Gastón & Victoria

¡Qué bueno todo lo que me contás, Gasti! Anduve mirando la página y me encanta, aluciné con esa mesita ratona color celeste pastel. Siempre fuiste un groso del diseño, en la cursada te admiraba y envidiaba en partes iguales.

Sí, la verdad es que nunca imaginé que mi marca iba a crecer tan rápido en tan poco tiempo. Le puse un laburo encima enorme, pero rindió sus frutos. El martes salgo para Asia, tengo varias ciudades que me quedaron pendientes de mi viaje anterior, quiero traer telas para la próxima colección y ya que estoy recorrer un poquito.

Quiero explicarte por qué reaparecí después de tantos (¿Cuántos? ¿Nueve? ¿Diez?) años, así, de la nada. En realidad, quiero explicarte pero no puedo, porque ni yo sé por qué. O sí sé, voy a sincerarme sobre algo que sucedió, lo que no sé es por qué me surge esta necesidad ahora. En fin, no le encuentro mucha coherencia, pero acá estamos.

Nosotros estuvimos saliendo un tiempito corto, dos meses, ¿te acordás? Calculo que sí, pero bueno, uno nunca sabe cómo recuerda la memoria del otro. Recién terminábamos el CBC, no teníamos ni 20 años. Resulta que la última vez que estuvimos juntos, antes de que te fueras de viaje a China, quedé embarazada. Me di cuenta al mes, no me venía y me hice un test. Fue un golpe en la nuca.
Para no convertir el tema en un dramón voy a tratar de manejarme en términos claros: no quería tenerlo así que lo aborté. En su momento no creí que fuera necesario hacerte saber de esto. Vos estabas en otro país y yo bajo ningún concepto tenía la voluntad de ser madre, por lo que me hice cargo del tema y mi vida siguió adelante. Consideré que nos estaba haciendo un bien a los dos.

Cuando volviste, ya no tenía sentido contártelo. Nosotros tampoco seguimos hablando así que preferí creer que nada había sucedido.
Ahora somos dos adultos dueños de empresas exitosas que le dan trabajo a decenas de personas. No hubiera ocurrido de haber continuado con el embarazo.

Necesitaba decírtelo. Ahora. Quizás es la madurez, quizás es que ya pasó el tiempo suficiente como para que no te golpee en la nuca, como me pasó a mí en ese momento. No sé si debería estar haciendo esto. Perdoname si no.

Te mando un beso enorme,

Victoria.


Me dejaste sin palabras. Es como la sexta o séptima vez que me siento a escribirte esta respuesta, por eso tardé algunas semanas. Realmente no sé qué decir. Por un lado te tengo mucha bronca porque me arrebataste la posibilidad de ser padre sin siquiera preguntarme qué quería. Digo, era el hijo de los dos. Por otra lado, no sé si hubiera querido tener un hijo en ese momento. Imaginate que ni sé si quiero tenerlo hoy. No pretendo pecar de egoísta con todo esto que te digo, pero creo que vos ya lo debés tener un poquito más digerido y yo soy un manojo de emociones desencontradas.

¿Cómo fue? ¿Te hicieron daño? ¿Fuiste a una clínica? ¿Alguien más sabe?
Y con algo de miedo, esta pregunta: ¿Podés ser mamá hoy? ¿Querés?

Disculpame si se me va la mano, trato de encaminar todo lo que siento y la verdad es que estoy haciendo lo posible como para no bastardear ni la cuestión ni lo que me pasa, pero me resulta difícil porque es un mail. Al fin y al cabo estamos hablando del hijo que no tuvimos en un puto mail. Y me duele.

Me gustaría que nos encontremos. No es justo que vos te saques de tu sistema el decírmelo y ahora yo tenga que cargar con esto sin poder hablarlo con nadie. Vos decidiste no decírmelo en ese momento, y no voy a juzgar esa decisión. No me atrevería a juzgar anda que hubieras decidido porque, vamos, éramos chicos. Éramos tontos. Ni siquiera “éramos” algo.
Pero yo no puedo seguir así como venía. Por eso necesito que nos juntemos, Victoria.

