No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Emiliana & Doña Asunción

Mijita querida,
Las montañas amanecieron con gorritos de nieve, si usted supiera lo que le baila el vientito fresco en la cara a uno estaría igual de maravillada ante semejante espectáculo. Le pido me perdone por este pulso tembloroso, la artrosis es bicha. Hicimos pacto: ella me deja seguir escribiendo y yo le doy siesta. De gurisa me obligaban a dormir durante la tarde. Ay, ¡la bronca que me agarraba! Yo quería jugar y la catrera era mi cárcel. De grande renuncié a ese hábito del demonio. De vieja la necesito, burlón el destino que saca a bailar los odios añejos.

¿Cómo es eso de que quiere ser madre sin padre? Usted me explica y yo le entiendo. Es duro, mija. Cuatro mujeres parieron estas caderas, mi Atilio tenía pocas luces y mucho temperamento pero no sé qué hubiera hecho sin él. ¿No le gustaría esperar un cachito pa’ ver si le aparece el galán? Hablo de vieja, escuche con un oído y que le salga por el otro.
Acaba de cumplir cuarenta años, a mis cuarenta tuve a la Patricia. Y en esa época ni inseminación, ni clínica ni qué ocho cuartos. Fui al hospital, me enteré de que estaba embarazada y volví para tenerla. No me hice una ecografía, ¿puede creer? Otros tiempos. Rompí bolsa, terminé de juntar el maíz y me fui a parir. Al mes ya estaba de nuevo en el campo. Siempre fui una tora.

Por acá está todo tan tranquilo que grita. Las chicas quieren que baje y me instale en la ciudad pero a ese loquero me van a tener que llevar con el cajón. Es distinto en usted que hizo carrera. ¿Se acuerda de la primera vez que la contacté? Por ese entonces le decía Doctora Gatresse. Me resolvió el juicio en dos patadas. Qué mujerón, las babas se les caían a los otros abogados. Otra tora.

Aguardo noticias suyas. Nunca deje de escribirme, aunque no tenga tiempo, hágase uno para mí. Después de tantas cartas la siento familia.

Se la quiere con el alma. Cuídese,
Doña Asunción.

*****

Ya le fueron con el cuento nomás. ¿Quién se lo dijo? ¿Lautaro? Mire que pedí que la mantuvieran al margen, para que no pensara mal de mí ni tuviera miedo por los procedimientos.
Sí, Asunción, estoy planeando ser madre. Qué lindo volver a leerla, me tenía abandonada. Temí que con su idea de alejarse de todo lo citadino se hubiera olvidado de ponerme en una bolsa aparte.

Estoy feliz. Cuando finalmente pude desatar la idea de maternidad de la de familia tipo me sentí libre. No hace falta un marido para tener un hijo, simplemente hace falta una partecita de un hombre. Y le digo más, ya que estamos en confianza y con todo el cariño que nos tenemos, mi idea inicial era encaminar los trámites de adopción de una niña, pero estuve intentándolo todo el año pasado y ya no quiero esperar más. Me apena, porque realmente los genes no me importan, son lo de menos para mí, me importa tener un hijo; pero siento que el tiempo se me escapa de las manos como arena. El tratamiento es muy costoso y no garantiza resultados, recién voy por la etapa de estudios previos. Si hay novedades se enterará, si no es por mí, por alguna de sus palomas mensajeras.

Sé que encontrará un lugar en su corazón para comprender que tengo unas ganas locas de dar amor.

Cuénteme de usted. Si el frío no tiene buenos tratos, hablo con el Sol y pateamos el tablero. Usted sólo tiene que avisar.

La quiero mucho, doña Asunción.
Se me cuida, eh.

Emily-

*****

Queridísima,
El Lautaro es de bocaza floja, qué le vamos a hacer. Eso sí: el único de los peones que me trabaja aunque llueva, truene o relampaguee. No se encabrone, mi hijita. Imagínese que acá la única noticia es que la yegüita de Don Albarracín se escapó y me comió el rosal. Si no mezclamos la rutina con los chismes de la ciudad nos alcanza la angustia.

La felicito, la felicito tanto. Un hijo trae una felicidad que no se explica, el alma encuentra una paz que nunca. Voy a rezar para que le agarre el tratamiento.

No la comprendo, creo que le falta el marido, pero soy una vieja con poco estudio. Imagínese que fui al colegio hasta sexto grado, en mi época y situación era mucho. Me volví loca por la lectura, cuando conseguía un libro me lo devoraba en dos días. Noches enteras a la luz de la vela retorciéndome la córneas, lo feliz que era con tan poco. Volaba adentro de las historias, cualquier cosa leía: política, cocina, poesía; así aprendí todo lo que sé. Ahora no veo un carajo, perdone el desacato pero no encuentro mejor forma de figurarlo, no veo un carajo. Pero cada tanto mi nieta mayor me lee los cuentos que escribe. Son malos, si supiera lo mal que escribe. Ya le dije a la madre que la mande a hacer deporte. Y bueno.

