No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Mes: diciembre 2017

Aníbal & Jorgelina, tercera parte

(Leer la primera parte).

(Leer la segunda parte).

Soy la misma Andrea que conociste. Sí, la misma. Nada cambió para mí. El tiempo supo quebrarme la cara pero no me movió del sitio en el que me dejaste. Me arrancaste el corazón de cuajo y la herida todavía sangra. No sé de olvidos, sí de melancolías. Y la tuya todavía late.

Cuando mi hermana se topó con tu manuscrito y comenzó a leerlo, entendió que tenía que verlo. La forma soberbia y descarada en la que hablás de mí como una simple noviecita de colegio me da náuseas. Tres años de noviazgo resumidos en unos pocos párrafos que no son ni podrían ser representativos del amor que nos juramos todas las noches de nuestra relación. Mi figura se lee tan insignificante que da lo mismo cualquier nombre, soy solo una más de tu lista de conquistas. La omisión del embarazo es una crueldad que nunca te voy a perdonar.

A una autobiografía la disfrazaste de novela y barriste conmigo sin que te tiemble el pulso. Qué descaro manipular así una historia de amor. Qué descaro salvarte del karma a costa de omisiones.

Para vos fue fácil irte del pasado. En cuanto perdí el embarazo entendiste que tu futuro estaba en la ciudad y sacaste un pasaje de micro, me dejaste sola, desgarrada, elaborando dos duelos en simultáneo y con una angustia que todavía no puedo terminar de tragar. Lo último que te dije fue: “¿qué voy a hacer sin vos?” Me miraste, se te cayó una lágrima y seguiste caminando como si fuera un perro de esos que se abandonan en la ruta.

Aquí estoy, aquí sigo, no pude hacer nada. Soy una planta a punto de secarse.

Que sigas disfrutando de tu vida ideal, de tu familia tipo, de tu hijo adorado.
Te felicito por seguir adelante.
Por lo menos vos pudiste.

*****

Hola, Andrea. Veo que no se te sacude la costumbre involuntaria (¿o no?) de dejarme helado cada vez que aparecés.
No entiendo de qué te estuviste queriendo vengar. ¿De que siguiera con mi vida? Lo nuestro estaba agonizando mucho, muchísimo antes de que perdieras el embarazo. No llegamos ni a tener esa charla detestable de logística sobre dónde y cómo íbamos a vivir. Las discusiones emocionales eran de lo más superficial, siempre saldábamos las diferencias con algún te quiero elaborado, tratando de calmar al otro y de creérnoslo nosotros. Vos me dijiste “yo no sé” una vez, ¿te acordás?
-Te quiero
-Yo no sé.
No me atreví a la repregunta.

Éramos chicos. Me puse al hombro nuestra relación y el incidente, no temo llamarlo así, de la mejor manera que pude. Estaba contento y cagado por igual, tampoco reniego de eso. Tomé la pérdida como la señal definitiva de que debía irme de ahí. No de vos, de todo. Terminamos el colegio y nos vimos sumamente perdidos. No, perdón, hablo por mí. Me vi perdido. El barrio es chico y le da batalla al paso del tiempo. Necesitaba romper con eso. No me arrepiento. Extraño, sí, pero no me arrepiento.

Pasaron más de 20 años. ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? Y si disfracé una autobiografía de novela, ¿qué? Lo decís como si hubiera algo de malo. La imaginación es hermosa y es un juego sin fin. La propia vida es un tedio y un año más es un año menos. Pero yo prefiero la finitud de las cosas. La finitud concreta de las cosas. Me alivia saber que hay finales y que, inevitablemente, queramos o no, implican principios. Me alivia hacer el racconto de los tormentos que ya viví, me reconforta haber visto a mi viejo sin laburo y salir con mi hermana a buscar changas para que en casa no cambiara casi nada, a mi abuela llorar un hijo, a mi abuelo llorar a mi abuela. Me interesa lo ocasionalmente antinatural de los ciclos de mi vida (y entender que, al fin y al cabo, son baratijas respecto del total). Me calma pensar en cómo me perseguí de más y me invito seguido a reflexionar sobre mis formas de querer y de cuidar. Y sobre todo eso, me fascina escribirlo. Porque, sabés, me fascina escribir.

En medio de aquellos universos estás vos, la compañerita del colegio más linda que un pibe de 14 puede imaginar. Los papelitos en la mochila, tu flequillo peinado hubiera viento, sol, examen, recreo, tu pollera que dejaba asomar las calzas. Como digo en la novela, “la piba que quisiera hacerme si tuviera una fábrica de hacer pibas”. Una muñeca pilla, eso eras. Y me enamoré. Y nos pusimos de novios. Y terminamos el colegio de novios y pensando que íbamos a ser papás. Y no pasó. Y yo decidí terminar nuestra relación e irme.
Pero no te autoengañes. Sos (eras, al menos) mucho mejor que cualquier mentira que te digas. No fue abrupto, fue simplemente definitorio. Vos tampoco me querías de la misma forma. El amor cambia cuando cambian los escenarios, pero vos me querías menos. No distinto, o sí, pero también menos. Te desenamoraste y no te lo querías admitir. Y yo también me desenamoré, y no sabés cuánto me dolió. Quedarme a tu lado por lo que fuimos hubiera sido un error fatal.

No tuve intención de herirte, pero de irme no me arrepiento.
No sé si tendrás algo más para decirme. Yo me siento huérfano de explicaciones. Pero yo soy así, quizá sea mambo mío.

Ojalá puedas, como dice el uruguayo, no estar en sino ser el movimiento.
Pero no me culpes a mí si no se te dio en 20 años. Eso corre por tu cuenta.

Aníbal

*****

Todavía no deja de sorprenderme tu incapacidad para involucrarte en las situaciones que te tienen como protagonista. Podrá ser un buen mecanismo de defensa, pero la negación te hace tan impune como cobarde.

Qué simple la forma en la que resumís nuestra historia valiéndote de adjetivos superfluos y palabras mentirosas. Qué fácil entenderla si la explicás así, despojada de la crudeza que trae aparejada una rotura de corazón.

Poetizar la mierda, típico de escritor mediocre. “El incidente”, decís. Así debés ir por la vida, buscando palabras convenientes para limpiar tu pasado, inventando olvidos para que te pese menos tu propia cruz, tercerizando las vivencias para que tus personajes resuelvan los pendientes frente a los que tuviste miedo. No sé si sentir bronca o compasión. Allá vos y todos tus límites emocionales, acá yo y las ganas de hacerme cargo que nunca tuviste.

¿Por qué ahora? Porque recibir el manuscrito fue la cachetada que me despertó. Pasé madrugadas enteras pensando en todo lo que podríamos haber construido juntos si no te hubieras ido, culpándome por no haber podido retenerte, sintiéndome vacía y sola.

Si te hace feliz o liviano creer que ya no estaba enamorada pero me rehusaba a admitirlo, seguí así. Te leo la estrategia: estás dando vuelta la responsabilidad para limpiarte de cualquier culpa. Lo mismo hiciste en la novela, acusaste una distancia que jamás puse para no ser el desconsiderado que ABANDONÓ a su novia que acababa de perder un bebé.

Fuiste el gran amor de mi vida y te recuerdo a diario. Fui una más en una lista de muchas. Creo que no hay mucho más que explicar.

No te voy a culpar por todo lo que no pude hacer. Te voy a culpar por todo lo que hiciste.

Quizá, después tantos años, todo se resume a esto: sos una mierda de persona, Aníbal. No te merecés nada bueno.

Qué placer poder vomitar lo atragantado.

Creo que nada más. Por el momento, nada más.

*****

No voy a decirte todo lo que pienso sobre esto que escribís porque entraríamos en ese sinfín de auditarnos las justificaciones, las razones y las culpas. Y no me interesa. Tengo 44 años, ya ni siquiera puedo hablar por el pibe de 17 que fui porque no recuerdo todas las fisuras y detalles de lo que decía, hacía, sentía ni pensaba. Recuerdo dos cosas: que te cuidé y que me prioricé.
Me hago cargo de que no era feliz y me fui. (Es muy difícil admitirse infeliz). Del resto, no. De tu lectura enferma, de los anzuelos que te inventás para aferrarte al pasado, del apego desmedido por un amor adolescente, no. Me lo viniste a dejar en mi puerta y así como está lo acerco al cordón.

Chau, Andrea.
Me alegra que te sientas mejor.

*****

Anibalito, amigo, ¿te sentís mejor? La tipa estaba mal de la cabeza, y ni siquiera es una opinión malintencionada, fue paciente psiquiátrica casi toda su vida. Ya había tenido dos intentos de suicidio con pastillas y sin embargo, para tratar de curarla, la colmaron de medicación. Una ironía que salió por la culata. Era una bomba de tiempo, solo que esta vez explotó. Incluso su hermana dijo que sufría de depresión crónica y hasta llegó a tener ataques de pánico y alucinaciones. Era mucho más serio y complejo de lo que podríamos imaginar. En el barrio la conocían como: “la loca de la casa de las flores”.

Yo lo lamento mucho por ella pero más por el pésimo año que tuviste que atravesar por culpa de una enferma mental. Suena terrible pero es lo que era. Tanta incertidumbre, tanta ansiedad, tantas complicaciones. Todavía no sé cómo me encontró para hacerme llegar Ayer Late. Calculo que estaba más cerca tuyo de lo que creías, seguía tus pasos.
Ahora te queda el libro y el recuerdo amargo de una historia de pérdidas. Lo bueno de ser escritor es que todo lo malo lo podés pensar como inspiración. El dolor puede ser una oportunidad si aprendés a flotar y no dejás que te hunda.

Me quedé pensando en cómo de pronto y de la nada puede aparecer una persona repleta de rencor con la única finalidad de arruinarte el presente. Estar vivos es un riesgo constante. Haber obrado con buena intención y tener la conciencia tranquila no te garantiza nada. Nada te garantiza nada, ¿notaste? La mala suerte, como la buena, es loca y a cualquiera le toca. También hay un karma pero se toma su tiempo y no siempre te encuentra. Qué peligro la vida, el simple hecho de abrir los ojos nos convierte en potenciales víctimas de injusticas. Bueno, esto no debería decírselo a un hombre que en unos meses va a ser padre, pero igual ya lo sabés. ¿Cómo está Julieta?

Tranquilo, campeón. Cuando no se puede hacer nada, tampoco sirve lamentarse.

Gastón.

*****

Y, acá ando hermano. Estoy mejor. ¿Sabés qué es lo raro? Más allá de estos últimos meses, del libro, de la copia, de los intercambios con ella, de los problemas en casa; más allá de todo eso me es muy raro que se haya matado una mujer que amé. Ya sé que tenía mil quilombos mentales, pero igual, hay algo en la esencia de ella..siempre hubo algo que… no sé, escribo y borro porque hace semanas vengo desvariando con las ideas.

Supongo que eventualmente me olvidaré o pasará a alguna cajonera del inconsciente. Qué triste.

Es resto, bien. Julieta, hermosa. Pablo dice que ya es tarde para ser hermano de alguien, que ya no tenemos tiempo para un bebé porque la semana que viene hay kermesse de fin de año en su escuela, después nos vamos a lo de mis suegros y en febrero tiene que aprender a andar en bici. Que “no es que no quiera, no tengo tiempo de tener un hermanito”.
Gran reflexión, no sé de dónde sacó el derrotismo. Ah, un momento.

¿Vos? ¿Tu laburo nuevo?
Sos mi “veámonos antes de fin de año” sincero, valoralo.

Aníbal

*****

Siempre se mueren las personas que amamos, si no las matamos nosotros con el olvido se las lleva la misma vida.

Mañana te llamo y arreglamos un encuentro así generamos recuerdos que nos sirvan para cuando en el futuro queramos extrañar.

Gastón.

*****

FIN.

 


Se acerca Navidad. ¿Creés en Papa Noel? Escribile una carta contándole lo bien que te portaste y pedile el libro. ¿Es una fecha más? ¿Un inventido de Coca-Cola? No le hagas el juego al capitalismo, combatilo con la melancolía del género epistolar, hacete de nuestro libro. ACÁ.

Aníbal & Jorgelina, segunda parte

(Leer la primera parte).

Te escribo porque demorar estas charlas siempre trae consecuencias tristes. Hay tanto bombardeo de mierda afuera que sale desdramatizar entre nosotros, en nuestro micro mundo, no sé si me gusta, no sé si lo elijo, no sé si es producto de un montón de peleas desgastantes antes de que llegaras a mi vida que me dejaron así, pero es lo que me sale. No quiero que pienses que no me importa. Esta mañana fue horrible para mí también, te dije que de toda esta situación lo único que me seguía dando aire era tenerte al lado y me dijiste “si no te apurás vas a llegar tarde otra vez”. No sabés lo que me está costando mostrarme bien con vos. Trato de darte toda mi frescura, trato de producir energía más rápido de lo que puede mi cuerpo para estar a la altura de tu sonrisa. Trato de seguir siendo un superhéroe a los ojos de Pablo.

También quiero pedirte que intentes entender un poco dónde estoy parado. De repente me dan un libro que escribí impreso y bajo otro nombre. Empiezo a seguir “la pista” y doy con un montón de eslabones que no forman ninguna cadena. Estoy completamente desorientado. Me peleo con mis amigos, me duele la cabeza, me siento fatigado. Casa es lo único que me hace bien. Casa es como el ‘casa’ de la mancha para mí. Cada vez que intento desistir, que abandono, algo pasa que me chupa de vuelta. No puedo descifrar qué o quién me está pasando. No sé cómo despejarme de la ecuación y lo que menos quiero es que nos afecte a nosotros.

Encontré una dirección en Valeria del Mar, una casa con la propietaria del nombre que me dieron en la imprenta. No te lo dije esta mañana porque en plena discusión era tirar un bosque al fuego, pero ¿me acompañás? Si lo pensamos como una aventura hasta puede no ser otro fracaso en este laberinto en el que estoy.

Te amo, te veo a la noche.

*****

Anibalito, amigo querido. ¿Una casa abandonada? Qué mala suerte. Hacer semejante viaje y volver con las manos vacías… lo que te debe haber puteado Julieta. Tranquilo, ya va a aflojar.
Sigo queriendo ayudarte aunque te estés poniendo imposible y no logremos encontrarnos. Creo que tenés que dejar de buscar los datos que no tenés y hacer foco en lo que sí. Veamos:

– Irse del pasado / Ayer late
– Jorgelina Mu
– La Venganza Ediciones
– El número 111
– Dolores Oldman
– Valeria del Mar
– Impreflow S.R.L.
– El manuscrito
– Irse del pasado / ESTAR en el pasado

Algo de todo esto debe tener algún sentido. Leé, volvé a hacerlo, ¿nada te hace ruido? ¿Nada te llama la atención?

Por lo que me comentaste, la novela está basada en tu historia. Un pibe que nació y creció en Necochea pero que en cuanto tuvo oportunidad, abandonó su vida como la conocía y jamás volvió a mirar hacia atrás. ¿No tenés ninguna ex novia despechada de nombre Jorgelina? ¿O Dolores? ¿O Pasado? Una mujer que se llame Pasado, me enamoraría al instante. ¿Qué párrafos le faltan al libro? O sea, ¿qué partes de Irse del pasado fueron eliminadas? Por ahí puede haber una pista.

No sé, yo recibí un sobre en blanco con un libro que, apenas leí, reconocí como tuyo y te entregué. Con todo el respeto y amor que te tengo, todo esto me parece más interesante que la novela en sí. No te embronques, ahora sos un escritor de puta madre. Pero en ese entonces estabas muy tomado por la negación. Nadie se va de su pasado sin pagar un precio.

Mañana pasate así tomamos un café y te cuento las novedades. Mi vida no tiene tantos misterios pero tengo una nueva conquista y esta vez me estoy permitiendo ser feliz.

Gastón.

Estoy pensando, en la adolescencia… ¿vos no tenías una noviecita de nombre Valeria (del mar)?

*****

Nunca tuve una Valeria. Tuve una Victoria a la que mi papá siempre llamó Valeria. Eventualmente al viejo le encontraron el tumor y pudimos atribuirle los olvidos y errores con un poco de incomodidad y un poco de humor.

No creo haber significado tanto para nadie como para que se tome la molestia de hacerme la última porción del año más insoportable de lo que indefectiblemente es. Me niego a pensar que este calvario es producto de un despecho. No tenemos 15 ya, por más camisas de jean abiertas hasta el ombligo que te pongas. Lo único que se me ocurre, y temo ahogarme en un océano de arrogancia al tipear esto, es que Valeria del Mar era el seudónimo de otro finalista cuando concursé para la novela. Pero era un chabón, si mal no recuerdo intercambiamos un par de palabras en la editorial cuando fuimos a ese brindis con el jurado. Pero, sí, era un tipo, y Jorgelina no conozco ninguna. Me acuerdo de hablar de la astucia de poner un seudónimo de mujer, pensando en esa variable aunque fuera forzosamente (la de hacer ganar a una mujer, entre otros talentos, por ser mujer).

Pero pasaron casi 20 años de eso, y yo no es que despegué exactamente. No me convertí en nada de alto vuelo. Y ¿justo llevarse esa novela de mierda?
Sí, habla de mí. Por eso es una cagada. Todo lo que escribo habla de mí, es una especie de gualicho que no puedo sacudirme. Pero le sacó casi toda la secuencia con Andrea, la chica de mi colegio. La nombra tres o cuatro veces al pasar, con otro nombre, no me acuerdo cuál ahora y no tengo el libro encima (estoy intentando no tenerlo encima porque se me ha hecho adictivo). No sé, me parece que es la desesperación por encontrar una respuesta.

El pibe era re normal, tenía mi misma edad, una novia divina, también de Necochea pero no nos conocíamos, ella era unos años menor. Yo en ese momento recién separado de Alejandra, trapo de piso era mucho decir, sucio, desprolijo, descuidado, desganado. El premio me lo habrán dado por lástima. Me acuerdo de intercambiar dos o tres palabras, lo del seudónimo, que laburaba en una casa de artículos de librería en ese momento y estaba por renunciar, quería tiempo, ideas y voluntad para escribir, todas cosas que le chupaba ese laburo. Y no sé, nada más. Nunca nos volvimos a cruzar. Pero él tampoco supo nada más de mí, no tenía cómo, sólo mi nombre sabía.

Esto está empezando a afectar mi relación. Julieta se ríe poco, no sabés la impotencia que me da. Tiene una cara de resignación, de “es la que me tocó” que me hace doler el pecho; como si no nos hubiéramos elegido, ¿me entendés? Ya pasamos malas, pésimas; pero esta no sé por qué parece que pudrió todo. Voy a intentar alejarme un poco del problema y dedicarme a reconstruir lo nuestro, pasa que es lo que vengo diciendo hace dos semanas y no puedo dejar de pensar un minuto en quién podría querer que yo viera esto.

¿Quién te chorea y te lo hace saber? Es insólito.

Te escribo todo esto desde el bar de la esquina del diario. ¿No seguías hasta fin de mes? Otra vez te olvidaste de mí, papito.

*****

Amor, no puedo más. De verdad. Lo pongo por escrito porque últimamente nuestras conversaciones son un griterío que nos deja vacíos y confusos. Necesito que me escuches con la cabeza y el corazón desde un lugar sincero, me harté de esa escucha ciega que te lleva a prestarles atención a mis palabras solo para poder contradecirlas.
No logro encontrarte, estás perdido, ausente. Entiendo que atravesar esta incertidumbre se hace cada vez más difícil pero no podés encerrarte en el misterio, no te puede tomar por completo. Hay una vida que continúa y en la que vos estás involucrado. La persona que decidió jugar con tu psiquis no es más importante que tu familia. El miércoles fue el acto de Pablito y ni siquiera te acordaste. Todavía no te lo puedo perdonar.
La lista de sospechosos es cada vez más extensa y menos precisa, dejó de tener sentido hace meses y sin embargo insistís en un caso perdido. Tu amigo Gastón. Los de la imprenta. Dolores Oldman. El finalista del concurso que ganaste. Tu primera novia, Victoria. Tu novia del colegio secundario, Andrea. La primera mujer que conociste cuando llegaste a Buenos Aires que también fue tu novia, Alejandra. Incluso yo pasé a estar en la mira ante la desesperación de encontrar una respuesta. Viajamos hasta Valeria del Mar persiguiendo una pista absurda y perdiendo tiempo valioso de nuestras vidas. No doy más.
Quiero dar por finalizado este asunto así que te voy a pedir algo. Estuve investigando y conseguí el mail de Andrea, si sacaron sus párrafos y le cambiaron el nombre en el libro publicado ALGO debe tener que ver. Todavía vive en Necochea. Escribile. Si ella desconoce el tema, quiero que cierres para siempre esta búsqueda de la verdad. Prometeme que vas a hacer eso. Te doy una última oportunidad antes de tirar la toalla en nuestra relación. Te amo y no me quiero separar. Pero así tampoco puedo seguir mucho más. Esto podría tomar años y no voy a enloquecer a la par tuya.
Según lo que me dijo Pocha, la amiga de tu mamá, el correo es: andrea.utuberry@necorreo.com.ar

Julieta.

