te enfrían, qué te da calor también. Todas las mañanas rogando que te vuelvas a enamorar pasé.

Me siento la mujer más horrible del mundo y duele tanto, tanto.

No me merezco esto. Quizás no es por mí, no podés con tu genio o te voló la cabeza otra chica, pero vos tampoco merecés mi madurez, mi respuesta racional. Yo te di todo. Me mudé a capital por vos, te banqué cuando estabas sin trabajo, le salí de garante a tu amigo que se patinó la guita en apuestas. No tenés idea de lo humillada que me siento, lo usada. Lo tonta. No podés ni empezar a imaginarte cuánto estoy repensando, me cuestiono todo lo que soy, cada regalo que me diste. Me pregunto con cuántas y si alguna vez me habrás dicho alguno de sus nombres y yo no me habré dado cuenta. Si les habrás dicho el mío.

Toda la gente que lo sabrá y me habrá mirado miles de veces mientras pensaba ‘pobre cornuda’. No sé cómo decirte cuánto duele. Me quiero pegar porque te quiero pegar y vos seguís acá adentro mío. Nos quiero cagar a trompadas, a vos por forro y cagón y a mí por boluda. Pero yo voy a seguir, voy a salir.

Javier, yo voy a seguir con mi vida y vos vas a seguir con la tuya, pero quiero que nunca te olvides de lo que me lastimaste, quiero que entiendas que yo a partir del domingo soy otra persona, como si con un bate hubieras dado en alguna parte de mi cerebro y todas las áreas del comportamiento y percepción se vieran afectadas. Lloré más que en el entierro de mi abuelo, al que fuiste y me abrazaste como si lo sintieras. Me rompiste.

A vos que te gustan esas historias de muertes insólitas. Acá tenés una. La Berenice que conocés está muerta.

Tenés tus valijas en el cuartito del garage. No me toques el timbre porque no voy a estar. Cambié la combinación de la cerradura esta mañana. Andate y no vuelvas. Si intentás algo, te lo juro y me conocés, te hago la denuncia.

Yo voy a salir adelante. Voy a ser otra y voy a encontrar a alguien que quiera cuidarme, que sepa exactamente cómo huelo y cuando no me vaya a tener cerca por un tiempo, le haga falta esnifarme para llevarse mi olor consigo. Voy a ser muy feliz con otro. Muy feliz, Javier.

Y vos vas a seguir siendo este cagón, pobre tipo que no vale ni dos mangos.

No vuelvas.


 

Hermosa Berenice, yo no soy Javier. Ya te dije que soy mujer, además.

Me carcome la intriga de pensar qué habrá pasado cuando llegó y encontró las valijas en el garage, ¿se puso violento? Lo de cambiar la combinación de la cerradura siempre es un acierto.

Creo que mi tarea está cumplida.

¿Querés saber quién soy? Te di lo que merecías, la verdad. ¿Vas a querer más?

Pensalo un segundo. Ahora pensalo de nuevo…

¿Es realmente importante mi identidad?


 

Si sos ella, me importa poco y nada. De verdad, se me anuló la glándula de empatizar, de pensar por fuera de este dolor.

Seas quien seas, me cagaste la vida. Pero gracias.

Uno a veces cierra tan fuerte los ojos que cuando los abre sigue viendo ese negro al que se empecinó en acostumbrarse.

Me vine un tiempo a lo de mis viejos, como ya sabrás, o no.

Te pido que no te vuelvas a reportar, la herida sigue abierta y cualquier palabra la infecta.

Saludos.


 

Yo no te cagué la vida, Berenice. Yo quise mejorártela cada instante que estuve al lado tuyo, tuve como prioridad llenarte de felicidad incluso sin preocuparme por suministrarme la propia.

Vos ya sabés quién soy. Lo sabés porque fuimos amigas durante muchos más años que los que se pueden contar en una vuelta por los dedos de las manos.

Me cansé de decirte que Javier era un mal tipo, una mierda de persona, una lacra; pero nunca me escuchaste. Estabas cegada por el amor que te hacía creer que sentía por vos. Él fue la razón por la que tomaste la decisión de alejarte de mí, no se lo voy a perdonar nunca. Rompiste una amistad de toda la vida porque no te bancabas que te dijera cosas negativas sobre él, cosas que eran ciertas. Cada crítica estuvo fundada y el tiempo me terminó dando la razón. Siempre me generó una sensación horrible en el pecho.