Le decía que yo no la comprendo, pero eso qué importa, el amor no necesita entender. ¿Usted es feliz? Yo soy feliz. Así de simple.

Son lindos los hijos, pero dan un trabajo. Cuatro mujeres parieron estas caderas. Esa frase la repito mucho y más cuando algún bravucón se me quiere hacer el guapo. A mí nadie me viene con zonceras, las cucarachas envidian mi capacidad de supervivencia. En un tiro se me agarraron varicela las cuatro al mismo tiempo. ¿Puede creer? Las cuatro. ¿Sabe lo que fue eso? No, no sabe. Hasta vino el cura a bendecir la casa porque creía que teníamos una maldición. Qué borracho era ese cura, Dios mío. Y andaba con la Nora, todos lo sabíamos pero qué le íbamos a decir, pobre tipo encerrado en esa capilla llena de humedad.

¿Ya eligió nombres? Cuénteme más, yo no le digo a nadie. Para nosotros es una alegría, no tiene idea.

No veo un carajo pero su letra la leo a la perfección, lo que es la cabeza, ¿vio?

La adoro,
Doña Asunción.

*****

Acá estoy Doña Asunción, me demoré porque a veces dejo que las arenas movedizas de vivir en estos pagos hagan conmigo lo que quieran. Tengo unas ganas de estar ahí al lado imposibles de describir. Que no haya palabras siempre es indicador de que sentir le gana a cualquier cosa, por más testarudos que nos ponga. Todavía ni noticias. Los especialistas dicen que se puede volver a probar y que los análisis me dan bien, con lo cual no habría por qué pensar que mi cuerpo está siéndole hostil o rechazando nada. Estoy algo desanimada, no se lo voy a ocultar, además usted puede leerme en vivo, por carta, hasta por señales de humo seguramente.

Trato de mantenerme optimista pero no se me da y el amor que tengo para un hijo, con ese amor yo ya no sé qué hacer. Las ganas de mimarlo, todo. Temo que esta sea mi última oportunidad, que en algún lado esté escrito que mi destino no es ser mamá y no me quede más opción que acatar y seguir.
Yo le juro que veo el encanto en todo lo que usted me cuenta de su vida, y me hubiera encantado nacer hija suya, pero las cosas cambiaron y es realmente difícil encontrar pareja, el tiempo pasa, no me enamoro, no se me enamoran, las cosas no fluyen y me cansé de pretender que estoy bien. Prefiero estar mal sola que estar mal acompañada. Yo me conozco, me sé llevar, me entiendo mis momentos y me los respeto. Si formo una pareja con el único fin de haber formado una pareja, todo lo que me respeto se va a esfumar.

Tengo nombres pensados pero prefiero no escribirlos para que no duelan.
No voy a bajar los brazos, pero sí quizá deba hacer las paces con otras ideas y otro futuro que el que quiero para mí.

Perdón si en esta carta se me nota triste, no supe cómo maquillar las letras.

La quiero muchísimo,
Emily

*****

Ay qué tristísima, hija mía. No me pierda la esperanza, se lo pido con el alma. Mire que yo me he batido a duelo con cuanta desgracia se me presentó y sin embargo acá estoy, renegando de llena por boberas de vieja. Usted es tora, no se olvide.

¿Sabía que mi primero fue un varón? El Ignacio me nació a los cinco meses. Se me murió de ser chiquitito, nomás. No hay tristeza más grande, le juro. Nunca saco el tema ni lo menciono porque me caen las gotas como cataratas, mire que ni el tiempo me curó el dolor. En el funeral de Atilio no lloré tanto como el día que enterré a mi varoncito. Atilio, si estás leyendo esto, dejá de joder y andá para la luz.
En ese momento dije que no iba a volver a engendrar un crío, cuatro hembras me mandó el destino, mire si se será cizañero. Lo que le digo es que la vida sabe quitar pero también sabe remendar. Y cada tanto se pone mansa y uno hasta le puede acariciar el lomo.

A mí me hubiera encantado tenerla como hija, las mías son vagas, usted tiene estudio. Lo que hubiera dado por ir a la universidad, y eso que soy bruta, sin embargo devoraba los libros, ¿le conté? Le voy a confesar una infidencia de mi juventud: para una navidad, agarré una sábana vieja y me hice un trajecito. Una pollera a la rodilla y un saco con solapas haciendo juego. Usted se reirá pero mi sueño era ir a la universidad vistiendo un trajecito. Imagínese las risas de los que me veían, “¡¿Qué te pudiste, Asunción?!” me decían. Ah pero yo era tan feliz, nadie se imagina.

