No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Mes: abril 2016

Gastón & Victoria

¡Qué bueno todo lo que me contás, Gasti! Anduve mirando la página y me encanta, aluciné con esa mesita ratona color celeste pastel. Siempre fuiste un groso del diseño, en la cursada te admiraba y envidiaba en partes iguales.

Sí, la verdad es que nunca imaginé que mi marca iba a crecer tan rápido en tan poco tiempo. Le puse un laburo encima enorme, pero rindió sus frutos. El martes salgo para Asia, tengo varias ciudades que me quedaron pendientes de mi viaje anterior, quiero traer telas para la próxima colección y ya que estoy recorrer un poquito.

Quiero explicarte por qué reaparecí después de tantos (¿Cuántos? ¿Nueve? ¿Diez?) años, así, de la nada. En realidad, quiero explicarte pero no puedo, porque ni yo sé por qué. O sí sé, voy a sincerarme sobre algo que sucedió, lo que no sé es por qué me surge esta necesidad ahora. En fin, no le encuentro mucha coherencia, pero acá estamos.

Nosotros estuvimos saliendo un tiempito corto, dos meses, ¿te acordás? Calculo que sí, pero bueno, uno nunca sabe cómo recuerda la memoria del otro. Recién terminábamos el CBC, no teníamos ni 20 años. Resulta que la última vez que estuvimos juntos, antes de que te fueras de viaje a China, quedé embarazada. Me di cuenta al mes, no me venía y me hice un test. Fue un golpe en la nuca.
Para no convertir el tema en un dramón voy a tratar de manejarme en términos claros: no quería tenerlo así que lo aborté. En su momento no creí que fuera necesario hacerte saber de esto. Vos estabas en otro país y yo bajo ningún concepto tenía la voluntad de ser madre, por lo que me hice cargo del tema y mi vida siguió adelante. Consideré que nos estaba haciendo un bien a los dos.

Cuando volviste, ya no tenía sentido contártelo. Nosotros tampoco seguimos hablando así que preferí creer que nada había sucedido.
Ahora somos dos adultos dueños de empresas exitosas que le dan trabajo a decenas de personas. No hubiera ocurrido de haber continuado con el embarazo.

Necesitaba decírtelo. Ahora. Quizás es la madurez, quizás es que ya pasó el tiempo suficiente como para que no te golpee en la nuca, como me pasó a mí en ese momento. No sé si debería estar haciendo esto. Perdoname si no.

Te mando un beso enorme,

Victoria.


Me dejaste sin palabras. Es como la sexta o séptima vez que me siento a escribirte esta respuesta, por eso tardé algunas semanas. Realmente no sé qué decir. Por un lado te tengo mucha bronca porque me arrebataste la posibilidad de ser padre sin siquiera preguntarme qué quería. Digo, era el hijo de los dos. Por otra lado, no sé si hubiera querido tener un hijo en ese momento. Imaginate que ni sé si quiero tenerlo hoy. No pretendo pecar de egoísta con todo esto que te digo, pero creo que vos ya lo debés tener un poquito más digerido y yo soy un manojo de emociones desencontradas.

¿Cómo fue? ¿Te hicieron daño? ¿Fuiste a una clínica? ¿Alguien más sabe?
Y con algo de miedo, esta pregunta: ¿Podés ser mamá hoy? ¿Querés?

Disculpame si se me va la mano, trato de encaminar todo lo que siento y la verdad es que estoy haciendo lo posible como para no bastardear ni la cuestión ni lo que me pasa, pero me resulta difícil porque es un mail. Al fin y al cabo estamos hablando del hijo que no tuvimos en un puto mail. Y me duele.

Me gustaría que nos encontremos. No es justo que vos te saques de tu sistema el decírmelo y ahora yo tenga que cargar con esto sin poder hablarlo con nadie. Vos decidiste no decírmelo en ese momento, y no voy a juzgar esa decisión. No me atrevería a juzgar anda que hubieras decidido porque, vamos, éramos chicos. Éramos tontos. Ni siquiera “éramos” algo.
Pero yo no puedo seguir así como venía. Por eso necesito que nos juntemos, Victoria.

Sé que vivimos viajando y ni siquiera nos sabemos las caras hoy en día, pero arreglémoslo, por favor. No sé cómo voy a hacer si no te veo. Quiero abrazarte y decirte que va a estar todo bien, aunque ya estuvo todo bien porque llegué tarde y aunque tampoco haya sido todo.