Sé que vivimos viajando y ni siquiera nos sabemos las caras hoy en día, pero arreglémoslo, por favor. No sé cómo voy a hacer si no te veo. Quiero abrazarte y decirte que va a estar todo bien, aunque ya estuvo todo bien porque llegué tarde y aunque tampoco haya sido todo.

Avisame. Arreglemos. Lo necesito.

Espero tu respuesta,

Saludos,
Gastón.


Gastón, si decidí escribirte y no sentarte en un café es porque no quiero hacer del tema una ceremonia. Entiendo que para lo importante se da la cara, pero yo ya le puse el cuerpo a esto. No voy a enfrentarme a ningún otro momento que pueda incomodarme o hacerme sufrir. Ahora la que podría pecar de egoísta soy yo, pero quiero preservar mi felicidad actual y no empañarla con el recuerdo de uno de los momentos más difíciles que tuve que atravesar.

Primero me arrepentí de haberte mandado el mail. Después, no te voy a mentir, me olvidé. Con los años aprendí a generarle un telón imaginario a todo eso que no quiero ver, y funciona. Se llama negación, pero también se llama supervivencia.

Me genera un escalofrío horrible en la espalda leerte utilizar el término “padre” o, incluso peor, “hijo”. Si te llego escuchar en persona creo que me desmayo. Deberías cuidar tu vocabulario. Estamos hablando de que interrumpí un embarazo, que era un feto. Medir la terminología es lo que diferencia a esta historia real de un melodrama absurdo.

Cuando me enteré se lo conté a mi mamá. Pensé que iba a poder abordar la situación sola pero me duró un día la heroína interior. Lo saben ella y Mica, mi mejor amiga. Mamá no quería que lo aborte pero sabía que lo iba a hacer más allá de su voluntad, así que me acompañó en todo el proceso. Fuimos a una clínica privada, no recuerdo el precio pero sí que fue carísimo.

Mi papá jamás se enteró. Solo ellas dos lo sabían. Y ahora, vos. No estaban de acuerdo con que te lo ocultara pero, aunque no me creas, quería salvarte. Con que yo tuviera que acostarme en esa camilla me era suficiente. Fue rápido y nada doloroso. No me hicieron ningún daño y, si quisiera, hoy podría ser madre. Pero es lo último que quiero. La psicóloga (empecé terapia después de esto) dice que me culpo y que por eso ahora me quito a conciencia la posibilidad de formar una familia mediante ciertas decisiones. Qué se yo, puede que tenga un punto.

Me rompe el corazón pensar que hay chicas que tienen que pasar por semejante momento sin ningún tipo de contención. Y que encima lo tienen que hacer de forma clandestina, como si fueran unas putas promiscuas asesinas. Nadie elige esto. Las cosas no salen como esperabas y tomás una decisión, el repudio social es violento e innecesario. Nadie puede opinar sobre tu cuerpo, tu futuro; no están en tu lugar pero pueden decirte lo que es ético hacer, ¿desde cuándo esta moral berreta es un principio de vida?

Perdón, el tema me interpela de sobremanera y no puedo sino defenderme, siento que tengo que hacerlo, incluso de ciertos pensamientos que me asechan a la noche.

Lo que te aconsejo ahora es que lo hables con alguien (un amigo) y con un profesional. Y que, por sobre todo, lo desdramatices. Ninguno sabe lo que hubiera pasado si en ese momento yo tomaba otra decisión, o si no la hubiera tomado por los dos. Pero sabé que, aunque me mandé sola, hice lo mejor. De eso no hay dudas.

No, no quiero que nos juntemos. Te leo cuándo y cómo quieras responder.


