Fausto & Johana

Pretendo poco de este mail porque en todas las instancias anteriores sigo en línea de espera, pero llegué al nivel de desesperación de admitir estas cosas para saber qué pasa.

Joha, ¿estás bien vos? ¿Te empezó a incomodar algo? ¿Alguien? Ya los dos sabemos que esto no se puede en tanto vos sigas siendo mi alumna, o alumna de esta universidad para el caso. Pero me parece que ya estamos en el baile. A mí me gustás, me gusta lo que viene siendo. Pienso en vos cuando salgo del aula, también. Te veo tomar mate en el pasillo y sigo de largo pero no te saco de mi cabeza casi nunca.

Yo creía que estabas en la misma, pero siento que te me estás escapando. No me respondés, no me hacés caras en clase, qué sé yo, no me queda otra que preguntar, por más de que no sé si quiero saber la respuesta.

Perdoná si te resulta de algún modo increpante. Es todo lo contrario. Soy yo reducido a mi unidad mínima de inseguridades.

Ser (el) más grande a veces es una condena, no te creas.

fhs-


Fausto, ¿cómo va? Yo estoy acá, sigo en la misma de siempre, igual a la tuya, solo que un poquito cansada.
Me gustás muchísimo, de verdad, te veo y me derrito. Es una mezcla entre admiración, deseo, cariño y obsesión lo que me corre por el cuerpo, todo en la medida justa para que se me llene de cosquillas la panza cada vez que te veo. Pero también me siento como abrazando el aire…

De chiquita jugaba a tomar el té (nunca entendí por qué se espera que las niñas jueguen a merendar y los niños jueguen a divertirse). Tenía una mesita con sillitas rosas y toda la vajilla de plástico, que simulaba ser de porcelana, decorada con flores. Siempre venía una amiga y estábamos horas haciendo la mímica de tomar el té en tazas vacías. La gracia era pretender que sí pero aspirar aire. Así me siento ahora: imaginando que sucede lo que no tiene contenido.

Me encantan nuestras muecas en clase, las notitas ocultas en los parciales, los ojitos cuando nos cruzamos por los pasillos. Pero eso es todo lo que tengo de vos. Jamás compartimos ni un mate, muchos menos una caricia, ni hablar de un beso.

Quiero un beso, Fausto.

Me imaginé nuestro beso miles de veces, en cada rincón de la biblioteca, en cada piso del edificio, hasta entre los autos del estacionamiento. Quiero estar con vos. Me hace falta el calor de tu piel. Tenemos una relación a distancia estando a cinco metros de separación.

No sé si es porque la universidad tiene esas reglas retrógradas o porque no te gusto físicamente, me pregunto todo el tiempo por qué no damos ese paso, por qué no hacemos física toda esa conexión mental. Me muero de ganas de que me abraces. Aprieto la almohada contra mí pensando en vos. Me toco recordándote. Me visto pensando en tus colores favoritos.

No puedo seguir tomando de una taza vacía, quiero ponerle el cuerpo a esto.

Me llegó el rumor de que estás separado pero no divorciado y que seguís viviendo con tu mujer. ¿Eso es verdad?

Soy más chica pero tengo todo por delante y lo quiero con vos.

Johana.


Hace un mes y medio te acompañé a la parada del 132 y te quise dar un beso. Me corriste la cara. Tuvimos por lo menos cinco segundos de no decirnos nada. Yo mirándote a vos y vos mirando el piso. Cinco segundos de estar cerca tuyo después de que no quisieras responderme un beso son un montón de segundos, Joha. Pero lo entendí porque estábamos a un par de cuadras, era la hora de salida y todo eso que no quiero (pero aparentemente tampoco puedo dejar de) repetir.

Fue la primera vez que fue incómodo entre nosotros.

Me miraste y me dijiste que no podías. Y desistí pero porque quiero respetarte, porque te respeto, de hecho; no porque se me fueran las ganas. No me hables de muñecas y tu infancia porque pienso en el poco tiempo que pasó de eso a hoy, por lo menos con respecto a la mía. No sientas que acá no hay nada cuando sabés lo que me pasa porque te lo dije mil veces, te lo vivo diciendo, cada vez que puedo te escribo sobre lo linda que estás, que sos, que viniste, te vas, que todo el tiempo sos linda y no tengo que estar viéndote para confirmarlo.

