No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Martina & Amparo

No tengo idea si chequeás esta casilla, pero dadas nuestras conocidas diferencias es el medio que supuse más civilizado como para hablarlas. Siento que tengo que pedirte perdón por no querer tener hijos, haber estudiado ciencias sociales y elegir salir los viernes a la noche. Está mal sentir eso, papá. Me inculcaste una suerte de culpa por no querer ser como vos, como ustedes.

Hasta los 18 fui presa del mandato familiar. Mis amigos eran los que me hacía en el templo, mis libros hablaban todos de nuestra historia y esposa y madre era lo que tenía que ser. A los 20 me apuraron, me dijeron que ya debía ir encontrado marido y que por qué no probaba con Ezequiel, el hijo de Sandra y Norberto, que también estaba solo. Porque no es suficiente que sea soltero para que quiera casarme con él, papá. ¿Alguna vez te preguntaste qué tipo de hombres me gustan? ¿Si altos, fornidos, ambiciosos, sencillos, laburantes, viajeros, sanos o despreocupados?

No quiero tener hijos porque no quiero traer hijos a este mundo de mierda. Nos levantamos a la mañana y afanaron a la vuelta, mataron a 30 cuadras, violaron en zona sur, estafaron en ese barrio, bombardearon otro país y la mitad del mundo está en guerra, una guerra que vos justificás. No es porque no quiera ser madre, sí quiero. Pero entiendo que el mundo es una bosta. Pero son cosas que vos nunca me preguntaste. Supusiste que me estanqué en una etapa de adolescencia que eventualmente se volvió crónica y entonces todo lo digo y hago para contradecirlos. No es así, papá. Dame algo de crédito. Soy una mujer pensante, estudié mucho y trabajo mucho para saber de lo que hablo y fundamentar lo que pienso.

Tu ortodoxia, la ortodoxia en general pero la tuya en particular, atenta contra cualquier forma de sabiduría. Porque sos un genio de todo lo que ya pasó, pero el estar vivo es estar en movimiento, y uno no puede sino moverse hacia el futuro. Yo respeto tus costumbres, sólo pido lo mismo de vos, que respetes mi mirar para adelante. Nunca te desacredité, sólo expuse por qué no pensaba lo mismo. Sólo contrargumenté. Vos, en cambio, terminaste cada discusión con “Dejala, no entiende nada, piensa que tiene una respuesta para todo y no entiende nada”.

Sos un genio, pero hay mucho más por saber que lo que nos trajo hasta acá. Queda mucho por recorrer y a vos no te importa. Es como si viviéramos en siglos distintos y vos pensaras que yo deliro.

No sabés lo que duele, pa, sentir que no me aceptás porque no quiero comer otro tipo de carne o dejar de laburar y parir 5 pibes al hilo. ¿Leíste alguna vez el libro que publiqué?

Me gustan los tipos flacos, altos, sencillos. Que disfruten más la playa que la ciudad y, lógico, el calor que el frío. Que admiren cómo pienso y me enseñen cosas todo el tiempo. Me gustan los pares, y los que saben querer sin mucha repregunta.

Espero no te enoje esto, pero como me viene resultando imposible sentarme a hablar con vos sin discutir y sé que la vieja está muy angustiada, este es mi intento.

Te quiero,

Martina.


 

Hola Martina, mi nombre es Amparo y tengo 30 años. No, no soy tu papá, pero algo en común ya tengo con él incluso sin conocerlo: una pasión por El Eternauta.

Enviaste el mail a la casilla “eleternauta@…”; asumo que omitiste alguna letra, algún número, algún punto o algún guión; porque tamaño pedido de entidad finalmente terminó en mis manos y no en las correctas. Y como las casualidades no existen, me voy a tomar todas las atribuciones a las que el desconocerte me invita para darte mi opinión respecto de lo que leí. No te olvides que en tu vida soy una extraña y uno nunca debe enojarse con las opiniones de los que no son cercanos, a lo sumo se descartan junto con los consejos de los no-amigos y los horóscopos semanales de las revistas.

No deberías ser tan dura con tu papá. Sí, por supuesto que él no debería ser tan duro con vos, leí perfectamente lo que explicaste. Tenés una capacidad descriptiva y un manejo del lenguaje tan acertados que no dejan lugar a dudas de que tu libro debe tener una redacción impecable. La raíz de tu talento debe haberse gestado en una educación escolar de privilegio que tus padres habrán elegido a conciencia y fomentado a diario para que eventualmente accedas a una universidad, calculo, quiero creer. Te felicito por haber publicado un libro. Felicito a tus padres por darte una educación. Me felicito a mí por intentar hacerte ver que, incluso en lo que podría resultar obvio, uno jamás debería dar por sentado cada detalle de lo recibió: no todos los niños tienen acceso a una escolaridad. O padres que se preocupen por incentivarla.

