Manuel & Celina

Señor Manuel,
le escribo esta carta porque no sé cómo decirle esto de frente. Tengo algunos problemas con su señora. Yo estoy realmente feliz trabajando para su casa y su familia, y Matías y Julianita son muy tiernos y buenos conmigo, de hecho los fines de semana los extraño.
Pero la señora Andrea me pone realmente incómoda. Todas las noches de viernes, semana tras semana religiosamente me revisa el bolso a ver si me estoy llevando algo que no me pertenece.
Señor, yo jamás he robado en mi vida, soy una persona honesta, soy grande también, por lo menos para andarme con pavadas que pongan en riesgo mis ingresos fijos. No quiero ni necesito sus maquillajes, sus tapados, sus bufandas. Tampoco entiendo cómo es que me confía ciegamente a sus hijos pero cree que me puedo hacer de lo material que no es mío.
Es humillante, señor. No sé qué experiencias desafortunadas han tenido antes, pero no quiero someterme más a esa revisión como si los fines de semana fueran para mí libertad condicional y su esposa fuera el guardia de mi celda.
Perdoneme si lo hago, con esto, cómplice de mi incomodidad. Pero se me ha vuelto insostenible.
De todas formas, el domingo a la noche me tendrá en su puerta para lavar los platos y acostar a los nenes.

Nos vemos entonces.
Celina.


Celina,
Comprendo que le moleste la actitud de mi mujer, pero si usted es una persona honesta… ¿Cuál sería entonces el problema? No tiene nada que esconder. Podríamos revisarle hasta los bolsillos del saco de lana que usa de enero a enero sin encontrar ningún objeto para incriminarla.

No todo el que roba lo hace por necesidad, de hecho esos casos son los menos frecuentes. El poder, la envidia, la gula, la codicia, una adicción; podría pasarme la tarde enumerando razones por las que alguien se vería tentado a hacerse dueño de lo ajeno.

Dado el aprecio que le tenemos y los años que hace que trabaja en nuestra vivienda, vamos a cesar la revisión semanal de su bolso. Entienda que esto representa para nosotros un riesgo, en la casa tenemos objetos de valor que superan de forma holgada su sueldo, pero no queremos que continúe viviendo con esta incomodidad en el pecho.

Entienda también que cualquier beneficio conlleva una responsabilidad y que, a partir de ahora, cuando algo falte, los ojos se posarán sobre la persona que no permite que se revisen sus pertenencias. Digo, es una generalidad que la excede, cualquiera en sus circunstancias correría con la misma suerte.

Cuidar de nuestros hijos y realizar alguna tarea doméstica menor cuando la servidumbre tiene franco es su trabajo, confiar no es el nuestro. Todos tenemos dignidad, pero usted además tiene cinco hijos y tres nietos por los que se desvive. No sería incoherente pensar que ese soldadito importado que Mati tanto lloró, hoy en día habita en la casa incorrecta. No es una acusación, es una hipótesis para ejemplificar mi discurso.

Cuando en el verano organizamos el Día Feliz del Tío Manu y permitimos que los niños de nuestros empleados disfruten de nuestra pileta, siempre termina faltando algo. Lo tenemos contemplado en el presupuesto. Su nieta Noelí casi se lleva “por error” la campera Safari de Julianita. Bueno, cosas que pasan.

Le pido que deje de ver al amor de mi vida como la ejecutora de la silla eléctrica, cuando lo que nos mueve no es el descaro sino el sentido común. De todos modos, dejaremos de hacerlo.

Cualquier otra inquietud no dude en hacérmela llegar por carta o me llama a cualquiera de mis celulares.

Saludos cordiales,

Manuel.


Su mujer es mala conmigo, señor. Es sencilla y genuinamente mala. Es mala a conciencia. Y, ¿sabe qué es lo peor? A nadie le importa. No, ¿sabe qué es lo peor? No tengo otra opción más que soportarlo. Anteayer llegué y no me saludó, ni dio cuenta de mi presencia hasta que me gritó para preguntarme por qué le había puesto las sábanas de no sé qué superhéroe a Juli si son de Matías. No lo sabía, son de las nuevas que trajeron del último viaje. Me hizo cambiarlas en ese instante. Es parte de mi trabajo, lo comprendo, y no me molesta, pero hay formas y formas.

Sé que las empleadas domésticas se han ganado la fama de ladronas. No acuso de descabellada la sospecha. Y sé que mi familia no se ha comportado de la mejor manera en las pocas oportunidades de momentánea convivencia. Pero yo siempre brindé lo mejor de mí, y con todo el gusto. Su mujer me hace avergonzarme de mi condición, de mi situación. No sé si alguna vez lo ha notado. No me pasa con usted, mucho menos con las dos dulzuras que tiene por hijos. Pareciera que siente regocijo en dejar expuesto que hay cosas que yo jamás voy a poder vivir, placeres que me serán para siempre desconocidos, porque vivo en permanente lucha.

No renunciaré y le imploro que no reconsideré mi lugar en su casa. Pero la estoy pasando cada día peor. ¿Podría usted hablar con ella? Su maltrato trasciende la humillación que siento al ser revisada, es mucho más cotidiano, mucho más punzante a la vez.
Por favor, no se tome esto a mal. Puedo ver que es una gran madre y muy buena esposa, pero conmigo se comporta distinto.
Soy su tiro al blanco y los dardos nunca se acaban.
Quizás, si lo escucha de su boca, reconsidere cómo se me dirige.

Si quiere puede hablarme o responderme el viernes cuando esté retirándome, no quiero incomodarlo aún más.

Cariños,
Celina.


Mire, Celina, toda esta situación me resulta infantil. Digo, las cartas, las acusaciones, el adjetivo calificativo: “mala” y demás. Andrea no debería humillarla pero usted no debería tomarse tan a pecho los destratos de mi mujer. Al fin y al cabo, ninguna relación que dependa de un sueldo debería quitarle el sueño a nadie.
Cuando termine de escribir hablaré con ella, pero la colaboración debe ser bilateral.

Me gustaría compartirle un fragmento de la vida de mi mujer, para que lejos de angustiarse comience a entender. Demás está decir que cada palabra a continuación es absolutamente confidencial:

Andrea nació en una villa de emergencia rodeada de pobreza. Su padre la abandonó a ella, a su madre y a sus seis hermanos apenas nació. Su infancia fue un calvario, tuvo que salir a trabajar de empleada doméstica a los catorce. Recibió todo tipo de maltratos y abusos. En su adolescencia, cansada de ser el blanco de tanta hostilidad, empezó a colarse en la noche de los ambientes de poder para “enganchar” a un perejil que la salvara. Y ahí aparece en la ecuación el perejil que suscribe, es decir, el gordito pelado con problemas de estrabismo que se enamoró de una belleza morena de ojos grises. Ese soy yo.

No digo que sea una interesada, pero el motor no fue otro que el ascenso social. Hoy en día me ama con devoción y no tengo ninguna duda. No digo que sea un oportunista, pero jamás hubiera podido conquistar a semejante mujer con la cara poco agraciada que porto. Hoy en día la amo con devoción y no tengo ninguna duda.

Digamos que el resabio de su pasado infeliz todavía le genera puntadas en el humor, hay mucho resentimiento acumulado que va destilando en cada palabra dirigida a un empleado. ¿Es justo? Por supuesto que no. ¿Sucede? Sí, y va a ser muy difícil que cambie, mucho menos de la noche a la mañana.

No le pido que genere empatía, solo digo que lo tome como de quien viene. Y le doy otro consejo: hágale frente. Ella respeta a los que se manejan como pares. Celina, tu naturaleza sumisa tiene que empoderarse cada vez que te traten de forma injusta o abusiva. (El tutearla es un permiso que me doy por primera y última vez en esa oración.)

Escríbame en diez días y cuénteme si algo cambió.

La saludo,

Manuel.

Destruya esta carta después de leerla.


Señor, millón de gracias por su sinceridad y su tiempo. Debo decir que todos los que tenemos la certeza de que somos buenas personas vivimos esperando que nos llegue algo mejor. A veces no llega y a veces no tiene la forma que pensábamos. Otras veces sí. Y me alegro de que su mujer encontrara la salida de ese agujero infernal que es la miseria física y emocional. Nadie merece encarar hora tras hora, día tras día la supervivencia (no me atrevo a llamarlo ‘vida’) a esa condición.
No creo que eso le dé derecho a tratarme como lo más bajo de la raza humana. Pero quizás la búsqueda permanente de una mayor satisfacción con todo lo que la rodea es algo que ya forma parte de ella, de su personalidad.
Trataré de hacerme respetar un poco más. No, la palabra es valer. De hacerme valer.

Gracias, de vuelta, por la molestia. Y por sus dos hijos, tan querendones que sacan una sonrisa de un bloque de cemento.

Por último: usted no es feo, señor. No se coma ese personaje que su señora lo va a retar porque no es de origen orgánico.

Cariños,
Celina.


Me hizo reír, Celina. Gracias por considerar que mi fealdad, obvia y evidente, no es tal. Andrea come panchos a escondidas, yo me regodeo de mi genética poco suertuda, usted detiene la bala con una flor; cada uno se protege como puede.

Mis hijos la adoran y yo la respeto y creo que realiza un trabajo increíble. La vida de cada uno cuesta cada gramo de lo que pesa, que el valor nunca lo pongan los otros.

Y como dice Mati: “te ejo un bedsos poque me voyd”.

Cariños,
Manuel.

Anterior

Alejandro & Sofía, la continuación.

Siguiente

Haydée & Delfina

6 Comentarios

  1. Celina es demasiado generosa.
    Le recordaron su lugar de origen, como algo intimidatorio. Desdeñaron el efecto que tiene el ese trato desconsiderado. Y hasta anunciaron que será una potencial sospechosa por no querer que le revisen el bolso. Y además esa afirmación de que era sentido común hacerlo. Lo que confirma mi desconfianza del sentido común, sobre todo cuando es usado para juzgar.
    Andrea debería ser más comprensiva con alguien que está en una situación económica en que ella estuvo.

  2. relaut

    Al fin y al cabo, ninguna relación que dependa de un sueldo debería quitarle el sueño a nadie.
    todos los que tenemos la certeza de que somos buenas personas vivimos esperando que nos llegue algo mejor. A veces no llega y a veces no tiene la forma que pensábamos. Otras veces sí.
    La vida de cada uno cuesta cada gramo de lo que pesa, que el valor nunca lo pongan los otros.
    SIMPLEMENTE GENIAL

  3. Genial como atravesaron un conflicto de clase tan doloroso como eso y lo convierten en algo mas lindo. La autoindulgencia y mirada de Manuel me descompone por momentos pero al fin lo pude querer un poco mas.
    Gracias por eso.
    Abrazo (un poco mas tarde pero firme junto a no me olvide de vos, porque junto al w ya esta Crónica y no entrábamos los dos)
    MartinS

  4. Sergio R.

    Serias posibilidades de ser el mejor intercambio que hayan escrito.
    ¿Cuántas aristas tiene el amor? Lea NoMeOlvideDeVos, compre y consuma dos o más vinos, discuta, repita el procedimiento hasta encontrar la respuesta (o al menos acotarla).
    Besos a las dos!

  5. El texto me gustó mucho, pero creo que es peligroso si se interpreta como algunos de los comentarios que leí por aquí. Manuel es mala persona, (lo había puteado un poco más pero lo borré) victimiza a su esposa y trata de justificar su maltrato hacia Celina, que ante la sumisión no se empodera ni mucho menos, sino todo lo contrario: se somete aún más al maltrato.

    Acá no hay amor, hay una relación de dominio de Manual hacia Celina, y nada más. Repito, las cartas me encantaron, porque muestran el poder de la palabra para someter al otro..

  6. Excelente intercambio, uno de los que más me gustó hasta ahora.

    No tiene nada de amor Manuel, es un flor de hijo de puta. Y la domina a Celina que termina casi pidiéndole perdón.

    No hay nada de lindo en este conflicto de clase donde el sorete este humilla a la pobre mujer y victimiza a su esposa, hasta que Celina le da la razón.

Deja un comentario

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén

Carrito Item removido Deshacer
  • No hay productos en el carrito