Avisame. Arreglemos. Lo necesito.

Espero tu respuesta,

Saludos,
Gastón.


Gastón, si decidí escribirte y no sentarte en un café es porque no quiero hacer del tema una ceremonia. Entiendo que para lo importante se da la cara, pero yo ya le puse el cuerpo a esto. No voy a enfrentarme a ningún otro momento que pueda incomodarme o hacerme sufrir. Ahora la que podría pecar de egoísta soy yo, pero quiero preservar mi felicidad actual y no empañarla con el recuerdo de uno de los momentos más difíciles que tuve que atravesar.

Primero me arrepentí de haberte mandado el mail. Después, no te voy a mentir, me olvidé. Con los años aprendí a generarle un telón imaginario a todo eso que no quiero ver, y funciona. Se llama negación, pero también se llama supervivencia.

Me genera un escalofrío horrible en la espalda leerte utilizar el término “padre” o, incluso peor, “hijo”. Si te llego escuchar en persona creo que me desmayo. Deberías cuidar tu vocabulario. Estamos hablando de que interrumpí un embarazo, que era un feto. Medir la terminología es lo que diferencia a esta historia real de un melodrama absurdo.

Cuando me enteré se lo conté a mi mamá. Pensé que iba a poder abordar la situación sola pero me duró un día la heroína interior. Lo saben ella y Mica, mi mejor amiga. Mamá no quería que lo aborte pero sabía que lo iba a hacer más allá de su voluntad, así que me acompañó en todo el proceso. Fuimos a una clínica privada, no recuerdo el precio pero sí que fue carísimo.

Mi papá jamás se enteró. Solo ellas dos lo sabían. Y ahora, vos. No estaban de acuerdo con que te lo ocultara pero, aunque no me creas, quería salvarte. Con que yo tuviera que acostarme en esa camilla me era suficiente. Fue rápido y nada doloroso. No me hicieron ningún daño y, si quisiera, hoy podría ser madre. Pero es lo último que quiero. La psicóloga (empecé terapia después de esto) dice que me culpo y que por eso ahora me quito a conciencia la posibilidad de formar una familia mediante ciertas decisiones. Qué se yo, puede que tenga un punto.

Me rompe el corazón pensar que hay chicas que tienen que pasar por semejante momento sin ningún tipo de contención. Y que encima lo tienen que hacer de forma clandestina, como si fueran unas putas promiscuas asesinas. Nadie elige esto. Las cosas no salen como esperabas y tomás una decisión, el repudio social es violento e innecesario. Nadie puede opinar sobre tu cuerpo, tu futuro; no están en tu lugar pero pueden decirte lo que es ético hacer, ¿desde cuándo esta moral berreta es un principio de vida?

Perdón, el tema me interpela de sobremanera y no puedo sino defenderme, siento que tengo que hacerlo, incluso de ciertos pensamientos que me asechan a la noche.

Lo que te aconsejo ahora es que lo hables con alguien (un amigo) y con un profesional. Y que, por sobre todo, lo desdramatices. Ninguno sabe lo que hubiera pasado si en ese momento yo tomaba otra decisión, o si no la hubiera tomado por los dos. Pero sabé que, aunque me mandé sola, hice lo mejor. De eso no hay dudas.

No, no quiero que nos juntemos. Te leo cuándo y cómo quieras responder.


Victoria, retomo este vaivén después de meses porque en su momento no supe qué responder.
Te pido perdón por darte esa espalda, no te la merecías. Nada de eso por lo que pasaste te lo merecías y me habría encantado estar ahí para vos. La desesperación tácita se apacigua un poco cuando recuerdo que contaste con tu vieja y con tu amiga, pero late de a ratos, y muta a culpa rapidísimo.

Te felicito y admiro, aunque hoy de poco o nada sirva, aunque ni éstas ni ninguna palabra pueda volver el tiempo atrás y prevenirnos, cuidarnos, cuidarte del futuro que pasaste. Pero nunca está de más decirlo, creo. Sos una mina increíble y que ese episodio no haya obstaculizado tus objetivos laborales, tu sueño de convertirte en hoy, es realmente aplaudible.

Me cuesta mucho escribirte, siento que es desubicado de mi parte sentirme víctima en algún punto, por más ínfimo que sea. Todo lo que digo me parece una falta de respeto, un reduccionismo estúpido. Y a la vez, si no lo digo, titila la idea de que te vuelvo a faltar. A fallar.