A ver, vamos a ser claros. Ni yo voy a dejar mi trabajo ni vos vas a dejar tus estudios por esto. Sería imprudente y apresurado, pero tampoco creo que el factor adrenalínico nos propulse tanto. Lo que no entiendo es por qué ahora de repente querés un beso. Por qué se te fue la cautela, cosa que no repudio, que en todo caso celebro, pero no termino de entender.

Estoy separado pero es complicado de explicar. Vivimos en un departamento del abuelo de Gabriela que está en sucesión, y hay mucho lío familiar de su lado por vender la propiedad y que nos mudemos, y ella está muy angustiada y no es el momento idóneo para abrirme. El país se derrumba, todo se derrumba y uno no puedo atajar los bloques de cemento y apilarlos en el patio hasta ver qué hacer con ellos. Ojalá tuviéramos patio. Aire. Ya los dos sabemos cómo nos sentimos. Como ya no nos sentimos, más bien. Está todo sobre la mesa, pero viste como es el contexto, un hijo de puta.

Es un tema que no debería alterarte, igual. Está controlado en su cajita de cristal punzante.

Si querés y cuando quieras, nos podemos encontrar. Sólo necesito que estés segura y cómoda con todo esto.
No me hagas pasar otros cinco segundos eternos.

fhs-


 

No lo entendiste. Recuerdo cada instante de ese viaje a la parada del 132, me temblaban las piernas, me corría transpiración fría por la espalda, no veía con claridad. Estaba tan nerviosa que en un momento pensé en que me iba a desmayar.
Vos, Fausto, enorme en todos los sentidos posibles. Yo, Johana, la petiza de rulos que apenas supera los veintiún años. La pareja dispareja que tanto anhelaba adentro de mi cabeza, materializada. ¿Sabés la cantidad de noches que me arrepentí por haberte corrido la cara? Todas. Todavía no puedo creer haber desperdiciado semejante oportunidad.

Fue timidez, me muero de vergüenza, no lo controlo. No sabés lo difícil que es para mí estar parada frente a alguien que me gusta, la inminencia de un beso es como una sentencia de muerte. Se me ponen los cachetes colorados, me ataca el pánico. No reacciono con inteligencia, me anulo.
Esa vez no me importaba ni estar a un par de cuadras de la facu, ni la hora de salida, ni el reglamento de una institución que no debería regular mi vida amorosa. No me daba la cintura para sostener el sueño cumplido. De pronto sucede lo que tanto anhelaste y es tan maravilloso que no podés abordarlo. Soy minúscula, me siento así. No merezco el deseo concretado.

Me tomó un mes y medio juntar el valor suficiente para reconocerte que ese beso inconcluso es el norte de mi felicidad y que lo quiero. Lo quiero tanto que lo ensayo todas las noches en mis ilusiones más perfectas. Pero las últimas noticias nublaron el panorama, mis coloridas expectativas ahora corren en blanco y negro. Me hubiera gustado saber por vos del “Gabriela Gate”, es un tanto injusto que me lo cuente la chusma de la cátedra. No soy quién para reclamarte nada pero no fuiste sincero y hay una mínima alerta que se enciende en mi interior.

Entiendo que entre la verdad y la mentira está el gris que supone ocultar, y cada uno lo acerca o aleja de los polos según su criterio. Para mí, este ocultar es casi un mentir. Me siento un tanto estúpida diciéndote esto porque quién soy yo para poner en jaque tu situación, pero la frase: “es un tema que no debería alterarte” no logra su intención.

Quizás es hasta mejor que a ese beso lo haya arrebatado un mal impulso. Tenemos todas en contra: la educación, la edad, tu situación edilicia y mis inseguridades recurrentes. Como si una inteligencia superior hubiera actuado por nosotros. Esto es el Titanic, una maravilla con pocos botes. Te tengo absurdamente idealizado, ¿cómo me salvo cuando me choque con la realidad y me rompa?

Dejemos que esto tan amorfo como perfecto se pierda por la alcantarilla.

Ahora me gustaría que me insistas.

No lo hagas.

No es histeria, es el deseo de verte luchar por mí para probar que realmente te importo.

Por favor, no lo hagas.

Johana.


Yo tengo ganas de darte un beso. Muchos besos. Si es por mí te acompaño a la parada todos los días hábiles del año y los fines de semana te toco el timbre y te acompaño también. A cualquiera. A la más lejana que lleguemos. Me gustás en ese sentido: quiero tener ratos juntos y mimarte. Ahora, no sé si me atrevería a decir que me pasa algo con vos en el plano sentimental. No porque eso no vaya a suceder, sino porque realmente se hace difícil construirlo sólo interactuando por mensajitos en papel de 3, 4 palabras y con alguna que otra carita cómplice.

No podemos avanzar si vos no me hablás, si te ponés nerviosa cuando me acerco. Fijate que en estas dos semanas nos vimos 6 veces pero sólo nos contestamos por mail. Entiendo que sos por demás tímida, pero tenemos que inventar la forma de encontrarnos a mitad de camino. Tampoco es justo para mí jugarla de sacacorchos cada vez que quiero una respuesta, así sea a algo sencillo como “¿venís al seminario del jueves?”. Decir todo esto me hace ‘el malo’ que estoy intentando no ser.

No tengo puesto ningún freno, pero tampoco me dejás acelerar. Y la inercia también se agota.

Si vos querés pasar tiempo conmigo, charlar, contarnos las cosas que nos fastidian, que nos gustan, los miedos; juntémonos. Dejemos de explicarnos qué sí y qué no y veamos en vivo qué mierda pasa. Yo por ejemplo no puedo dormir con placares abiertos. Uso crema de enjuague para peinarme para el lado que quiero más fácil. No renuevo mis medias desde el 2006. Me acuerdo porque compré 4 pares el día que quedamos afuera del mundial. Mi recuento antes de salir es plata, celular, llaves, pañuelitos. Vivo resfriado. Eso supongo que ya lo sabés. Hace 4 años que subo 1 kilo por año.

¿Y vos?
Vayamos a tomar algo. ¿Viernes a las 20 en el a6tuna?
Contame de vos.


Me duele que digas que solo tenemos mensajitos insignificantes en papel porque nuestras conversaciones de WhatsApp no se limitaron a las banalidades de lo cotidiano. Igualmente entiendo el punto, no hay un contenido concreto de dónde agarrarse. A mí nunca me hizo falta conocer de lleno a la otra persona para pasar al plano sentimental, siempre me bastaron mis idealizaciones, pero esa es una enorme mala mía.

Estamos dando tantas vueltas en círculos sobre la nada, nos siento así. Es todo humo. O excusas. O potencial. No sucede pero sí y a ninguno le alcanza, ya hablé de mis inseguridades y ya hablaste de tu situación. Siento que podríamos seguir intercambiando mails eternamente, es una manera de postergar. Y yo estoy postergando tu invitación, palabra tras palabra. Se nos está pudriendo la fruta en el árbol solo por no arrancarla a tiempo, hay un momento en el que tiene que suceder. Sos un mero espectador de cómo me escribo todo esto a mí misma.

Me gusta llenarme la boca de gomitas y masticarlas de a poco. Escucho mis propios audios. No miro películas de terror pero me encantan los programas sobre asesinatos pasionales. Mis límites son: tres porciones de pizza / cuatro empanadas / un cuarto de helado. En invierno duermo con la estufa y el ventilador. Dejo de secarme el pelo solo en pleno verano. Me gustás. Mucho.

Sí, vamos. O ahí estaré.

(Ya empecé a respirar cortito).


Tengo necesidades, piba. Y vos ya estás grande. Entiendo que cargás con un millón de preguntas y roscas pero quedó claro que yo no te las puedo responder y si no te vas a dejar coger en la puta vida, me bajo acá.