Victoria, retomo este vaivén después de meses porque en su momento no supe qué responder.
Te pido perdón por darte esa espalda, no te la merecías. Nada de eso por lo que pasaste te lo merecías y me habría encantado estar ahí para vos. La desesperación tácita se apacigua un poco cuando recuerdo que contaste con tu vieja y con tu amiga, pero late de a ratos, y muta a culpa rapidísimo.

Te felicito y admiro, aunque hoy de poco o nada sirva, aunque ni éstas ni ninguna palabra pueda volver el tiempo atrás y prevenirnos, cuidarnos, cuidarte del futuro que pasaste. Pero nunca está de más decirlo, creo. Sos una mina increíble y que ese episodio no haya obstaculizado tus objetivos laborales, tu sueño de convertirte en hoy, es realmente aplaudible.

Me cuesta mucho escribirte, siento que es desubicado de mi parte sentirme víctima en algún punto, por más ínfimo que sea. Todo lo que digo me parece una falta de respeto, un reduccionismo estúpido. Y a la vez, si no lo digo, titila la idea de que te vuelvo a faltar. A fallar.

No sé si a esta altura tiene algún sentido que te escriba, pero estuve con psicólogo (y psiquiatra) en este tiempo, tratándome. Tenías razón, debía hablarlo con alguien. Lamento que hayas tenido que lidiar, además, con toda esa moralina de bajo presupuesto que alimentan los que la miran desde casa, con disfunciones tan trágicas como que se haya roto el tostador, o que el técnico del cable otra vez sea impuntual. Y no hay escudo que aguante, imagino. Menos con veinte años.
También supongo que, en un segundo plano, tolerar a conciencia los problemas del resto habrá sido agotador.

Me gustaría verte. No para hablar de esto sino para verte. Me gustaría verte a vos, Victoria, mi ex compañera de cursada. La loca que anda suelta por el mundo trazando los patrones más interesantes que cualquier ojo pueda tener el placer de contemplar. Me gustaría sumarte a una muestra que estoy armando para noviembre en Alemania.
Pero te amplío cuando, si, y con tal de que accedas a juntarnos. No hay ninguna intención alternativa. Me gustaría verte, eso.

Un hijo no te define como mujer. Un aborto tampoco.

Gracias por cuidarme permanentemente.
Perdón por no haberte brindado el abrazo justo, ni todos los abrazos que debieron venir.

Espero que estés bien. Sos muy, la más bonita.

Saludos,
Gastón.


(Fueron meses largos. Esta vez no me olvidé. Pensé que me odiabas y ya no ibas a responder. Me hace feliz leerte de nuevo.)

Gracias A VOS por comprenderme. Perdón por no haberte dado toda la información que merecías y gracias, de nuevo, por tener la sensibilidad de ver más allá de tu propia historia y así ayudar a sanar parte de la mía.

No quiero verte porque no quiero que tu presencia reviva los recuerdos, pero al mismo tiempo siento que debería, ya que a vos te gustaría y fuiste enormemente maduro para lidiar con esto.

Te escribo en unas semanas, ¿sí? Ahora estoy enloquecida con la colección. Voy a escribirte, lo prometo.

Vos sos muy, el más bonito. Siempre lo fuiste y estoy segura de que a diario lo confirmás.

Te mando un abrazo.
Vics.

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14 Comentarios

  1. Patricia

    “Un hijo no te define. Un aborto tampoco.” Aplausos de pie, chicas. Muy oportuno con muchas cosas que vine leyendo estos días. Y qué bueno que en esta historia eso lo diga un hombre. Me llegó. Sigan, por favor

  2. MartinS

    Hace un rato largo que soy medio fans de ustedes (perdón el termino) y no siempre entendía bien porque. Esta vez me quedo muy claro porque sentí un Faaaaah y me dejaron sin habla y eso es mas difícil que ponerlas en la misma categoría que Los Ramones.
    El arte transforma mostrando todo de otra manera. Lo callado se escucha, por ejemplo y asi la cosa cambia porque ahora puede ser ignorado pero no callado. Ademas es un texto que le pone sentimientos a la política y politica a los sentimientos y asi da vueltas todo también.
    Quiero decirles muy fuerte una vez mas no paren que sigan y que en algún momento hay que editar en libro
    Abrazo enorme

  3. Pupi

    No me parece el mensaje más acertado, creer que solo porque es su cuerpo tuvo derecho a decidir es el mensaje más hembrista que pudieron dejar. Hay que aprender a dejar al autor fuera de la personalidad e ideales de los personajes, acá ustedes y los personajes son la misma cosa, y se nota muchísimo. Reitero, me preocupa el mensaje que dan, me molesta que la mujer se crea con derecho a decidir algo que es también del otro. Hace rato que para mi vienen en declive (desde que volvieron de las “vacaciones” que se tomaron de la pág), este post es mi despedida y no voy a volver a leerlas, aún así les deseo suerte en sus proyectos. un saludo, chicas!

    • Pupi, Sin menospreciar tu comentario, creemos que estás teniendo una confusión entre “autor” y “personaje”. El personaje es un ser ficticio inventado por un autor, que interviene en la acción de una obra literaria o de una película. Las características de los personajes las conocés a través de la narración, porque ellos las evocan o porque decantan por contexto. Las características de los autores se escriben en sus biografías. Nada tienen que ver con su obra. Nos resulta poco acertado tu comentario: “acá ustedes y los personajes son la misma cosa” ya que no nos conocés, no tenés información precisa sobre nuestra vida personal como para formular dicha hipótesis, que bien puede ser errónea ya que nos dedicamos a escribir ficción. Que el relato te resulte creíble y fluido no implica que sea representativo de nuestro discurso. No utilizamos los intercambios para “bajar línea”, contamos historias. Podés no estar de acuerdo con el mensaje, eso es respetable. Nuestra idea es abordar problemáticas cotidianas desde el amor, no complacer a los lectores desde un lugar vacío. Lamentamos este declive que sentís, pero aquí estaremos para cuando quieras volver. Un beso grande.

  4. Llegó acá por el blog de Luciano Sivori.
    Veo en este relato epistolar, a Victoria como una mujer dominante. Y a Gastón a alguien que no puede expresar sus sentimientos, lo que piensa frente a ella (o virtualmente frente a ella), sin luego retractarse.
    Victoria tomó una decisión drastica, que tal vez podría cuestionarse, al menos Gastón la llega a cuestionar. Y no fue capaz de decirlo en su momento. Y desaparece durante años. Y se preocupa por su felicidad actual y no le importa Gastón. Y hasta llega decir que mandó el mail, muy extenso y detallado, por error. Y cree que cambiando las palabras, los conflictos son menores.

  5. Lou

    Recién caigo acá y me dieron ganas de leer todo, absolutamente todo. Pero tengo una duda y necesito saber para entrar (aún más) en la(s) historia(s). ¿Son reales, ficción, 50/50?
    Ahí me pongo al día con todo. Beso!

  6. Romi

    Amo este intercambio, el toma y daca y la mesura que van desarrollando ambos. Espero que, así como Bryson y Amalia, Gastón y Victoria tengan continuación.
    Como siempre, son geniales. Gracias por cada martes.
    Un fuerte abrazo! ❤

  7. Muy bueno. Y comentando sobre comentarios que leí, no es hembrismo, es que la mujer decide si llevar 9 meses a alguien en la panza o no, es ella la que decide qué hacer con su cuerpo y su futuro, el hombre solo acompaña y respeta decisiones. No es estar más alto o bajo del otro, simplemente, las cosas como son. El cuerpo lo ponemos nosotras. Nosotras decidimos sobre esto. En fin, hermoso lo que hacen, Belén: siempre te leía en twitter, no sabía que eras la misma persona que escribía acá. Son divinas. Sigan así.

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