No sé si a esta altura tiene algún sentido que te escriba, pero estuve con psicólogo (y psiquiatra) en este tiempo, tratándome. Tenías razón, debía hablarlo con alguien. Lamento que hayas tenido que lidiar, además, con toda esa moralina de bajo presupuesto que alimentan los que la miran desde casa, con disfunciones tan trágicas como que se haya roto el tostador, o que el técnico del cable otra vez sea impuntual. Y no hay escudo que aguante, imagino. Menos con veinte años.
También supongo que, en un segundo plano, tolerar a conciencia los problemas del resto habrá sido agotador.

Me gustaría verte. No para hablar de esto sino para verte. Me gustaría verte a vos, Victoria, mi ex compañera de cursada. La loca que anda suelta por el mundo trazando los patrones más interesantes que cualquier ojo pueda tener el placer de contemplar. Me gustaría sumarte a una muestra que estoy armando para noviembre en Alemania.
Pero te amplío cuando, si, y con tal de que accedas a juntarnos. No hay ninguna intención alternativa. Me gustaría verte, eso.

Un hijo no te define como mujer. Un aborto tampoco.

Gracias por cuidarme permanentemente.
Perdón por no haberte brindado el abrazo justo, ni todos los abrazos que debieron venir.

Espero que estés bien. Sos muy, la más bonita.

Saludos,
Gastón.


(Fueron meses largos. Esta vez no me olvidé. Pensé que me odiabas y ya no ibas a responder. Me hace feliz leerte de nuevo.)

Gracias A VOS por comprenderme. Perdón por no haberte dado toda la información que merecías y gracias, de nuevo, por tener la sensibilidad de ver más allá de tu propia historia y así ayudar a sanar parte de la mía.

No quiero verte porque no quiero que tu presencia reviva los recuerdos, pero al mismo tiempo siento que debería, ya que a vos te gustaría y fuiste enormemente maduro para lidiar con esto.

Te escribo en unas semanas, ¿sí? Ahora estoy enloquecida con la colección. Voy a escribirte, lo prometo.

Vos sos muy, el más bonito. Siempre lo fuiste y estoy segura de que a diario lo confirmás.

Te mando un abrazo.
Vics.

Adriana & Marcela

Ernesto, sé que el viernes te vas de vacaciones pero no me respondés el teléfono y no sé si la incompetente de tu secretaria te pasó los cien llamados que te hice. Es importante esto y sola no lo puedo frenar; y es tu hija también.
Malena se está arrancando el pelo otra vez. Esta vuelta, de a mechones. Pestañas, cejas, todo.

No sé cómo manejarlo, habló con la psicopedagoga del colegio y le dijo que no le pasa nada, que le gusta cómo se siente el pelo saliendo de la piel, nada más. Eso le dijo.

Siente placer en lastimarse, Ernesto. Estoy desesperada, ya no sé qué más probar. Va a quedarse pelada en cualquier momento. Por favor decime si en tu casa pasa algo, si hay algún problema, si sabés qué puede estar disparando estos ataques.

Yo mañana la llevo a una entrevista para que empiece el psicólogo. Contra su voluntad, pero es lo único que se me ocurre.

También pensé en que le es un poco de las pastillas que tomás vos para que te crezca más pelo, pero no sé si son para chicos, tampoco si son para mujeres.

Perdón por el timing, no podía esperar. Por lo menos respondeme si vos sabés de algo que la pueda estar perturbando.

Cuidémosla.

Y no te atrases este mes con la cuota alimentaria, por favor. Hay cuentas a pagar.

Saludos,
Adriana.


Hola Adriana,

Ernesto me pidió que te responda porque está realmente muy ocupado planificando su viaje de negocios. También me pidió que te aclare justamente eso, que no son vacaciones.

Sería mucho más cómodo para todos que te abrieras una casilla de mail y no usar a la nena de intermediaria para hacernos llegar cartas. O que te compres un celular con WhatsApp, hablar por teléfono es un tanto obsoleto y la oficina no es un ámbito para trasladar los problemas personales. Sé que sos reacia a la tecnología pero no tengas miedo, es todo muy simple de manejar.

No sé qué decirte. Cuando está con nosotros, Malena es plenamente feliz. Jamás la vimos arrancarse el pelo ni generarse ningún tipo de daño físico. En casa se divierte, baila, canta, se disfraza, juega con los melli. No la notamos triste o angustiada, al contrario, cada vez que viene tiene una sonrisa enorme. Se pone mal solo cuando tiene que irse.

Creo que tenés que rever tu situación con ella y ambas deberían ir al psicólogo, juntas. Claramente el problema está en su vínculo. No sé si existe una suerte de terapia madre-hija, pero de ser así, no lo dudes.

Lamentamos habernos atrasado en la cuota, entre el trabajo, el viaje de Erni, los mellis y el bebé que viene en camino se nos pasó. No va a volver a suceder.

Quiero que, aunque no esté su papá, esta semana me mandes a la nena. Sus hermanos la extrañan si pasan muchos días sin verla y sé que ella también lo resiente. Además ahora tenemos a la perrita y Malenchu está enloquecida. Subí unas fotos a Facebook, ¿tu hermana tiene cuenta, no? Si vas a la casa pedile que te las muestre.

La paso a buscar el miércoles por el colegio y me la traigo. Escribime para saber cómo sigue todo.

Saludos,
Marcela.


Marcela, hablo con vos entonces, buenas tardes.
Desde ya que voy a ir a terapia con Malena, es mi hija, y si puedo hacer algo para que sea más feliz o viva una mejor vida, lo voy a hacer. La carta fue para que trabajáramos en conjunto su papá y yo. Te cuento que tengo Whatsapp y he intentado comunicarme con Ernesto por ese medio, pero no me responde. Una sola vez me dijo “reunión, te llamo en 40”. Y nunca lo hizo. Te mandaría las capturas de pantalla (cosa que, irónicamente, me enseñó Male) pero no es el punto de este vaivén y no pretendo farandulizarlo.

Desde ya agradezco que quieras a mi hija como si fuera tuya y le hayas dado los hermanos que yo no pude, pero no seas injusta conmigo. Sos mujer vos también, incluso sos madre; sabés qué cosas hieren y cuáles directamente la dejan a una hecha pelotita en el colchón.

Yo estoy desviviéndome porque Malena tenga todo lo que un chico de su edad debe tener. Amigos, actividades, amor. Ernesto se olvida mes por medio de depositarme los 7 mil pesos que debe, conforme lo dictado por el juez. Son 7 mil pesos, Marcela, y son para su hija. Y no sé si te dijo, pero me hace presentarle un racconto mes a mes de cómo se invirtieron porque teme que los use para mí.
Diecisiete años juntos y qué poco me conoce.

Yo estoy muy angustiada con la situación, y ahora que me decís que en tu casa vive un parque de diversiones, el doble.

Por supuesto que va a poder ir a ver a sus hermanos. Para mí es importantísimo que los tenga. Yo los tengo y son mi faro.

Es su hija, Marcela, si no me entendés como ex mujer de tu marido, entendeme como madre. Ernesto tiene que ocuparse emocionalmente. No es sólo cuestión de plata. Y yo no quiero que viva dos mundos distintos, dos realidades diametralmente opuestas; quiero que Male pueda ser feliz con su papá y con su mamá, independientemente de que ustedes puedan darle un marco familiar y yo no haya re-hecho mi vida con otra persona.

Avísale a su papá y te cuento a vos, no que ninguno haya preguntado, que la entrevista fue bien y ya tuvimos una primer sesión con la que quedé muy conforme. Es más bien didáctica la psicóloga, trabaja con juegos, pero Male se divirtió mucho. Sigue arrancándose pelo, pero parece que menos.

Preferiría continuar estos intercambios con Ernesto, sin ánimos de ofender. Así que decrle que cuando pueda me escriba. Él tiene mi dirección de mail.

Saludos y muchas felicidades por esa panza hermosa.

Adriana.


Adriana,

Ernesto me facilitó tu dirección de mail y me pidió que por favor me encargue del inconveniente ya que está sobrepasado de actividades y no puede detenerse en el tema en este momento. Los 7 mil pesos que con tanta liviandad reclamás los genera un trabajo de tiempo completo, es una chicana absurda e innecesaria esto de “ocuparse emocionalmente”. Querés que la lleve a la plaza pero ponés el grito en el cielo si te falta un peso a principio de mes, ¿en qué quedamos?

Te excede entender nuestra situación porque tu trabajo en la mercería no podría generarte mayores complicaciones, pero nosotros somos dos profesionales que hacemos malabares para llenar los espacios en donde se nos necesita. Ponete en nuestro lugar por un segundo y comprendé que hacemos lo mejor que podemos. Y, gracias a nuestra capacidad, nos sale muy bien.

Nos alegra muchísimo que la entrevista haya sido exitosa, desde nuestro lugar vamos a seguir colaborando para que Male sea una nena alegre y feliz.

Creo que tu angustia va más allá de este tema que nos convoca. Creo que estás angustiada, punto. No deposites tus frustraciones en tu ex marido o en tu hija, y no lo digo desde un lugar de superioridad, sino para hacerte reaccionar. Sos una mujer adulta y divorciada, tenés un futuro prometedor, hacelo funcionar desde tu voluntad. Vas a poder rehacer tu vida el día que puedas soltar el pasado. Soltá el pasado, Adriana.

Ojalá mis consejos te puedan ayudar.

Recordá que paso a buscar a Male el miércoles por la escuela. Seguramente la lleve a comprase un vestido largo, el otro día estuvo revisando los míos de María Cher y quedó maravillada. Es chica para vestido, pero que lo use para jugar.

Te mando un abrazo enorme,

Marcela.


“…que me encargara del inconveniente”; siempre lo mismo. Y la plata la reclamo para Malena. Para la cuota del primario. Para las clases de comedia musical. Me siento hasta tonta explicando esto.

No me aferro a un ex porque, en primer -y más importante- lugar, no es simplemente un ex. Es el padre de lo más lindo que me pasó en la vida. Y le voy a estar eternamente agradecida por haberlo hecho posible. Pero quiero, necesito, que la criemos juntos, no por separado. No deposito mis frustraciones en Ernesto. Hablo con él sobre mi hija porque es su hija, también. Porque es nuestra hija. Y ni siquiera puedo lograr eso: hablar con él. No te imaginás lo que duele esta espalda. De verdad creo que no podrías comprenderlo nunca.

Este intercambio comenzó con la intención de cuidar a Malena y termina así, en la nada misma. Yo la voy a seguir llevando a la psicóloga y los voy a mantener al tanto porque son parte de su familia. Pueden no responder.
Pero no pretendo seguir esta conversación si no es por otro tema que no sea el bienestar de mi hija. Todos los temas que ustedes crean adyacentes los pueden tratar en la cama antes de irse a dormir. Conmigo, les pido (te pido), sólo de Malena.

No me conocés, Marcela, no me acomodes en lugares comunes de mujer divorciada de un acaudalado. Yo celebro que Ernesto haya re-hecho su vida y con vos; pero te pido que no me devuelvas consejos para sacarme de la depresión ensimismada en la que no tenés idea si me encuentro. No tenés idea.

Entonces, paso a contarte que su terapia sigue bien aunque el otro día le preguntó hace cuánto que vivía conmigo y se largó a llorar. La psicóloga dijo que debe ser de las primeras veces que habla del divorcio de sus padres, por eso el impacto. También le preguntó si papá le compraba cosas lindas y dijo “papá no, Marcela”. Todo esto para que lo tengamos en cuenta de acá en adelante.

Les iré contando si les interesa.

Realmente espero que tu embarazo siga su curso lo mejor posible y se mantengan felices, y haciendo felices a los que los rodean.

Me alegra lo del miércoles. Comprale, si querés, también un enterito. Ella mira un programa a la tarde que conduce una chica con enterito azul y siempre dice que le gusta. Yo le estoy haciendo uno, pero es lila y no sé qué tan bien puede salir.
Por otro lado, vas a poder ver que las cejas ya le están volviendo a crecer en la parte que se había arrancado, pero hay que prestarle atención. Bah, sugiero.

Reitero el pedido de que le digas al padre de mi hija que me gustaría hablar con él, de ser posible; no con su representante. No creo en absoluto que lo de ocuparse emocionalmente sea absurdo. Pero en fin.

Cariños,
Adriana.


Adriana,

Ernesto me comunicó que la semana que viene te va a llamar, sin falta. Que lo disculpes. Y no soy su representante, soy su esposa, no lo olvides.

Por favor, mantenenos al tanto de todo lo que suceda con Malena.

Te adjunto una foto de la nena probándose vestidos, se eligió uno rosa y le queda hermoso. Ahora se hace hace llamar: “la princesa Marcela” y sus hermanos son sus criados, es muy divertido.

Muchas gracias por los buenos deseos.

Cariños,
Marcela.

Martín & Natalia

Madrid se está haciendo larguísimo. Todavía faltan dos semanas y ya no aguanto las ganas de ahogar la rutina en tu abrazo.
El congreso es perfecto, pero la noche me encuentra con una suerte de jet lag de tu piel, no puedo parar de pensar en nuestra despedida.

Llegué al departamento y, sin siquiera poder dejar la cartera, me pusiste contra la pared del comedor y me sacaste la ropa en un solo movimiento. Las manos te hervían y yo sentía como me iban quemando mientras me tocabas. Nunca me mojé tan rápido. Esos besos, Martín, esos besos. Esa lengua ancha y toda su superficie contra mí, tus dientes, que por momentos mordían mis labios y por momentos mordían los tuyos.
Te arranqué el short de fútbol con la mirada y después con la intención, te grité: “¡cogeme!” con tanta fuerza que te anestesié el tímpano, no me importó, no me importaba nada más que tenerte adentro.
Me agarraste del culo y me llevaste a upa hasta la cama mientras te besaba el cuello, los oídos, la cara; no podía contenerme. Me tiraste contra el colchón con ese dejo de desprecio que me vuelve loca, me chupaste la concha con desesperación, te acabé en la boca a los gritos y sin poder parar de temblar.
Sin darme tiempo a recuperarme me diste vuelta, tenías la pija dura y mojada, me la metiste tan adentro como nos permitían nuestros cuerpos. Hundí la cara contra la almohada y empezamos a gemir en sincronía, con una mano me tirabas del pelo y con la otra presionabas mi cadera contra la tuya. Me acabaste, mucho, sentí como acabaste.
No se te bajó, no se te iba a bajar en toda la noche, y haciendo de la cama un enchastre me diste vuelta de nuevo, te acostaste y me subiste encima tuyo. Creo que el sonido de nuestros líquidos era lo que más me calentaba. No duré un segundo, acabé de nuevo, pero esta vez me tapaste la boca con la mano para que no grite y me pediste de mala manera que me calle, y fue peor, porque me calentó más, y acabé más fuerte, y te mordí los dedos, y te encantó.
Ni siquiera me preocupé por recuperar el aliento que ya estaba chupándote la pija y las bolas con ganas, con ganas y cara de puta. Te volviste loco. Los ojos se fueron para atrás. No sabías si acabarme en la boca o en las tetas así que hiciste un poco de ambas, y estuvo muy bien, pero yo seguía caliente y vos también, así que nos dimos cinco minutos de tregua y volviste a metérmela con ganas. Y así, con cada centímetro de nuestros cuerpos en contacto, mirándonos a los ojos, acabamos al mismo tiempo.

Extraño que me cojas, mi amor.


Sos una hija de puta. ¿Sabés que acá son las 3 y media y tengo que salir a una reunión? ¿Qué hago ahora con cómo me la dejaste, eh?

No puedo creer lo dura que me ponés la pija, Natalia.

Yo también te extraño y después de esa forma de despedirnos, la soledad golpea el doble de fuerte. Porque ni te estoy cogiendo ni te estoy abrazando, ni estás a la mañana siguiente.

A veces me pregunto si nos durará este huracán que sentimos por el otro. Si no entraremos en ninguna meseta pegajosa que nos deje ahí estacados y nos toquemos 2 o 3 veces por mes con suerte. Después te miro pasear en culo y se me pasa.

Quiero que me cuentes de Madrid y también quiero que cuando vuelvas retomemos la discusión de la convivencia. No me seas esquiva con eso, si ya sabés que no querés decímelo y listo. Pero no me des vueltas.

Pensalo.

Y una última cosa, ¿ya te metiste los dedos en esa concha hermosa pensando en mí?

Te extraño, Nati. Qué culo perfecto que tenés, por favor. Necesito dejar de pensarlo, no me puedo parar del escritorio.


Tenés la pija más hermosa y los planteos más inoportunos. Es como si no te permitieras gozar sin condicionamientos, llevás una “alerta placer” colgada que suena cada vez que estás disfrutando y te obliga a preocuparte de inmediato por algo.

¿Era necesario mencionar la convivencia AHORA? Tenemos un océano de distancia y 5 horas de diferencia, si no podemos obviar los puntos conflictivos que no se resolverán en lo inmediato, ¿lo vamos a hacer viviendo bajo un mismo techo?
Si fuera hombre me la hubieras bajado. Decí que sos una máquina de pararme la pija, como me dijiste alguna vez y enloquecí.

El Madrid institucional te lo enterás por el grupo de WhatsApp de la familia o las redes sociales, vamos al Madrid que viene al caso: se me envejecen los dedos de tanto tocarme pensando en vos. El lunes estuve sentada al lado de un orador que tenía tu mismo perfume, cuando terminó la ponencia salí corriendo al baño y acabé como si me hubieras acariciado el clítoris con la lengua. Grité tanto para adentro que me quedó doliendo la mandíbula de tanto hacer fuerza.

Amo calentarte mientras trabajás.

Hacelo vos. Contame. ¿Te tocaste pensando en mí? ¿Cuándo? ¿Cómo? Hoy va a ser un día largo. Contame.


Es que obviar los puntos conflictivos para vos es un pasatiempo y para mí un calvario. 

Yo quiero vivir con vos, y me pone triste no saber si querés vivir conmigo.

No puedo seguirte el juego ahora, Nati, perdoname. Extraño más tenerte cerca que cogerte.

Igual no tiene sentido discutir esto ahora/por acá, en eso tenés razón. Pero no quiero que sigamos de largo como si no existiera un problema.

Me siento un pelotudo, cualquier hombre en el mundo habría respondido a tu mail con la pija en la mano; pero estoy medio en cualquiera en estos días. Será la falta de hundir mi nariz en tu cuello que me tiene así.

Leí que te ofrecieron ser oradora en la próxima convención y me reí como idiota, casi te mando un chiste con ‘oradora’; pero recordé los reiterados “Treintipico, Martín. No da”.
De cualquier forma, te felicito. No existe que algo sea ‘lo más perfecto’, porque perfecto no tiene grados, es o no es. Pero vos sos la mujer más perfecta que conozco.

¿Volvés? Volvé. Todo es más difícil sabiéndote lejos.


Sos LA ternura. Toda, entera.

No es que no quiero vivir con vos, puesto en esos términos suena terrible. Tengo miedo de que la convivencia nos convierta en una pareja aburrida e insípida. No me quiero acostumbrar a tenerte. Ya lo hablamos, Martín.

Yo también te extraño, mucho y en plural. Te extraño a vos y a cada partecita de lo que sos o hacés.

No vamos a seguir de largo pero por favor, por favor, tregua. Estoy a una semana de volver y no quiero que nada empañe mis últimos días españoles. Cuando el avión aterrice en Buenos Aires voy a ser toda tuya. Toda tuya y para siempre. Tomalo como una expresión de deseo y como una amenaza. Ahora la vida me encuentra acá y tengo que ser ORADORA en la convención de mañana, sí, ¿cómo la ves? Que te rías de giladas es mi pequeño paraíso.

Para este momento del viaje te había preparado una sorpresa, pero bueno, no me podés seguir el juego. En el bolsillo de la valija verde que está debajo de tu cama guardé unas fotitos que me saqué con mucho amor antes de irme. Movelas de ahí, no vaya a ser cosa de que prestes la valija y el primer plano de mis tetas termine de vacaciones en las termas con tu vieja. Lamento que no las vayas a usar porque estás medio en cualquiera.

También lamento estar comiendo como una bestia porque me está engordando el culo y sé que eso te pone loco. Perdoname.

Te amo con todo mi ser, cosita preciosa.


JAJAJAJAJA

ME VAS A MATAR. LA VALIJA SE LA LLEVÓ GASTÓN A LA QUINTA.

No, mentira. Miro tus fotos y me doy cuenta de que sos más perfecta que hace unos días cuando te dije que eras la mujer más perfecta del mundo.

Volvé que te amo.

 

Este intercambio se imprimió y se cosió a varios otros que podés encontrar en nuestro primer libro.  Conseguilo hasta el 6 de junio acá.

Andrés & Matías

Che te escribo para ver qué onda que te fuiste a la mañana sin saludarme ni nada. Me desperté con el ruido de la puerta cerrándose y no entendí.
¿Hice algo que te molestó? Sé que esto no a lugar porque lo nuestro es más bien casual y después de fiestas o salidas, pero tampoco para que me ignores o me trates como mierda.

Nada, no quiero hacer de una pavada un mundo pero es un ambiente jodido y muy hiriente, y me rehúso a comerme el cuento de que los putos no se enganchan.
Vos por ahí tenés más cancha y sabés sortear algunas situaciones o comentarios. Yo me incomodo bastante.

Eso, por favor no flashees planteo, es sólo para aclarar un poco.

Pasala bien hoy, no te pierdas de verlos tocar por sacar una foto para Instagram, por favor.

Andrés-


 

Hola, Cochi. ¿Todavía puedo llamarte Cochi? Sigo sin olvidar tu sonrisa enorme cuando te decía así.

Tengo más todavías y todos tienen tu nombre. Todavía te pienso, todavía te amo, todavía sueño con esa noche en el puente en la que nos juramos amor eterno con el río de testigo.
Te extraño, todo el tiempo te imagino en mi día a día y me pregunto cómo estarás, si habrás logrado rehacer tu vida, si me habrás perdonado.
Algo me dice que jamás voy a volverte a ver, pero necesitaba que sepas que con vos se quedó una gran parte de mi corazón.
Te extraño siempre, y ya te lo dije, pero se renueva a cada minuto.

Ayer a la mañana me desperté con ese mail de mi ex. El recital fue una mierda. 


 

¿Te movió algo? ¿Te revolvió?

Yo no sé para dónde vamos con esto, Mati, sí sé que vos sos más grande y tuviste más relaciones, y quiero ayudarte, quiero estar. Pero es un terreno raro en el que estamos parados. Con todo tan casual, parece haber un límite de lo personal de cada uno que está fuera del alcance del otro. Y nos hacemos los cool y el que lo cruza es porque está flasheando. Así se vive desde acá, por lo menos.

También es una pelotudez que me exponga tanto, por eso mismo justamente. Pero la incertidumbre me hace mierda, calculá que sos el segundo chabón con el que estoy más de una vez. Todo siempre a escondidas, todo muy por arriba.

Si tenés una relación pasada que ‘todavía’ te aturde, prefiero bajarme acá.
Sos un pibe interesante, creo que de alguna forma sos distinto. Y yo, no te voy a mentir, ando con ganas de engancharme. Cada vez que nos juntamos, más.

Igual vos me advertiste que esto era así, sin ataduras. Siempre lo mismo. Por qué será que todos tienen esa cláusula.

Una pena que no hayas podido disfrutarlos porque son un bandón. Tocan de nuevo el 24 de abril, si te pinta avisame y saco entradas. Y avisá con qué más puedo darte una mano (guiño pero no tanto).

Andrés-

(¿Cochi? ¿Posta? Si te sirve de consuelo, para mí sos “Matías, el de la remera amarilla apoyado en la columna”).


 

Por un lado tengo a mi ex novio, el narcisista falopero que me cagó con cuanta pija se le cruzó en su camino, diciéndome que me extraña.

Por otro lado estás vos, el pibe más noble y cariñoso que conocí, queriendo involucrarme de lleno en su vida.

Habría que ser un pelotudo para no saber qué decisión tomar, o hacia dónde correr, o qué priorizar y qué descartar.

Pero el mundo de los sentimientos tiene una lógica propia, y lo que te conviene suele mirar el partido desde el banco de suplentes. Pensar que lo correcto solo puede hacernos felices es abordar la vida desde el lugar más simplista. No pretendo levantar la bandera del drama, pero me rehúso a elegir “lo que me conviene” sin cuestionarme qué es lo que me conviene.

Mi vínculo pasado todavía me aturde, y lo va a seguir haciendo durante varios meses, pero eso no me imposibilita para construir un futuro. El amor nunca se termina a la par de la relación.

Tengo muchas ideas y ninguna la puedo aterrizar en mis zapatillas para que me impulsen a avanzar.
Lo cierto es que no le voy a responder a mi ex, pero tampoco me voy a poner de novio con vos. Nada de esto sucederá ahora.

De todas maneras me parece justo tu planteo, lo que puedo ofrecerte son salidas más concretas. Sacá las entradas para el 24. Vayamos a cenar el viernes. Salgamos del mensaje “¿Dónde estás?” del domingo a las cinco de la mañana.

Matías.

P.D.: A mí no me “todos tienen esa cláusula”. La única cláusula que te puse a vos es que no desayunes en mi cama. Y lo hacés igual, y me llenas las sábanas de migas. Y no me molesta en absoluto.


 

No seamos novios, ta. Sólo te pido que no me uses de pegamento para volver a armarte, porque me gustás.

Mucho me gustás.

Nos vemos el viernes, Matías el de la remera amarilla apoyado en la columna.


 

Tranqui, “pegamento”. Me estás obligando a que te aclare que mi única parte rota es trasera, ya la conocés y te encanta, pero por suerte los académicos no caemos en estas respuestas burdas y chabacanas. Por suerte 😉

 

 

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén