No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Lucila & la mamá

Hi, mom! ¿Cómo te trata Cancún? 🙂

Papá me dijo que te contó que estoy de novia “con ese” y me pidió que te escriba. También me pidió que te avise que llegó la cama de Pilates a la casa de Nordelta, estoy cumpliendo con todo.

Sí, estoy de novia. Hace nueve meses que estamos saliendo, formalizamos con un título algo que ya sucedía en los hechos hace tiempo para ambos. Pero antes de recibir tu opinión, me gustaría contarte la historia de mi vida sentimental, para que recién después de eso te atrevas a emitir un juicio:

– A los 15 me puse de novia con Juan Martín, compañero del Champagnat. 1 mes lleno de te amos y juras de amor eterno que se esfumaron en cuanto se fue de vacaciones de invierno a Las Leñas y conoció a una Pilar.

– A los 17 comenzó lo que considero mi primera relación amorosa, con Rodrigo, del club. 4 años juntos. Un día y de la nada me dejó porque: “verte una vez cada 15 días me quita demasiado tiempo que podría dedicarle a mi carrera profesional como rugbier”.

– Para mis 23 años apareció el señor casado con hijos, Fernando. 6 meses manejando durante una hora para llegar hasta su casa en el club de campo Abril, que usaba como albergue transitorio. A ese lo dejé yo porque, a pesar de que empecé a tomar pastillas anticonceptivas porque él no quería tener sexo con preservativo, ya no me gustó cuando comenzó a pegarme durante el acto.

– Por favor no nos olvidemos de Marcos, perdón, MI NOVIO MARCOS ANTONIO ACHAVAL BERRAIZABAL; un contador recién recibido de la UCA con el que tuve sexo 10 veces en un año y que ahora está en un safari por África con su caddie.

– Tampoco nos olvidemos que cuando cumplí 27 años se me declaró León, el “magnate millonario” instruido que me pasó a buscar en su Audi último modelo, me hizo pagar la mitad de la cena y se negó a dejar propina.

Hasta que un día apareció Carlos. Carlos González. Sin doble apellido, sin colegio bilingüe, sin dependencia de servicio, sin doble ciudadanía, sin Disney en su niñez ni Las Vegas a sus 21.

Carlos vivió toda su vida en Lomas del Mirador, terminó el colegio técnico y hasta ahí se extienden sus estudios académicos. Ahora comparte un departamento de 3 ambientes con 4 amigos que le queda cerca del taller mecánico en donde trabaja 10 horas por día. Toca la guitarra, tiene una banda.

Carlos me cuida, me contiene, me llena de amor. Ya me escribió tres canciones, se muere por presentarme a su familia, le preocupa si como o si duermo, le preocupa que no esté cómoda con quien soy.

Me enseñó a no depender de una empleada doméstica para limpiar un poco de Coca sobre la mesada y también me enseñó que tener Coca en la heladera en algunos casos puede ser un lujo.

Me explicó que mi pelo despeinado es hermoso a la mañana, que desde mi balcón a la noche se ve perfecta la Cruz del Sur y que mis pómulos rojos cada vez que me dice algo lindo me quedan mejor que el rubor importado.

Carlos jamás viajó en avión pero una madrugada de lluvia se tomó dos colectivos para venir a verme, porque yo tenía miedo.

Ahora sí, mamá. Te leo.

Luli.


 

Lucila, te leo y de repente odiás todo lo que sos. Todo por lo que pataleaste hasta conseguirlo. Te olvidás de tus maltratos a tu papá y a mí, a Aurelia que la volvías loca para que te hiciera el puré sin grumos. De repente estás enamorada y te olvidás de quién sos, veo.

No me gusta Carlos, eso es obvio, pero no porque no se haya subido jamás a un avión. Me tomás por estúpida y es lógico, yo hice lo mismo con mis padres cuando crecí medio metro simbólico, pero, te explico, Carlos no tiene los pies sobre la tierra, no le interesa hacer un peso ni ser nadie, no va a poder mantener a una familia y eso los va a frustrar a los dos. No quiero que resignes tu deseo de ser mamá sólo porque alguien te hace sentir distinta.

Te podés sentir así con una persona que comparta tus valores y tu proyecto de vida.

De todo lo anterior aprendiste mucho, aunque reniegues.

Yo no te crié para que te odies. Te crié para que tuvieras todo y, de ese todo, pudieras elegir. No hay nada más importante en la vida que, para decidir, tener parámetros. La vida está hecha de decisiones, Lucila. Y siempre avogué por enseñarte a tomar las que más feliz te hicieran. Y siempre hice de todo para hacerte feliz. Pero me tomás como estúpida, te creés que yo quiero que te cases con un multimillonario y repitas mi historia. No te tiene que gustar lo mismo que a mí, pero estás bastante grande para querer diferenciarte haciendo absolutamente todo lo contrario. Estás estando con Carlos primero porque a mí no me agrada, y después porque a vos sí.

No te voy a soltar la mano jamás, pero cuando vuelva lo vamos a hablar personalmente y después te voy a dejar hacer lo que quieras, sin entrometerme en absoluto. Estás grande ya. Podés elegir y veo que lo estás haciendo.

Sólo te pido que no me tomes por estúpida. Mantener una casa funcionando y criar 4 hijos es un trabajo muy difícil, aunque ustedes nunca lo hayan querido reconocer.

Te amo, baby.

Te veo a la vuelta. LLevo Haribo’s y las cremas de Victoria que te gustan. Besos a papá.


 

Podría refutarte todas y cada una de tus palabras, pensar que estoy con él para contradecirte es lo más absurdo que escuché en mi vida, pero ya no tiene sentido. Papá fue al taller mecánico armado de toda la mierda prejuiciosa que lo rodea cada vez que respira para explicarle cómo me estaba arruinando la vida, y Carlos me dejó. Me dijo que nunca quiso hacerme un daño o generarme un problema familiar.

Hoy choqué con el auto, nada grave. Me hicieron las placas de rutina y estoy perfecta así que pasé poco tiempo en la clínica, ahora estoy en mi departamento. Papá me mandó a Aurelia y me está preparando un puré con huevo batido, como me lo hacía Carlos.

Ya pedí un turno con la psiquiatra pero por el momento estoy tomando los calmantes que tenía, no los necesitaba desde que lo conocí.

Te dejo que vos tenés que disfrutar de tus vacaciones y yo en algún momento tengo que dejar de llorar.

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6 Comentarios

  1. Juan Martín

    SUBLIME, APLAUSOS!

  2. Sergio R.

    Se pasan…

  3. Virginia

    Tengo la piel de gallina, increíble.

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