*****

Juli, agradezco que hayas tenido el valor de sentarte a escribirme. La agonía me tapó el bosque, por momentos sentí que me estaba volviendo loco, verte caminar y dormir a Pablo fue mi cable a tierra todo este tiempo, aun si lo sostuve a conciencia.

Lo voy a abandonar, voy a abandonar la búsqueda, la paranoia, la intriga, todo. Quiero volver a mi vida de queja pormenorizada y sinsentidos simpáticos. De hecho le escribí a la casilla de Facebook de la Editorial diciendo que realmente ya no importa quién está detrás de esto, que la persecusión, finalmente, había sido a mí mismo; y que le deseaba a quien estuviera detrás de esto lo mejor, felicidad y paz y muchas publicaciones de propios universos o edificios.

No le voy a escribir a Andrea. No quiero darme otra vuelta de tuerca porque no me voy a poder soltar más si no. Quiero dejar esto en el pasado. Ya ni siquiera puedo escribir pasado sin pensarlo dos veces.

Te amo, gracias por ser incondicional.

*****

Estimado Aníbal,
¿Cómo estás? Aquí Daniel, el dueño de una editorial devenido en cervecero. Te pido disculpas por semejante demora, anduve con quilombos pero por suerte de a poco todo está volviendo a la normalidad. Cómo extraño los problemas de Del rombo, no te das una idea. Aunque lidiar con escritores es bastante parecido a lidiar con borrachos.
Mirá, pasó tanto tiempo que ya ni sé. De la gestión de los manuscritos no publicados se encargó una empleada que había contratado en su momento, Mariana Utuberry. También es de en Necochea, ¿la ubicás? Creo que te conocía porque eras amigo de su hermana o algo así, me lo dijo al pasar y mucha atención no le presté. Trabajó conmigo poco tiempo, me ayudó a terminar de liquidar mi tan exitoso emprendimiento.
¿Por qué no le escribís? Quizá ella sabe o recuerda qué pasó: mariutu78@necorreo.com.ar
Pasate por el local alguna noche así tomamos algo y de paso me traés La última entrevista con Bolaño.
Que sigan los éxitos.

Daniel.

*****

Aníbal! Primero, te pido disculpas por haberte tratado tan mal, el embarazo me tuvo terrible. Por suerte Aurora nació sana y yo volví a la normalidad. Bueno, la normalidad que supone dormir cuatro horas por día.

Segundo, reapareció Dolores, nos llamó desde un teléfono celular preguntando por el precio de otro libro. Cuestión que nuestro empleado la tiene clara con esto de Internet y buscó ese número, figura a nombre de Andrea Utuberry. Espero que te sirva.

Me voy a alimentar a la niña que llora desesperada. No me quejo, la buscamos durante mucho tiempo.

Saludos!

Jime Saldaña
Ventas
Impreflow S.R.L.

*****

Eso quería, verte rendido.

Los besos que nos dábamos a la salida del colegio en la casita abandonada de la calle Ing. Oldman 111, el escondite favorito de los adolescentes que supimos ser.
Nuestra primera vez, borrosa y atolondrada.
Jorge Massaneli Utuberry si era varón, Lina Massaneli Utuberry si era mujer. Apenas dieciséis años contaban nuestras vidas y sin embargo el destino nos obligaba a elegir nombres para un hijo que perdí tan rápido como la inocencia.
Vos te fuiste del pasado, eso hiciste. Yo todavía estoy ahí, ayer late.
¿Querés saber por qué? Yo te voy a explicar por qué.

*****

Leé la tercera y última parte de esta historia el martes 12/12 a la misma hora por el mismo canal.

 

 


Se acerca Navidad. ¿Creés en Papa Noel? Escribile una carta contándole lo bien que te portaste y pedile el libro. ¿Es una fecha más? ¿Un inventido de Coca-Cola? No le hagas el juego al capitalismo, combatilo con la melancolía del género epistolar, hacete de nuestro libro. ACÁ.

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