Si yo, Virginia, te decía que Javier te estaba cagando, jamás me ibas a creer. Hubieras pensado que todo formaba parte de una estrategia para recuperarte. Lo tenías que ver con tus propios ojos.

¿Cómo me enteré? Casualidades del destino, que sabe ubicar todo en el lugar que corresponde, porque las casualidades no existen. Me hice muy amiga de Ornella porque vamos juntas a un taller literario, y ella empezó a escribir poemas sobre un chico que había conocido. Cuando le pregunté quién me mostró una foto y la cara era inconfundible. Me callé la boca y traté de sacarle toda la información que pudiera, y así es como me enteré de su historia. La escuchaba hablar de él con tanto amor que me carcomía las tripas, me sentía el abogado del diablo. Pero necesitaba hacer saltar esta traición.

Lo lamento mucho, Berenice. Pero de nada.

Cuando cumplimos 18 años te confesé que estaba enamorada de vos y no fue recíproco, pero nos las ingeniamos para continuar con el vínculo como si ese momento nunca hubiera existido. Siempre lo estuve, lo sigo estando. Vos siempre lo supiste, también. Yo jamás te hubiera hecho una cosa así.

Vos no querés ser mi amor pero yo te voy a cuidar toda la vida, y no voy a permitir que nadie te haga perder el tiempo. Nunca quise lastimarte, vos te merecés lo mejor, la mejor vida, porque sos preciosa y la piba más maravillosa del mundo. Vas a formar parte de mi corazón aunque no quieras, contás conmigo incondicionalmente.

El mal momento va a pasar, por favor jamás vuelvas con ese pelotudo.

Pronto vas a estar con alguien que te erice la piel, que no voy a ser yo, y algún día voy a poder ser feliz a pesar de eso.


 

De alguna forma, uno siempre logra depurar su vida de la gente que no hace bien. Tu prioridad no fue llenarme de felicidad, fue alejarme de quien me había alejado de vos.

Cuidate, Virginia. Seguí escribiendo, conocé gente nueva, gente linda, que te sepan querer. Que te merezcan.

Y por favor, no te metas más en mi vida.

Berenice.

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10 Comentarios

  1. María

    Una vez más: brillante.
    Gracias por dejarnos ser parte de la vida de gente que no conocemos, pero que tranquilamente podríamos conocer.
    Es una pequeña muestra de la sociedad y nuestros embrollos y de lo jodidos que estamos todos.
    Gracias!

  2. MartinS

    En algún momento de Vírgenes suicidas de Sofía Coppola una voz en off dice “la atrocidad de un ser humano pensando solo en si mismo”. A veces el amor toma esa forma atroz. Vos no querías cuidarme querías que yo hagasea lo que vos quieras. Y pasa en todas las formas de amor padre hijo, pareja, hermanos (y en las mejores familias)
    Este martes de 55 seguro se hacia mas lluvioso sin este Blog. Gracias

  3. Sergio R

    ¿Dónde está el botón de EsteMeGustoTantoNoSeNiQueEscribir?
    Si sirve de algo, me recontragustaría encontrarme con alguna continuación o historia relacionada a alguna de las que ya escribieron. Por ejemplo; como si de alguna manera Javier leyera ésto y le respondiera a la zorra de Virginia, o a Bere que seguro es petisa 1,53 m, de look medio ahipponado pero con ideas un toque de derecha. O a las dos, pero se va a poner re crocante si ambas se enganchan a contestar, les aviso.
    Como siempre, explique como mejor pude: muy mal. Confío en su talento para extraer ideas de redacciones pobres.
    Gracias.
    Una, y otra, y otra vez.
    Beso!

    • Juramos tenerlo en cuenta, se entendió perfectamente tu redacción. Muchísimas gracias, muchos besos para vos 🙂
      PD: Es genial que de la redacción hayas formado las características de Bere!

  4. Jc

    “Basado en historia real” dijo Belefante.
    ¿Carta a documento por invasión de privacidad? ¿Existe?

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