Me gustás, pero se me acabó la paciencia.
No quiero maltratarte ni presionarte así que prefiero cortar por lo sano.

Disculpá. Sabía de la diferencia etaria, no de la mental.

Beso.

fhs-


Ah, me querías coger. Qué bueno que mis vueltas de pendeja hayan hecho decantar eso. No lo hice a propósito pero qué buena estrategia resultó.

No, profesor. No me lo quiero coger.

Espero que esto no afecte mis notas, confío en su profesionalidad así como usted confía en mi prudencia. Le mando un saludo cordial.

Johana.

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26 Comentarios

  1. El nivel de “machito” de Fausto sobrepasa cualquier diferencia de edad.
    Y a ella LA AMO, FUERTE.

    Y a ustedes, que decirles, a veces dudo de que sean solo dos…(un poco me entristece el nivel de realismo que pueden lograr en imbéciles como Fausto, eso solo puede querer decir que los han vivido en carne propia).

    Gracias, de nuevo..-

    Hasta el próximo martes.

  2. Sofía

    Me dolió en lo más profundo de mi alma

  3. Pia

    No!! me ilusiono mucho en la vida real y ahora en la virtual.
    Amé el intercambio de hoy, ese final inesperado me descolocó un poco. Que lindo leerlas ♡

  4. agustinagrl

    ¡Me encantó! Es real y hermosa al mismo tiempo. Johana una divina, me gusta su forma de expresar sus sentimientos y cuando habla de sus inseguridades. Tengo muchas ganas de pegarle a Fausto.
    Ustedes increíbles como siempre, las quiero mucho 💕

  5. zagostina

    Adoré. Me encantó. Me pasa.
    Sin universidades ni profesor.

    Gracias 💛

  6. Lolo

    “A mí nunca me hizo falta conocer de lleno a la otra persona para pasar al plano sentimental, siempre me bastaron mis idealizaciones, pero esa es una enorme mala mía.” Brillante. Un espejo. El final me aniquiló.

  7. cali

    Me sentí reflejada en lo de la diferencia de edad (en mi caso a la inversa). Notable la forma en que expresan sus emociones. Amé el final desenamorado.

  8. El contexto ese hijo de puta… Que nos permite escondernos y no hacernos cargo. Al final de este relato se (lo?) corren y quedan todos desnudos, incompletos. Haciendo cada uno algo tan grande y tan chico como lo que puede. Genial ese final que los desencuentra a los personajes y nos encuentra a nosotros lectores con ustedes.
    MarrtinS

  9. Giro argumental. Me gusta ese recurso.
    Parecía que lo que impedía ese paso era unas reglas de la universidad. Y tal vez la indecisión de Johana. Pero el tal Fausto cayó en un exabrupto. Y así le fue. Lo mandaron bien lejos.

  10. Eve

    Amé. Demasiado. Al final siempre, SIEMPRE tarde o temprano muestran la hilacha.
    Sigan así.

  11. Este texto me pegó de lleno en la cara, no se si por la utilización casual de algunos nombres o sí porque en estos días ando extrañando más de lo que debo, y con mil cosas en la cabeza. GRACIAS una vez más por estás letras que a veces muto a catarsis. Gracias por esa terapia y el resto lo tendré que laburar con la psicóloga jajaja.
    Las quiero fuerte!

    @KarmaRocker

  12. Me encantó. Me encantan todas y cada una de las historias. Las sigo siempre. Me gusta dejar que pasen un par de semanas, y leerlas todas juntas, porque son fantásticas, con personajes reales. Es muy fácil identificarse con algunos personajes. Y a cuántos imbéciles como Fausto habré conocido…

    Abrazo!!

  13. Flor

    Que carajos?!
    Así quede. Amo lo que hacen. Gracias me llenan el alma 💜

  14. Victoria

    A mí nunca me hizo falta conocer de lleno a la otra persona para pasar al plano sentimental, siempre me bastaron mis idealizaciones, pero esa es una enorme mala mía.

    Ayyy, ay ay. Tranqui Johana, somos varias las que nos llenamos de idealizaciones. Sigan escribiendo, son enormes!

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