Iván & Caterina

Cate,

Necesito explicarte mi situación para que entiendas por qué desde que me salió la beca y me vine para acá estoy tan distante con vos, por qué no te respondo los mensajes, por qué no volví a pasar las fiestas en Argentina, por qué siempre estoy “tan ocupado”.

Tu mamá y mi papá se casaron cuando yo tenía 5 años y vos apenas cumplías los 3. A partir de ese momento empezamos a formar una familia. Tu mamá se comportó como lo hubiera hecho la mía, la que dio su vida para que yo pueda nacer (me gusta pensarlo así) y por eso dejé de llamarla por su nombre apenas empecé el colegio. Y vos llamás “papá” al mío a pesar de que tenés vivo al tuyo, porque así lo sentís.

Somos como hermanos, somos hermanos, nos llamamos así, nos criamos juntos, hasta nos parecemos físicamente. Pasamos todas las tardes de nuestra infancia jugando debajo del árbol del patio, sufría cada vez que te ibas a la casa de tu papá los fines de semana que le tocaba tenerte.

Sé que estuvieron ahorrando para que viajes a Colombia pero por favor: no vengas. No quiero que vengas. Lo que voy a decir me parte al medio pero más me destruye enterarme de que pensás que ya no te quiero o que me olvidé de nuestra relación. Pasa que estoy enamorado de vos, Caterina.

Ya sé que esto está muy mal, estoy tratando de hacer todo lo posible. Dame un poco de tiempo. La psicóloga me dice que no estoy enfermo pero lo que siento me hace pensar que sí. Necesito más tiempo, tengo que romperme la cabeza y el corazón para volver a verte como mi hermana.

Me di cuenta de lo que me pasaba hace mucho tiempo, la beca fue una excusa para salir de la casa. A mis 22 años estoy teniendo una oportunidad enorme en otro país pero eso es secundario, lo principal es que ya no te tengo lo suficientemente cerca como para seguir alimentando este sentimiento que me avergüenza.

Ir juntos al mismo secundario fue una tortura, quise cagar a trompadas a cada uno de los pelotudos que te rompieron el corazón, verte a diario se me estaba haciendo imposible. Me inventé estrategias para poder sobrellevarlo pero no funcionaban, me excede, la situación me excede. No sé cómo pedirte disculpas.

Estoy haciendo todo lo que tengo a mi alcance, y si esto no funciona me voy del continente, pero por favor no vengas. Espero poder resolverlo pronto, encontrar a alguien, casarme y formar una familia. Espero que vos hagas lo mismo. Espero salir de esta pesadilla.

Por favor no le digas nada a mamá y papá, por favor, te lo suplico. No me podrían perdonar nunca.

Soy un idiota, me odio. Te juro que me odio cada uno de mis días. Y después veo tus fotos por Facebook y pienso en lo feliz que te haría de estar conmigo.

Estoy yendo a terapia dos veces por semana e intentando sociabilizar todo lo que puedo para conocer a alguien, supongo que acá me voy a quedar a vivir así que ya empecé a buscar oportunidades para cuando se me termine la beca.

Perdoname por todo.

Iván.


 

Me duele leerte tan dolido. Me duele muchísimo más leerte alejándote. No voy a mentir, no voy a hacerme la estúpida como si fueras cualquier otro pibe porque sos mi hermano: creo que en algún punto lo sabía. Cuando corté con Juancho te quedaste todo el fin de semana pegado a mí. No me dejaste llorar ni leer mensajes ni ver fotos suyas. Me abrazaste como queriendo extirpar la tristeza de mi pecho y que por ósmosis pasara al tuyo.

Creo que te confunde que nos queramos tanto y tan sanamente. Creo que, como no somos hermanos de sangre (por más de que eso para mí no percude la etiqueta), mental y sentimentalmente te das permisos de mirarme distinto. Yo te amo, Ivo, pero no así. No te imagino como otra cosa que el mejor hermano mayor que me pudo haber tocado. Mi faro.

Sé que no lo escribiste para tantear ni muchísimo menos, no voy a rebajar tu valentía de contármelo a eso, pero tengo que ser todo lo clara que pueda: entre nosotros no puede ni va a pasar nada. Yo te amo. Mucho. Todos los días agradezco a quién sabe qué porque nuestros viejos se hayan cruzado. Me resulta raro, dado mi historial, que esto no me haya pasado a mí. Por cómo me tratás y cómo sos conmigo, me debería haber pasado a mí.

No voy a ir si no querés. No voy a hablarte si te hace mal, no quiero hacer nada que te haga mal pero, si te soy sincera, escribo esto y pienso que quizás puede llegar a alimentar lo que te pasa aún más. Te juro que no es por creérmela. No sé cómo manejarme. Tampoco siento que sea justo que yo tenga que quedarme sin hermano. Sé que soy una mierda por pensarlo y decírtelo, porque sos vos el que está pasando por todo este mambo, pero no quiero.

No quiero no tenerte.


 

Caterina, no me podés decir que creés que en algún punto lo sabías. ¿Qué tengo que pensar, que me provocabas a propósito? ¿Que disfrutabas de que gustara de vos? Te llevaste el colchón y dormimos juntos en la que era mi habitación el último mes que estuve en Argentina. ¿Qué querés que piense? ¿Que lo de que me ibas a extrañar era una excusa? ¿Que querías calentarme?

No, Caterina. No lo sabías, no tenías ni idea. No estabas al tanto, esto te sorprende. No me hagas repasar cada una de tus acciones buscando alevosía. No me hagas pensar que lo sabías y te cagaste en eso porque sos tan egoísta que usabas mi contención más allá de lo que a mí me pasaba, o peor, que disfrutabas de saberme enamorado. No lo sabías.

No estoy confundido, no me subo a un desarraigo por una confusión, no me subestimes. Tengo claro lo que me pasa y trato de manejarlo lo mejor que puedo.

Tampoco te debería haber pasado a vos, me pasó a mí y ya. No te añadas responsabilidades, no te necesito culposa, te quiero entera y entendiendo los límites de lo que te corresponde.

Me vas a tener, eventualmente. Esto también pasará, como dice cualquiera que se quiere montar a una frase tan obvia como cierta.

Pero no, no me podés decir que en algún punto lo sabías.


 

No sé si lo sabía. No sé si sabía que tanto, por lo menos. Te sentí de a ratos demasiado cerca. Quizás no es que lo sabía pero tampoco me es una sorpresa. No te quiero subestimar, intento que los dos tengamos la cabeza lo más clara posible. Vos no me trates de calienta-pijas tampoco, me conocés mejor que eso como para saber que no lo fui con nadie que no me gustara. Y vos no me gustás. Vos SOS MI HERMANO.

No me trates mal para imponer distancia. No merezco ser conejillo de indias de tus mecanismos de defensa inmaduros.

Si querés, este es el último mail que nos mandamos hasta que los dos volvamos a tener la mente masomenos ordenada. Pero no me trates mal, yo te fui sincera, te soy. Te digo que te amo pero no así. Que sos y quiero que sigas siendo mi hermano.

Si querés, este es el último mail que nos mandamos hasta que volvamos a tener la mente masomenos ordenada. Si no, si pensás que podés -que podemos- empiezo a mirar pasajes para fin de mes.

Quiero hacer las cosas lo mejor que pueda para que vos no sufras y yo no te pierda.

No nos olvidemos.


 

Cate, hola. Así como lamenté lo que me pasaba con vos, lamento estar respondiendo ocho meses después. Necesitaba tiempo. No sé si tendrás la mente más ordenada pero yo estoy volviendo a ver con claridad. Te escribo y se me hace un nudo en el estómago y en la garganta, pero no ese nudo repleto de angustia que supe tener y me anulaba, uno más tolerable, como un reflejo de lo que pasó. Como ver una cicatriz que ya no duele pero va a estar ahí para siempre y que eventualmente voy a naturalizar como mía al punto de olvidarme de que existe.

Espero que estés muy bien. Sé todo sobre tu actualidad porque mamá me cuenta cada detalle de tu vida y hace poco volví a escucharla con atención. Te felicito por la banda, siempre cantaste mejor que cualquiera. Me alegra lo de la perrita, lo de la facu y lo de Franco.

Que no le hayas dicho a nadie habla de lo que sos como persona, no sé cómo agradecerte, habrá sido difícil hacerte la que no pasaba nada, la que estaba todo bien. Debe haber habido mucho simulacro, por mi parte era terrible y ya no sabía cómo más pilotear la situación, no quiero ni pensar en lo que habrás vivido vos allá. Pero bueno, pudimos, muchas gracias.

No sé si te dijo mamá pero en un mes viajo, paso fin de año con ustedes y calculo que andaré unos días por Mar del Plata antes de volver. Voy con María, la vas a amar, es lo más del mundo. Navidad la paso con la familia de ella, acá.

Si te parece, creo que ya es momento de que reconstruyamos el vínculo, de a poco, con paciencia, midiendo cada avance y sin forzar el querer volver a donde estábamos.

Es imposible que un “perdoname” no suene a justificativo barato con el que trato de lavar mis culpas, pero perdoname. Fue todo muy difícil.


 

Ivo, ya está, fue. Algo se rompió. Te quiero, pero me descuidaste mucho con tu silencio.

Me alegra infinitamente saber que estás bien y de novio. Por lo que escuché, es una buena chica y se quieren bocha.
Me alegra leerte mejor, de verdad me alegra.

Prefiero patear vernos para más adelante. Va a estar todo bien pero sigo dolida. Como craquelada por dentro. Además, creo que sería bueno encontrarnos sin tanto barullo familiar y de fiestas.

Fin de año lo paso en el Uritorco con Franco, lo resolvimos la semana pasada.

Para futuros obstáculos, cuidate sin soltarme tan bruscamente la mano. Por favor.

Te amo, igual. Eso no va a cambiar nunca.

Felices fiestas.

Cate.


 

Bueno, mejor.

Felices fiestas.

Ivo.

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2 Comentarios

  1. MartinS

    Me parece que la conexión se comió mi mensaje, repito: Faaaah los últimos dos mails me dejaron sin aliento. Nada mas que decirles que sigan, sigan, SI GAN. Ah y gracias por publicar en martes que tengo viajes largos de bondi

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