También te felicito por haber estudiado ciencias sociales y por trabajar. Y cómo no felicitarte por encontrar una voz propia en una cadena de producción femenina, por tener principios claros y una ruta de vida inquebrantable. Pero no deja de llamarme la atención que describas a la figura masculina más importante de tu vida como una suerte de MacGyver de los argumentos ortodoxos cuando, en definitiva, tenés un pensamiento crítico propio y encausaste tus decisiones según tu voluntad.

Sí, ya sé, ¿y la palmadita en la espalda de mi papá diciendo que apoya todo lo que soy o hago? ¿Y el reconocimiento que merezco? ¿Y la contención emocional que me falta?

Los padres no son seres perfectos. Lo que escribo es una obviedad absoluta que mantiene la pileta climatizada con agua calentita durante todo el invierno de más de un psicólogo. A los hijos nos toca poner 100 gramos más de comprensión en cada aspecto, con la esperanza de que algún día nuestros hijos repitan el mecanismo y no sean tan duros con los errores que vayamos a cometer. Nadie va a querer ser un mal padre, a veces uno cree que da lo mejor y está siendo irrespetuoso o egoísta.

Quizás tu papá simplemente quiere darte lo mejor, y para él “lo mejor” es eso que le enseñaron. Quizás deberías comprender que él no tuvo las posibilidades que vos sí en cuanto a formarte fuera de la normativa de la tradición familiar o religiosa, y que hay cosas simplemente no puede ver como correctas, porque están arraigadas a su sangre. Quizás quiere que tengas hijos porque él fue tan profundamente feliz el día que vos naciste que no quiere que te pierdas esa experiencia. Quizás quiere que te cases con alguien cercano porque llevar una vida adelante sin una pareja puede tornarse complejo y triste en ciertas ocasiones, siempre es mejor la felicidad compartida. Yo tengo una nena de 2 años, Celina. Mi marido viaja por trabajo y paso mucho tiempo sola, es el marido que elegí, pero eso no hace más simple su ausencia.

Que te quieran resolver la vida es un atentado contra tu felicidad, pero te están dejando elegir tu propia realidad, tampoco no te olvides de eso. Sí, los palos en el camino son factibles, pero podés y vas a poder con ellos, encontraste una fuerza que te impulsa a seguir adelante y eso es lo que nunca tenés que perder.

Mi abuelo se cansó de fajar a mi papá, lo agarraba con el cinturón cada vez que se portaba mal. Mi papá jamás me puso una mano encima, pero no le sale darme abrazos, nunca lo hace. No me pega, pero tampoco me abraza. Con esto quiero decir: en los buenos casos, los malos hábitos heredados los van curtiendo las próximas generaciones, y toma mucho tiempo romper costumbres arraigadas. Todos somos pruebas piloto de un árbol genealógico que va tomando nuevas formas según lo que aportemos para mejorarle el destino. Nadie nace sabiendo ser padre. Lo mejor que podemos hacer es tomar lo que recibimos y hacerlo más fácil para los que vienen.

Releé tu mail. Estoy segura de que tiene el mismo tono con el que habla tu papá, la misma firmeza, la misma impronta. Sos hija de él, no te olvides de dónde venís, lo conforme y feliz que estás hoy en día con tu realidad se cocinó cuando eras chica y tenías dos padres que te daban lo que ellos entendían que era lo mejor. Ahora es cuando tenés que poner tus 100 gramos más de comprensión y dejar de esperar que tu papá no sea tu papá.

Lamento sonar demasiado dura o crítica, intento abrirte los ojos. Quiero dejarte una última reflexión personal:

Mi mamá es una madre sobreprotectora. Siempre me molestó, repudié hasta el cansancio su comportamiento, es el día de hoy que convivo y tenemos batallas campales por su intromisión en mi vida. Pero un día comprendí algo, me cayó una ficha importante, vi eso que no había podido ver: mi mamá es una mujer divorciada que perdió a su papá cuando era chica y a su mamá en su adultez. Mi mamá, hoy en día, es huérfana. Mi mamá, hoy en día, solo me tiene a mí.

Todo tiene una explicación, un justificativo, una razón de ser que completa el sentido.

A veces realmente están haciendo todo lo que pueden.

Ojalá esto haya servido para algo y sea lo que necesites,

Amparo.


 

Amparo, se me olvidó un guión bajo y qué bueno es que lo hayas notado, porque la falta de respuesta en estos días me estaba anudando el pecho.

Al principio leí tu mail con algo de desgano y bronca, bronca que viró porque primero me molestó que me enfrentaras con la otra cara de ser familia, de ser hija o, en tu planteo, ser padre. Después me dio bronca no ser una de tus “nenas”, y ya hacia el final, me di bronca yo.

Me propuse, a ver qué te parece, invitar a mi papá a un café, nosotros dos solos en un contexto neutral, sin mi mamá desesperada porque nos vayamos a las manos teóricas.

Pero antes quiero ¿practicar? con vos. Por supuesto, no nos conocemos, podés desestimar esta respuesta y nadie se va a ofender.

Entiendo tus líneas y explicaciones, creo que son cosas que uno sabe pero concibe como garantías, como dado. También, y me tomo este atrevimiento, quiero decirte que es muy difícil -por lo menos para mí- valorar con tanta precisión, tan “a fondo”, todo lo que exponés. Digo, esta es mi realidad, siempre lo fue, yo agradezco que se me haya dado la posibilidad de estudiar y prepararme y demás, pero no creo que eso justifique detratos por no elegir ser la nena de papá, la que le diera mil nietos y se casara con un médico, un abogado, un dueño de.

A ver, mi papá no se castiga porque salí así, de alguna forma me castiga a mí. No es que vive el calvario de no saber qué hizo mal, él atribuye mi fracaso íntegro, así es como toma mi vida, a mí. A que me descarrilé, a que quiero separarme, a que Dios perdona pero no olvida. No olvida.

A veces, y me desgarra decir esto, quiero verlo sufrir. Hacerle sentir que se equivocó, que con su crianza no hizo más que abrirme paso a la dirección exactamente opuesta. Y después la veo a mi mamá, sometida a una idea estructurada que nunca fue lo suficientemente valiente como para preguntarse si de verdad la llenaba, la hacía feliz, y sí, Amparo, sí quiero ir en la otra dirección.

Mi papá no es mal tipo, de eso estoy segura. Y lo amo, de eso también. Pero no nos crió como pudo, sin nacer sabiendo, haciendo lo posible por. Nos crió desplegando una sola alfombra. Angosta. Un camino único, unívoco hacia la religión. Y quien pisara por fuera, viviría en pecado, no sería digno de llevar nuestro apellido.

Duele no sentirse parte. No sabés cuánto. Cada cena en su casa es la soledad más absurda la que siento.

Quiero que nos aceptemos y nos aprendamos a querer a pesar de que yo haya elegido pisar el pasto descalza y probar qué se siente en vez de caminar sin sentir.

Amparo, tus hijas tienen mucha suerte de tenerte.

Y yo también, Así haya sido sólo por esta ranura ínfima de ventana, me gustó que te asomaras.

Besos, espero saber de vos. Pero si no, desde ya muchísimas gracias por tomarte el tiempo de ponerme frente al espejo.


 

Martina, tengo una sola hija, Celina, de 2 años. Podría haber omitido este detalle pero en el inicio de tu respuesta mencionás que te hubiera gustado ser una de “mis nenas”, quizás tu inconsciente te está llevando a incluirte en mi escena familiar. De cualquier manera, bienvenida seas en mi vida. No serás mi hija pero ya te tomé cariño como si te quisiera ahuyentar las pesadillas a la noche.

Lamento que pienses que tu papá se maneja con alevosía y premeditación para desacreditar tus decisiones con el único propósito de castigarte. Lamento que hayas tenido que oponerte categóricamente a la estructura con la que quisieron tatuarte la mente para poder encontrar una personalidad. Lamento que tu camino tenga un viento en contra tan indomable. Lamento que tu mamá se vea “ensanguchada” por esta situación. Lamento que no te sientas parte. Lamento que quieras hacerlo sufrir. NADA JUSTIFICA UN DESTRATO. Solo quise que también pongas en la balanza tus suertes, que nos las omitas, que no las ignores.

Me parece una gran idea lo del café, siempre que entiendas que va a ser el primero. Uno de diez. Uno entre veinte. Uno en mil. Por todo lo que expusiste y por todo lo que entiendo, vas a estar toda tu vida pretendiendo y esperando que tu papá te acepte. Quizás veas un dejo de sensibilidad eventualmente, pero el abrazo comprensivo va a ser una búsqueda que puede arrojar nulos resultados. No entres en el terreno en el que está jugando él y jamás pierdas ese fuego interno que cocina la entidad de lo que sos.

Ninguno está de acuerdo con lo que el otro piensa, ahí ya tienen algo en común. Le estás dando batalla como una igual, construiste una carta de principios y los estás defendiendo con uñas y dientes. Como hace él. No como tu mamá, como él. Uno va al norte y el otro para el sur, pero con la misma impronta. Fijate a quién elegiste parecerte.

Contame cómo fue ese café cuando se concrete, acá estoy para lo que necesites. Ojalá algún día podamos conocernos, que es la frase que uno dice cuando no quiere perder contacto con la otra persona, más allá de que el encuentro nunca se materialice.

Te mando un abrazo enorme y te deseo mucha suerte.

Ah! Me olvidaba: sí, el mundo es una mierda. Nos levantamos a la mañana y afanaron a la vuelta, mataron a 30 cuadras, violaron en zona sur, estafaron en ese barrio, bombardearon otro país y la mitad del mundo está en guerra. Pero está repleto de personas dispuestas a dar sin esperar nada a cambio y el corazón lleno de amor. No te pierdas la oportunidad de cuidar y proteger a lo que más vas a amar en tu vida.


 

Lo invité. Me dijo que sabía dónde debíamos ir. Pensé que iba a llevarme al lugar de café de grano verde que a los dos nos gusta.

Me citó en un templo, Amparo. Un templo.

Invitó a un rabino que hizo cuentas en base a mi nombre y mi fecha de nacimiento para el calendario hebreo, que dijo que estaba a tiempo de encaminarme.

Un templo. Un rabino. Tiempos y presiones.

Le di un abrazo a mi papá y me fui llorando.

Hasta ayer estuve llorando.

Hoy…hoy busco pasajes por Despegar.

Muchos besos para vos, Amparo. Sos la mejor persona que (no) conozco. Si te parece, algún día antes de que defina mi partida, nos juntamos. Si no, te deseo que cada día estés más feliz que el día anterior cuando más feliz estabas.

Tu postiza, Martina.


 

Ojalá que mi hija forme una personalidad tan entera y determinada como la de su hermana postiza. Voy a inculcarle ideas patriarcales a ver si me funciona tan bien como a tu papá (chiste de dudoso gusto, vale la aclaración y el halago.)

Acá estoy Martina, contá conmigo con tranquilidad, yo no sé ni lo que es el calendario hebreo. Concretemos un vernos en breve.

Besos, cuidate mucho y sé.

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8 Comentarios

  1. MartinS

    Desafió leerlo como padre y como hijo. Me gusto, claro esta. Me sentí demasiado cerca de Amparo. Sera que soy psicólogo? O que son 39 mi años ?
    Suma que no sea correspondencia de pareja. Sigan!

  2. Impecable.

    Argumento, nudo, conflicto, trama, desenlace… (no sé el orden en el que los escritores explican la teoría pero sé que es un magnífico relato compartido por dos miradas inteligentes).
    Sorprende que las autoras sean tan jóvenes.

  3. Vir

    ¿Cómo hago para dejar de llorar después de este relato? Hasta ahora el más difícil, porque también en muchos puntos cercano, para mí. Me llegó mucho, demasiado. ¿Cómo se hace para describir en pequeñas cartas una situación tan profunda? ¿Cómo se hace para poner en letras sentimientos tan hondos? Ya no me quedan halagos para hacerles y ya tampoco sé si corresponden. Un inmenso gracias por llevarnos en esta montaña rusa de emociones, con risas y llantos, de mariposas en el estómago y nudos en la garganta. Gracias.

  4. Brenda

    Las conocí hoy y vengo leyendo todas las entradas. Cuando vi que esta era sobre una chica a su padre supe inmediatamente que me iba a afectar de una forma u otra. Cuando empecé a leer los reclamos que ella le hace, fue difícil contener las lágrimas. Mi papá falleció hace poco tiempo a causa de una enfermedad. Cuando le conté a un amigo acerca de su diagnóstico de vida me dijo sin dudarlo “Perdonalo, pero perdonalo por vos”. Nunca le di la oportunidad de tomar un café para entenderlo y que él me entienda. Al año falleció. Cuando llegué a cerrarle los ojos, le dije “te perdono”. Y me perdoné. Gracias por este relato.

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