El destino le tiene preparada una sorpresa, mija. Confíe en mi palabra. Algo bueno le viene, le juro. No sé si su sueño pero el mellizo o parecido.

Cuente si volvió a probar,
Doña Asunción.

*****

Doña Asunción de mi alma,
tras varios meses de depositar cada centavo de mi bolsillo y de mi esperanza en tratamientos de fertilidad, debo decirle que no he tenido resultados. Estoy bien, me tomó un tiempo pero hice las paces con que no me ha tocado ni me va a tocar. De a ratos me duele porque me pienso madre y esa fantasía me hace realmente feliz, pero bueno, tengo muchas otras cosas, es cuestión de aprender a valorarlas.

En la confusión y la urgencia de hacer algo con el amor adopté a un gatito. Es todo negro con los ojos medio alimonados. Se llama Suerte, sólo por jugar a creer en algo. Acá entre nosotras, en esta charla entre muchachitas que hemos logrado construir a pesar de la distancia, quiero contarle que creo que estoy enamorada. No del gato, no todavía al menos, pero empecé a frecuentarme con el enfermero de la clínica de fertilidad. Él es unos años menor, espero no se espante. Se llama Germán. Me hace reír como nunca nadie pudo. Estoy tratando de simular mucha más tranquilidad de la que anuncia mi pecho cuando lo ve o cuando hablamos por teléfono, pero temo que esa pantalla se parta en mil en cualquier momento.

Asunción, ¿qué le parece si voy a pasar las fiestas a su casa? No nos vemos hace meses, Lautaro me dijo que se va a quedar ahí porque no tiene plata para el pasaje a sus pagos, le ofrecí prestarle y su contraoferta fue que viajara yo. ¿Le gustaría? Iría sola en principio, no quiero que un mal movimiento con el susodicho tire todo por la borda porque me tiro yo también. No, no se preocupe, no estoy tan loca (creo).

Lo que sí, de atrevida nomás le pregunto, ¿podría ir con Suerte? Si no le gustan los gatos no se preocupe, seguro encuentre quién me lo cuide.

Bueno, si me da el sí le llevo el montón de semillas que vengo juntando para su huerta.
Espero esté muy bien.

La quiero mucho,
Emi

*****

Mi queridísima,
Se me estruja el pecho de la emoción, claro que me gustaría. Acá se arman unos fiestones que ni le cuento, son kilómetros de mesa y familia, se maman que da calambre. Usted está invitada y mire si no voy a querer un poco de Suerte. Si tiene que dormir con alguna de mis nietas no se preocupe, la casa es chica pero el campo grande y el corazón inmenso. Hay animales de todos los colores, espero que el gato sea corajudo porque son medio silvestres, sobre todo mis yernos.

Arregle con la Patricia y que la traigan, puede quedarse el tiempo que quiera, que no va a ser mucho porque ando con tantos achaques de vieja que a veces me despierto y manoteo la mesita de luz para ver si sigo entre los vivos. No se asuste, las arañas grandes dan más miedo que la muerte.

El Lautaro la pretende, ¿usted sabe? Merece, es mujerón. Quién le dice que en nochebuena se dan las doce y unos besos. El amor le encontró dueño pero acá estamos tan lejos de la cuidad que uno hasta cambia de identidad. En mis años mozos me pretendía un escritor francés, madre lo sacó a escobazos porque era medio chanta, ¿vio? Muerto de hambre, pa’ qué mentir. Me obligó a casarme con el Atilio, hizo bien. Pero cada tanto me escapaba con el otro y en el monte se nos hacía la noche y la vida. Después se volvió a Francia y yo ya no andaba para esos trotes. Otra juventud, si no me hacía la diversión se me alargaba la hora.
Ahora hay tanto para entretenerse y nadie es feliz. Le juro mijita que tener poco es mejor que tener mucho. Uno se pone más creativo, necesita menos, deja de esperar que le den y hace. Sea inteligente, valore lo que tiene. Todos andamos rengos por el deseo incumplido, qué se le va a hacer.

La espero, no se olvide las semillas.

La adora,
Doña Asunción.

 

 


Escribimos historias como esta hace un montón. Elegimos las mejores del primer año y las hicimos libro. Podés conseguir uno para vos, para regalar o para oler (no juzgamos) acá.

Anterior

Juliana & Emanuel

Siguiente

Juan Cruz & amigos

1 Comentario

  1. Marce

    Precioso! Y pide segunda parte, por favor!

Deja un comentario

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén