No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

Mes: marzo 2016

Chini & Liz

Chini hermosa, ¿qué onda eso? Antes de que me olvide, ¿pudiste hacer el certificado?

Tengo que comentarte algo y espero que no lo tomes a mal, no es para hacer un tema de esto, simplemente quiero dejarlo en claro para que no se malinterprete: el viernes no voy a ir a la noche de pelis en tu departamento.
Ojo, cada vez la paso mejor, lo que me divierto no tiene punto de comparación; pero no puedo dejar de verme como el número impar y empezó a incomodarme ese lugar. Se da que justo las cuatro están de novias, y sus novios son lo más, pero yo ni siquiera estoy saliendo con alguien y pasar por esa situación está pesándome.
Repito: no tiene nada que ver con ustedes o con ellos, que son unos soles. Formamos un grupo re lindo y supimos ensamblarnos a pesar de nuestras diferencias, sobre todo ellos, que vienen de palos re distintos. Pero es un grupo de parejas, y yo. Jamás me lo hicieron notar de ese modo, de hecho me siento incluida y valorada, sin embargo hay algo en mí que lo resalta con amarillo y ya no quiero seguir pasándolo por alto.

No es que me pese la soltería, pero cuando termina la peli y empiezan los títulos, casi coreográficamente cada una empieza a besar a su novio y a mí me toca leer quién hizo la fotografía en exteriores. Hasta suena a reproche, pero no, juro que no, es por cómo me siento. Totalmente personal.
Me encantaría estar enamorada y que fuera recíproco, pero bueno, no es el momento. No me desespera, no voy a salir a engancharme con cualquiera para tapar un agujero emocional. Entiendo que el amor tiene un tiempo y que, más temprano que tarde, a todos nos llega. Pero mientras tanto, rodearme de parejas felices es tragar una saliva espesa. No me pone incómoda la soledad, pero tampoco la voy a sacar a pasear desabrigada una noche de frío.

Voy a ir, algún viernes que otro. Pero (y acá es donde te pido un favor) no me insistas. Vos sos muy de reunir gente y siempre querés tener tu hogar repleto de amigos, te molesta o no entendés por qué alguien querría quedarse y pasar una noche sin compañía. Y no quiero tener que inventarte excusas semanales. Quiero poder decirte: “no voy” y que lo entiendas.

Nosotras podemos vernos en nuestras juntadas de amigas y seguir fomentando el vínculo desde ahí.
No te enojes por esto, Chini. Entendeme.

Te amo.
Liz.


 

Todo bien, Liz. No hacía falta que te explicaras tanto, como si yo fuera un ogro que si no venís a mi casa te voy a ir a buscar con una escopeta o a hacer la cruz. Te entiendo y lo último que quiero es que te sientas remotamente incómoda, pero me parece innecesario que me hagas quedar como una loca de las juntadas.

Podés venir cuando quieras y podés venir acompañada también, la idea siempre es que todos la pasemos bien y nos distendamos un rato.

Yo lo tomo como reunión de amigos, no de novios+vos.

No hace falta que me inventes excusas ni que me pidas que no te rompa los huevos, no lo voy a hacer.

Al amor se lo encuentra a mitad de camino, no se lo caza ni se espera que toque el timbre o tire piedritas a nuestra ventana. Es una idea que no me pediste y podés desecharla, pero quizás te sume en algo. Fito dice “no dificultes la llegada del amor” y yo no pude sino hacerle caso.

Igual te conozco y sé que no es un tema que te tenga el pecho tomado, y no quiero que el estar con nosotros se sienta así.

Nada, pavadas. Te repito, cuando quieras y con quien quieras. Mi casa es abierta.
Juntémonos por la nuestra pero hablemos de otra cosa, porfa.

Beso.


 

No quise hacerte sentir un ogro, lamento que lo hayas interpretado así. Sos divina y es un placer tener una amiga tan abierta y entusiasta. Manejás una energía hermosa, siempre la pasamos súper cuando nos vemos.

No sé, toda esta situación es rara. Me siento un poco boluda, para serte sincera. Es como que caigo en una zona que bordea la envidia, y el sentimiento no es ese, porque realmente quiero que sean felices en pareja, pero a mí no me sucede y ahí está la mancha.

La psicóloga ODIA cuando digo que el amor es suerte, pero creer que uno puede controlar su vida exclusivamente desde sus decisiones es ingenuo y peligroso. Hay factores externos que influyen en nuestra realidad y algunas personas tienen oportunidades mucho más claras que otras. Me puse introspectiva, perdón.

Te agradezco la frase de Fito pero no puedo sino remarcar que, en algún punto, me parece injusta. No quiero cargarle la responsabilidad de mi soltería a una suerte de “barrera mágica” que proyecto desde mi actitud. Yo salgo, me muestro simpática, tengo la voluntad de conocer. Claramente algo no está funcionando en la ecuación, y no creo que sea otra cosa más que mala sincronicidad.

Ni siquiera tengo muy en claro qué quiero, voy a dejar que el destino me sorprenda. Ya me llegará el amor y lo recíproco, en la forma que sea. Solo voy a cubrirme para el mientras tanto.

No sé si estoy muy enroscada adentro de mi cabeza, y me siento mal porque el viernes van a preguntar por mí y hasta me da vergüenza el motivo. Tampoco sé cómo abordar el tema sin sentir que me estoy victimizando. No sé 🙁


 

No te estás victimizando, si no te hace sentir bien, no vengas.

Yo no nací de novia con Maro, eh. Sé lo que significa que tu alrededor esté embelesado con un mundo que a vos te es muy pero muy ajeno, o muy pero muy lejano. Mi primer novio fue a los 23 y Lau ya se estaba mudando con Gabriel. Entiendo la -algo así como- disparidad, presión o angustia chiquita de estar (sentirse) desfasada.
Pero, no sé, igual prefería verlas con sus novios a quedarme afuera de planes, más que nada porque odio perderme planes. Al otro día hablan cosas en el grupo y no cazo una.

Podemos decir otra cosa el viernes, o podés venir y hacemos algo distinto. Que los chicos inviten amigos y nosotras amigas, ¿qué te parece? Yo personalmente le escapo a ese tipo de “presentaciones”, pero la verdad que puede salir algo copado y si no te cabe ninguno todo bien también.

No quiero que te sientas mal, pero también me parece que el problema es un poco más de fondo y que estás usando esto de los viernes como gancho del que agarrarte.

Lo que vos quieras va a estar bien. Avisame para el jueves así le digo a los chicos que inviten al piberío.

Besos.


 

Chini, yo también prefería (y prefiero) verlas con sus novios a quedarme afuera de planes, pero esto no tiene que ver con episodios aislados sino con acumulación.

Puede ser un gancho, pero más allá de cualquier interpretación, lo que menos espero (y esto puedo jurarlo) es amasar un problema grupal.

Si podemos abrir la convocatoria y hacer al menos un viernes menos Arca de Noé + yo, para mí sería fantástico. Te agradezco el gesto y ese corazón enorme. Organizalo como quieras, tenés todo mi entusiasmo.

Voy a aprovechar y le voy a decir a Lucre (de patín) que está en la misma y encima no sale nunca. “Las solas”, irónicamente, somos muchas.

Te quiero, sos una amiga enorme.

 

Luciano & Macarena

No te entiendo, Luciano. ¿No se te para la pija dos veces y entonces resolvés no hablarme más? ¿Posta pensás que así se solucionan las cosas?

Yo te dije que para mí no era importante, no pasa nada, no me molesta no coger; pero quería que te quedaras a dormir o por lo menos a comer.

Y si no es eso lo que te molesta, si es que no querés estar más conmigo más allá de lo que pasó, plantate y decímelo como corresponde. Tenés 27 años, no sos un nene, no se manejan así los problemas.

Me enoja que todo lo encares ignorándome hasta que yo reaccione y te ultime. Me da bronca, me pone triste también. Todo me molesta más que que no se te pare un par de veces. Y si tenés algún otro problema por fuera de nosotros también me gustaría que me contaras, así puedo ayudarte o por lo menos escucharte, contenerte.

Ya estuviste en pareja, no te estoy pidiendo nada de otro mundo, sólo que te abras y podamos hablar las cosas. Y que si no querés estar más conmigo, tengas los huevos bien puestos y me lo digas. No creo merecer menos.

No creo merecer estos desplantes.

Así que cuando quieras hablar, tenés mi mail, número, dirección, llave, todo.

No te borres, no seas un pelotudo.


 

No sé qué me pasa, Macarena. No sé. No todos tenemos esa claridad mental de la que te jactás constantemente para descifrar (como si fuera un problema matemático) qué nos molesta, de qué forma y cómo podemos hacer para solucionarlo. NO SÉ.

No me quiero separar pero la relación me hinchó los huevos, no tengo ganas de hacer nada, estoy harto de todo. Me iría a la mierda pero al mismo tiempo solo espero que pasen los días rápido. ¿Para qué? Para nada.
No sé qué explicación darte, estoy mal y punto. Es una etapa, qué se yo.

No te voy a arrastrar en esto conmigo. Dejemos de vernos por un tiempo. Encima te ponés en investigadora y es peor, ¿nunca te pasó de desconocerte adentro de tu cabeza? ¿Que todo te parezca aburrido? ¿Que nada te llame la atención?
Me llena de paja tener que andar dándote motivos cuando ni yo sé por qué me despierto así.

No hay otra mina, no hay un problema grave, nada me pasa, me pasa todo.

Estoy cansado. O triste. Es lo mismo. 


 

Descreo de los tiempos. Dejemos de vernos y punto. Lamento que estés cansado o triste o las dos, pero no es justo que me trates así por un mambo tuyo. Me podrías haber dicho esto de bastante mejor manera, y a ver si podía hacer algo para ayudarte.

Pero elegiste mandarme a la mierda y quedarte pensando solo en todo lo que te molesta, te fastidia, que no sabés ni siquiera qué es. No me pasó pero no me parece descabellado. Y me encantaría estar para vos, que me dejaras entrar.

Te llena de paja así que tranqui, no te rompo más las bolas. Yo ésta la miro desde casa, Luciano.

No es un momento ni un episodio. Siempre estás amurado para conmigo. Respiro y ya te hinchás las bolas. Te propongo salir y te jode, te propongo quedarte y te jode.

Esto somos. Sos.

Ojalá puedas resolver todo. Te lo deseo genuinamente. Yo, repito, no merezco esto.

Que seas muy feliz. No me hables nunca más.


 

No puedo lidiar con tus enojos, con tus decepciones, con todo lo que debería haber hecho de tal forma porque “tal forma” es la correcta.

¿Qué querés? ¿Una separación de manual? Yo siento esto entonces vos sentís esto y bla bla bla. Ni siquiera sé si me quiero separar.

Hoy fui a jugar al fútbol y perdimos. Me puse a llorar en el vestuario. Me chupa mil huevos haber perdido.

Bancar los trapos al otro es otra cosa, Macarena. Si tantas ansias de iniciar tu soltería tenés, andá y enamorate del primero que se te cruce, como hacen todas las nuevas solas con separaciones medio flojas de papeles. Cogé con alguien que sí se le pare y sé feliz. Creete el cuentito de que no me necesitas mientras pensás en mí y se te achica el estómago.

Mientas tanto yo voy a seguir en esta.

Capaz no te lo dije pero que me acaricies la boca era lo único que me hacía bien en este infierno que es mi vida ahora.

No sé qué es abrirse, no sé qué estás esperando que haga, no me voy a enrollar en tu acolchado de mariposas a hablar de mis sentimientos. Pero lo que sí sé es que yo NUNCA te hubiera soltado la mano en un mal momento.

Ojalá que el próximo pelotudo te haga feliz, háblale del pelotudo anterior que no se abría. Como si fuera tan fácil.


 

Vivo intentando acercarme y vos vivís maltratándome. Seguís maltratándome.

Cómo podrías soltarme la mano si nunca me la diste.

Te deseo lo mejor, pero hasta acá llegamos.


 

Estoy yendo para tu casa. Si me vas a dejar definitivamente, decímelo en la cara.

 

 

Luis & Silvina

Amorcio, ¿cómo te trata esa tarde laboral? ¿Mucho quilombo?
Chanchote mío, no quiero armar bardo ni nada que se le parezca, pero hace un rato llegué de Tandil, me acosté a dormir una siesta y encontré un envoltorio de forro usado entre las sábanas. Entiendo que tenemos una relación abierta y que en mi ausencia podés hacer la tuya, no hay drama, ni siquiera me jode que sea en el dpto. Pero amor, cuidame un poquito, tratá de limpiar la escena del crimen, jajajajaja! A esas cosas hay que prestarles atención.

Es como la vez que me encontraste un chupón en la espalda, a partir de ahí empecé a tomar conciencia de los detalles que no hay que pasar por alto para que esto funcione.

Por favor no lo tomes como un reproche, solo quería mencionarlo para que (en lo posible) no vuelva a pasar.
Acordate que hoy cenamos de mamá.

Besote mi rubio Luis precioso, te amo y extraño.


 

Silvina, te voy a decir la verdad, esta era una conversación que pretendía tener cara a cara; nunca pensé que me ibas a mandar un mail al respecto, pero bueno, ahí va: el forro lo dejé a propósito. No me acosté con nadie, menos que menos en nuestra casa. Hace meses que no duermo con otra persona que no seas vos. Hace meses que vengo haciendo cosas para que me notes y me des importancia.

Necesito sentirme más. Más para vos.

Yo veo que vas y venís y sé que es un acuerdo explícito que hicimos cuando empezamos a vivir juntos, pero también siento que es algo que vos querías y a lo que yo cedí para no perderte. Pero no sé cuánto más pueda aguantar. Yo no quiero estar con nadie más y vivo con pánico de que te enamores de otro o de otra.

Dejé el envoltorio para ver si te movía aunque sea medio pelo imaginar que me cogí a cualquiera. A mí me parte en cien que compres preservativos que no usamos juntos; o que me contestes los mensajes tres horas después con un guiño simpático que deja entrever que estabas “ocupada”.

Me hiere no ser el único con el que quieras acostarte. Me fastidia, también, porque me siento un retrógrado. Sé que ya va más de un año pero no consigo acostumbrarme.

Te pido disculpas por la forma. Necesitar un puntapié es de cagón, ya sé.
Hablamos cuando llegue o mañana, si hoy tenés planes “;)”

Te adoro, Silvina.
Luis.


 

¿Una escena para llorar mi atención? ¿Qué tenés, Luis, 7 años?
No puedo creer que estuviste durante meses intentando hacerte ver. Me da broca y lo lamento. Todo se puede charlar, conversar, el diálogo es lo mejor y más lindo que tenemos para hacernos entender. No sos un cagón, en algún punto te entiendo. Y por eso lo lamento.

Te amo como nunca amé a nadie en mi vida, doy gracias por haber tenido un pasado lleno de historias de mierda que llenaron el tiempo muerto hasta conocerte a vos, que sos lo más hermoso que existe. Y ya sabés cómo pienso: el amor y el sexo son cosas distintas que, cuando se conjugan, generan un placer extremo. A nosotros nos sucede. Pero no creo que la monogamia sea sinónimo de amor, pensé que estábamos en la misma sintonía.
No me voy a poner un cinturón de castidad con tu nombre, perdón, pero no. Ya lo hemos hablado, me conociste así, no voy a volver sobre el asunto.

Una de las condiciones de nuestra convivencia era permitirnos seguir el impulso de nuestras ganas sin enroscarnos en imposiciones estúpidas. Prefiero otorgarte libertad y que goces sin restricciones, a meterte en una celda caprichosa para que vivas ansiando las tetas que no te dejo tocar. ¿Quién soy yo para hacerte eso? ¿Por qué te haría algo así, si te amo y quiero que seas feliz?

No sé, puedo prometerte estar más atenta, ser más cariñosa, comprensiva, tratar de viajar menos. Pero no quiero que nos ahoguemos en nosotros. No te voy a regalar la posibilidad de serme infiel. Todo el mundo engaña. Y no quiero que me saltes con la boludez de que me persigo por lo que hizo mi viejo; lo veo en mis amigas, en mis colegas, en todos lados. Tarde o temprano, te cagan. No voy a poner un segundo de energía en frustrarme por lo inevitable. Todo el mundo engaña.

Respondeme ahora que le dije a mamá que íbamos a cenar con ella y no quiero que estemos con cara de culo. Si no, le cancelo.


 

Tu sexualidad es tuya y no pretendo que eso cambie. No me interesa ser el dueño de todos tus deseos. Somos grandes ya, sabemos que no funciona así, que puede interesarte o gustarte otra persona por fuera de este panzón enamoradizo. Pero, y lo lamento en el alma, tengo la cabeza conservadora y el corazón en pose; y no sé si lo voy a poder mantener mucho tiempo más. Llevo pensadas centenas de películas en las que vos te acostás con otro tipo y yo, yo miro desde casa.

Trato de entender que tenés un pasado que te encamina por acá, pero a veces creo que no puedo seguirte.

Te amo, Silvina, tenés las alas más hermosas que este planeta albergó. Las tetas también. Pero estoy muy conflictuado con todo esto. No sabés la vergüenza que siento al plantearlo.

Prefiero, hoy, no ir a lo de tu mamá. Si querés te espero en casa o si no duermo en algún hotel. Lo que vos digas.
Hablémoslo. Estoy muy triste.

Besos.


 

Cómo vas a dormir en un hotel.
Si me apurás te digo que fue un placer haberte conocido y te deseo lo mejor para tu próxima relación. Ahora si me siento dos minutos y lo analizo con el corazón, creo que podría morirme si un día me despierto y no estoy usando tu remera de los Spurs.
Esperame que voy de mamá y cuando vuelvo lo conversamos.

Por favor no estés triste. Alguna solución vamos a encontrar, tiene que haberla. Y si no la hay, la vamos a inventar. Confiemos en que vamos a poder.

Te extraño chanchote.
(Y si no podemos nosotros, va a poder el amor. Alguno va a poder.)

Nélida & Mercedes

Mercedes, le hago llegar esta carta a través de mi nieto que pasó por Manantiales (el aguantadero de ancianos en el que resido) a visitar. Quiero saber cómo está y cómo sigue su marido. Nadie me quiere contar nada por miedo a que afecte mi salud y me desespera. No saber me desespera.

La recuerdo siempre, Mercedes. La extraño. Aquí nadie juega a la generala ni pinta tan bellos cuadros. Hemos llegado a esa edad en la que vemos a nuestros soldados caer uno tras otro vencidos por ese mal necesario que es la mortalidad, por corazones débiles que -estoy segura- eligen rendirse. No queda mucho por lo que luchar. Algunos ni siquiera podemos comer solos. Escribir me cuesta, me duelen las manos.

Hubo lugares que sus ojos vieron en algunos viajes que luego quedaron inmortalizados en témpera. Sus pinceladas, sus obras completas fueron mi vuelta al mundo, Mercedes. Verla pintar era un viaje y también lo eran sus cuadros.

La extraño, me duele el pecho mientras escribo de tanto anhelar que esté aquí a mi lado, así ya no sea con tapado sino de lentes y camisón.

Más temprano que tarde me va a tocar a mí y aquí espero, sentada, entre pastillas; tratando de entender que a extrañar se aprende esquivando a consciencia el recuerdo que aparece todo el tiempo entre el mundo y nuestros ojos.

Mis saludos a su Antonio, hágale saber que escribo con la pluma que me regaló para mi boda. La atesoro con el alma, como a usted.

Venga a verme, Mercedes. Por favor. Supimos ser tan amigas.
Venga a jugar conmigo.

Con el cariño de siempre,
Nélida.


Nélida,
Si supiera la alegría que significó para mí recibir su carta. Rejuvenecí cincuenta años en un instante, las várices dejaron de dolerme, el pecho no quiso hundirse entre mis hombros, mis músculos recobraron fuerza y energía.
La extraño, todos los días, todo el tiempo. Nuestra amistad fue un regalo maravilloso, volvería a reencarnar en mi vida solo para conocerla. Recuerdo todos y cada uno de nuestros momentos; la generala, las tardes en la que yo pintaba y usted bordaba, esos cafés eternos en Las Violetas en los que nos burlábamos de la vejez y de la muerte. Éramos tan jovencitas y risueñas, tan desfachatadas, teníamos el mundo a nuestros pies. Qué no era nuestro, Nélida, si con el solo sonido de nuestros tacos contra el parqué enloquecíamos a cualquiera.
Lamentablemente mi Antonio falleció, hace ya un mes. Como usted dice, eligió rendirse, y lo bien que hizo. Por favor, no lo llore. Estaba muy mal de salud y sus últimos años fueron solo un padecimiento tras otro. Mis hijas se empeñaban en mantenerlo con vida y visitamos cuanto médico se cruzó por el camino, en vano. No lo dejaban partir. Ya no escuchaba, casi no veía, a duras penas si podía caminar, no controlaba esfínteres. ¿Qué clase de dignidad era esa? El día que murió le agradecí a Dios que se lo llevara con él. Acá solo iban a meterle más medicación como si quisieran verlo morir en cuotas. Ahora está en un lugar maravilloso, rodeado de ángeles, y me está esperando. Me reuniré con él cuando llegue mi hora. Por favor, no lo llore. Ahora descansa en paz.
Voy a ir a verla, mi amiga.
Cuénteme un poco de usted, de su familia. Mientras tanto me pondré en campaña para viajar a Capital, evaluaré las posibilidades, no creo que sea mayor inconveniente. Mi salud no es la de cuando solíamos bailar noches enteras esos tangos melancólicos con señoritos extranjeros, pero este viaje me será fácil iniciarlo.
La quiero con el alma.
Mercedes.

Esta respuesta tardará en llegarle porque mi nieto estuvo de vacaciones y no pasó por aquí. Me explicó que dejará cada eslabón de nuestro intercambio en el correo, así es más fácil. Por lo menos para él.

Antonio siempre será un hombre admirable para mí, esté donde esté lo voy a tener como Norte. Yo pedí mucho para que mejorara pero Dios es sabio y seguramente también algo posesivo, y se lo llevo para él.No estoy bien, Mercedes. Vivo en un geriátrico. Muero, mejor dicho, en un geriátrico. Porque eso está pasando, estoy muriendo. Y siento que a nadie le importa. Yo fui una buena esposa y una madre presente, contenedora. Que el mundo es injusto es algo que siempre repetí sin verdaderamente entender, pero lo es. Me he convertido en un peso para cualquiera que deba tratar conmigo. Y es muy injusto. No sé por qué mi corazón sigue latiendo si está hecho trizas y yo bajé los brazos hace rato.

Usted sigue viviendo en su casa de Burzaco, ¿no? Qué linda galería tiene esa casa. La de bizcochitos que hemos picoteado entre mates ahí. ¿Vive sola? ¿No quiere llevarme a vivir con usted?

Desde que se fue Cacho que me siento por la mitad. Era una extensión de mí y yo de él. 58 años juntos. No me sabía sin él y ahora, entonces, me desconozco.

Estar rodeada de muerte potencial me drena, Mercedes. No quiero morir sola. No quiero.

Avíseme cuando vienen así pido que me bañen a la mañana ese día.

La quiero mucho, mucho.
Nélida.


Querida Eugenia,

Primero y principal quiero decirle que lamento mucho la pérdida y que le doy mi más sentido pésame.
No quisiera importunarla, los del geriátrico me facilitaron su dirección ya que comprendieron con el corazón el motivo de mi requerimiento. Lamento interrumpir en su vida en un momento tan personal y reservado.

Antes de proseguir, me gustaría presentarme, aunque mi persona pudiera resultarle familiar. Mi nombre es Mercedes y he sido amiga de su madre durante más de cincuenta y cinco años. Por supuesto que te conozco, permitime tutearte, te vi nacer y te tuve en mis brazos con tan solo minutos de vida. Supiste venir a mi casa y jugar en el patio casi toda tu infancia, tenía una sillita mecedora de madera que era tu locura.

Por cuestiones de la vida (obligaciones familiares, empleos, mudanzas, etc.), en nuestros tempranos cuarenta años, Nélida y yo nos distanciamos tanto física como cotidianamente, pero jamás rompimos el lazo de amor que mantuvimos intacto a pesar de que la rutina podía más que nosotras. La frecuencia no era la misma pero la voluntad sí, y eso era lo importante.

Tuve la suerte de recibir una carta de ella hace menos de seis meses, y logramos concretar tres hermosos encuentros, en Manantiales. Volver a verla fue tan emocionante como doloroso. La noté muy desmejorada, triste, por momentos me desconocía. Pero también recordamos anécdotas, jugamos a la generala y comimos bizcochitos. Estaba por ir a verla una cuarta vez, la semana que viene. Quería que le enseñe a pintar, tu madre jamás perdió ni la elegancia ni el deseo de progresar.

Si me lo permitís, y realmente espero no colaborar con la tristeza de haber perdido físicamente a una mujer tan entrañable como maravillosa, quisiera regalarte la foto que adjunto en el sobre. Es una copia, la original la conservo en un portarretratos sobre una cómoda en mi casa. Somos tu madre y yo cuando teníamos veinte años. Fue la primera foto que nos hicimos sacar juntas. Me gustaría que la conserves, Nélida me comentó que tu hijo es un calco de ella en versión masculina.

Desde ya, los años que me queden de vida se los dedicaré a honrar su nombre. Hemos tenido la enorme suerte de haberla conocido, cada una a su manera.

Te envío el abrazo más grande que puedas imaginar,
Estoy para lo que necesites.

Mercedes.

 

Este intercambio se imprimió y se cosió a varios otros que podés encontrar en nuestro primer libro.  Conseguilo hasta el 6 de junio acá.

Flor & Vero

Flor, tengo que contarte algo. Me da un poco de vergüenza, nunca lo hablé con nadie, ni siquiera sé cómo empezar a redactarlo. Estoy bastante triste y necesito compartirlo, y vos sos mi mejor amiga de toda la vida, no existe ser en el mundo al que valore más. Tu palabra me va a aliviar y me va a ayudar. Por favor no te enojes conmigo.

Todo empezó hace unos meses, poco después de conocer a Juanjo. Al principio la relación marchaba sobre ruedas, pero cuando nos pusimos de novios las cosas empezaron a cambiar.

No sé ni cómo escribirlo, cómo seguir.

Lo primero que me dijo (una tarde de domingo, no me la olvido más) fue que le parecía que estaba gordita y que tenía que bajar la panza. Fue un poco en chiste, un poco en serio. Yo me puse mal porque no creía tener el sobrepeso que él estaba viendo en mí, pero le di la razón y le prometí que me iba a cuidar en las comidas.
A medida que pasaba el tiempo todo se puso más intenso, empezó a referirse a mí como “gordita”, “panzona”, “chanchita”, “globito”; todo con un tono amoroso pero una cuota subliminal de desprecio. Por ahí me decía: “¿Cuándo va a bajar esa panzona mi bolita de fraile?”, y al mismo tiempo me agarraba el rollo fuerte con la mano. Yo le respondía que tenía razón, que la tenía que bajar, que la iba a bajar.
Llegó a mi casa varias veces con volantes de gimnasios, siempre se puso como ejemplo porque él es atlético y yo tengo una vida más sedentaria, pero mido 1.60 y peso 63 kilos, no estoy obesa. No soy piel y hueso, pero tampoco es para internarme en una máquina de abdominales de por vida, no estoy en un estado alarmante.

Ahora la situación ya se hizo medio insostenible para mí. Siempre termino destrozada, no sé por qué pero no puedo enfrentarlo, no lo quiero perder. Termino dándole la razón y llorando de angustia. No puedo decirle: si no te gusta lo que ves, andate. Es mi sueño, pero prefiero entenderlo y echarme la culpa. Él es hermoso y yo no soy una diosa, sé que estoy en inferioridad de condiciones, pero a veces siento que no merezco lo que me dice. Creo que no merezco ese maltrato.

Se excusa diciéndome que es por mi bien y que no me está haciendo nada malo, pero Flor, es el paso del tiempo. Esto es como hacer un agujero con una cucharita de café, a la larga terminás con un cráter en el pecho.

Me comparte los memes de Cuestión de Peso por WhatsApp y escribe: “ahí estás vos”; si subimos al colectivo me dice que la gente me va a dar el asiento porque parezco embarazada; si vemos a alguien obeso me pregunta si lo conozco porque es de mi especie. Todo “en chiste”, todo en “tono gracioso”, todo “no te podés enojar por esto”. Cuando nos cruzamos con una mina increible, SIEMPRE acota: “así serías vos si te pusieras las pilas.”

Anoche fuimos a una fiesta y me puse el vestido blanco que me compré para el cumple de Euge, ¿te acordás? Cuando me vio puso una cara rara y después me pidió que no me siente porque se me marcaban mucho los rollos y parecía un matambre. Estuve toda la noche parada para que no se molestara.

No sé qué hacer, tengo miedo de que esto me lastime a largo plazo. Perdoname por no blanquearlo antes, es muy doloroso para mí.

Te quiero, hermosa. Cuando puedas respondeme.

Vero.


 

Chiquita, cómo me dolió leer esta carta. Antes de empezar quiero decirte algo importante: sos una persona tan pero tan valiosa que me molesta que los mandatos sociales corran para vos también.

Lamentablemente y por más onda que le pongamos, cómo nos vemos a veces es para problema. Hace algunas semanas en el cumple de Fabi, Juanjo se me acercó y me preguntó si yo no te veía “descuidada”. Esa fue la palabra que usó. Le dije que sí, pero porque tomé ese descuido como si se tratara de tu estado de ánimo. Te venía viendo más apagada y ahora sé producto de qué era, es.

Escuchame, vamos a hacer lo siguiente, a ver qué te parece. Encontrale algo a él que pueda llegar a, por lo menos, hacerlo pensar. Que se le está cayendo el pelo, que camina encorvado, sarro en los dientes, desorganizado, ratón, cualquier cosa. Y hacele chistes con eso y veamos cómo reacciona.

¿Qué decís?
Para que vea qué se siente caminar en los zapatos del que recibe los golpes gratis.

Te quiero, loca.
No te creas ni por un minuto que sos fea. Sólo cuidate, por dentro y por fuera. Sólo eso, sentite bien con vos.

Beso,
Flor.


 

Leí tu mail y asentí con la cabeza. Pensé una estrategia, la ensayé en el espejo. Al ratito llegó a mi casa. Lo primero que me dijo fue: “¿Cómo anda esa panzona, sigue creciendo?”, a lo que respondí: “¿Y cómo anda esa pelada, sigue creciendo?”

Se quedó callado, no se lo esperaba. Me miró y me dijo: “yo lo soluciono con un gorro, pero, ¿cómo tapamos esos rollos? ¿Con una túnica?” y se rio.
Me puse a llorar. Me abrazó y me dijo que era su chanchito preferido, que no llore.

No quiero entrar en una guerra de desprecio, no quiero atacarlo. Me sentí una persona de mierda diciéndole lo de la pelada, no quiero hacerle pagar con la misma moneda, ni siquiera me importa si tiene mil pelos menos o cuarenta kilos más. Ser violentos no nos va a llevar a ningún lado. Él no baja la guardia, se siente atacado, se llena de ira y me lastima. Yo me siento atacada, me angustio y lloro. Tengo las de perder porque no creo en la venganza, prefiero encerrar los insultos adentro de mi boca y no herir al que me hiere.

Después volví a decirle que me afectaba y me repite el mismo discurso, que no entiendo sus chistes porque soy una exagerada. No son chistes, es violencia. No la violencia literal de un golpe, violencia disfrazada de humor, desprecio con forma de caramelito. Además, si el otro te dice que le molesta, aunque sea un chiste, no lo hacés más. Por amor. No somos compañeros de colegio, es mi novio, no puede provocarme con maldad. Y aunque tenga el impulso, tiene que contenerlo, desde cuándo uno agrede gratuitamente al otro con la intención de hacerlo pasar un mal momento. Qué clase de amor es ese.

Toda esta catarsis la hago para afuera pero me la repito adentro de la cabeza una y otra vez. Me quiero escuchar, me quiero convencer, me quiero separar. El hilo de autoestima que me queda me obliga a ponerle un punto final a todo esto. Nunca voy a estar bien conmigo si tengo una persona al lado que me recuerda todo lo que no soy.
No sé de dónde voy a sacar la fuerza, pero tengo que convertir esta angustia en energía. No sé ni cómo se hace eso. Te voy a necesitar, las voy a necesitar. Quiero alejar de mi vida a Juanjo, quiero volver a ser feliz, quiero mirarme en un espejo y que aparezca mi sonrisa y no el reflejo de él desaprobando mi cuerpo.

¿Le cuento a mi mamá de todo esto? Creo que me va a hacer bien, pero no sé. Tengo miedo de que piense que soy una exagerada, como él.

¿Vas a estar para mí en todo esto?


 

Che, Vero, ¿y si probás adelgazando? Capaz es más fácil y menos doloroso que todo esto a lo que pretendés enfrentarte. Juanjo va a estar más contento, más entusiasmado, más querendón. Y a vos capaz te sirve para reconstruirte de adentro para afuera. Subir tu autoestima y desde ese lugar, con la balanza (literal y metafórica jajaja) a favor, ponderar qué te importa, qué querés para vos, qué de una relación y demás. Porque, digo, estando mal todos nos queremos separar.

Estate bien con vos por vos. No porque otra persona te diga tal o cual cosa. Y, como amiga, te digo posta que por ahí tenés margen para bajar unos kilitos. Tampoco te vayas a la mierda, pero capaz con unos meses de dieta y algo de actividad le cerrás el orto a tu novio.

YA ESTÁ, BOLUDA, ESA ES LA POSTA. PONETE BUENAZA Y DEJALO. Lo digo en serio amiga. No le cuentes nada a tu mamá, me acabo de avivar. Es esto. Es lo que hay que hacer. Como cuando yo corté y me hice las tetas, te toca, es tu turno, metele pila y, cuando reconsidere todo lo que te dijo al mirarte, decile que no hay vuelta atrás, que se curta.

Escuchame, si querés a la noche llamame y lo planeamos bien. No te merece, no te sabe valorar. Y no hay peor forro que el que envuelve la mierda en humor y te la tira. HUELE A MIERDA IGUAL, IMBÉCIL.

Yo te ayudo, lo hacemos juntas.
No estés triste que me agarra cosita en el pecho.

Beso, te quiero.


 

Flor, ¿qué parte de que no creo en la venganza no entendés? Está tan mal todo lo que leo que no sé por dónde empezar.

No voy a adelgazar para que mi novio me quiera más, así no funciona el amor.

No voy a dejarle librada la estabilidad de mi autoestima al número de mi peso, el cambio tiene que ser interno. Mi felicidad no puede depender de una balanza de Coto.

Mido 1.60 y peso 63 kilos, ¿de qué estamos hablando?
Dejá, muchas gracias. Empiezo a abrir los ojos y me encuentro con mi alrededor, grato regalo.
Me voy a hablar con mi mamá.

Te mando un beso, nos vemos en el recital de Nuri.


 

No era para que te ofendieras tampoco. A veces creo que te victimizás de más con todo. Onda, el resto no puede pasarla mal porque vos siempre la estás pasando peor.

Buscate, seguro te vas a encontrar bastante sola. Los de afuera tratamos de ayudarte y a veces, seguro, pifiamos en la forma, pero no por eso merecemos el aislamiento.

Te mando otro, suerte con tu vieja. A lo de Nuri no voy, yo ando con un par de problemas también y no puedo.

No es que hayas preguntado, pero.

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